jueves, enero 21, 2010
lunes, agosto 31, 2009
CHEDDAR: la quesita que llegó después
Fue la tercera y última de su camada. Sus hermanitos (2 machos) tuvieron por nombre, Fontina y Roquefort, mientras que a ella le tocó Cheddar. Ella era la más pequeñita y la que más luchaba por conseguir mamar. Luego también tuvo que luchar cuando los destetaron, por comer suficiente, ya que los hermanitos no le dejaban nada. Rápidamente dieron en adopción a los otros “quesos”, Fontina y Roquefort, a sus 45 días, y decidieron quedarse con Cheddar, pues la niña de la casa quería un gatito para ella, además de la gata madre.
Sin embargo, ese no era su destino, ya que empezaron a llevarse muy mal las dos gatas, la peque quería jugar con ella todo el tiempo (le habían quitado sus compañeros de juego) y la madre no quería saber nada de eso y se enojaba con ella. Muy a pesar de la pobre niña que quería que se quedara su gatita, en la casa decidieron darla en adopción, pues ya no soportaban las peleas (y creo que tampoco había paciencia suficiente para criar un gatito pequeño) de las gatas. Pero no encontraban quién quisiera adoptar una gatita de 4 meses…
Resulta que en aquella época yo estaba buscando un gatito más, para que fuera compañero de Amón pues él estaba muy solo todo el día y se estaba volviendo extremadamente cargoso cuando yo volvía a casa, a la par que muy travieso pues no tenía a nadie para jugar… Consulté en varios lugares y con bastantes personas hasta que me decidí por buscar una gatita hembra, menor que él en lo posible. Cheddar iba justo con lo que yo buscaba!
Por mi hermana (amiga de la dueña) me enteré que estaba en adopción, así que hablé con la dueña y luego de 15 o 20 días de castrar a Amón, la fuimos a buscar… La dueña tuvo ligeros problemas para atraparla y meterla en nuestro bolso de viaje, pues se escabullía por todos lados. Finalmente estuvo en el bolso y la llevamos en ómnibus hasta casa. Fue casi 1 hora de viaje en la que la pobrecita se la pasó con un lloriqueo afónico cada 10 minutos… Mientras le hablábamos y metíamos la mano para hacerle mimos y que se calmara. Estaba muy asustada, se le notaba en los ojitos y además se había hecho un ovillo en un rincón del bolso…

Llegamos a casa, donde dejamos el bolso cerrado por un rato, mientras Amón le daba vueltas olisqueando… Luego la sacamos y la llevamos al cuarto, donde pasó sus primeros días. Le hicimos muchos mimos esos primeros momentos, pero ella prefirió esconderse. Se ocultó bajo el acolchado de mi cama, sobre el colchón, y ahí se quedó toda la tarde y toda la noche. Ese primer día no salió de allí ni para comer, ni para beber, ni para ir a su caja. Al principio intentamos que saliera, la pusimos cerca de los cuencos y la caja, para que supiera dónde se encontraban… y a los pocos segundos ella volvía a su escondite. Lo comprendimos y no la forzamos a salir más.
A la mañana siguiente, bien tempranito, me despertó un movimiento a mis pies. Era Cheddar que salía, fue a la caja y comió un poquito, también bebió mucha agua. Luego volvió a esconderse en mis pies. Pero ahora ya me quedé tranquila… Ese día más tarde, salió varias veces y finalmente ya no se escondió más y se entretenía haciéndole frente a Amón del otro lado de la puerta…
Los dos se conocieron de a poco, y recién al cabo de un mes se acostumbraron el uno al otro, pues los dos tienen su buen carácter y personalidad bien definida. Se llevan bien, comen del mismo cuenco, duermen en el mismo lugar, y de vez en cuando se lamen entre ellos. También a veces se pelean… pero sé que en el fondo se quieren!
jueves, agosto 27, 2009
AMON: su llegada
Como tengo unos cuantos espasmos bronquiales y la mayoría de ellos se deben a alergias, decidí buscar un gatito de pelo corto (para que no perdiera tanto pelo), en lo posible atigrado. Con tantos gatitos en la calle, ni se me ocurrió comprar uno, quería darle la oportunidad a alguno que no la tuviera fácil… Así que empezamos a recorrer veterinarias.
En una de esas recorridas, un mediodía vimos un gato de 3 meses color gris plomo, junto con otros gatitos pequeños de pelo más largo. Me había gustado mucho el gris pero a la salida de la oficina, se lo habían llevado. Sin embargo, apenas un par de días después, el 1 de diciembre, mi novio me llamó durante su hora de almuerzo pues había pasado por una veterinaria y había visto 2 gatitos atigrados minúsculos en una jaulita. Les sacó fotos y todo!

Entusiasmadísima, le pedí que averiguara si alguien ya los quería. Nos dijeron que una chica quería uno de ellos, así que esta vez sí, a la salida del trabajo pasamos por ahí para llevarnos uno. Nos parecían muy pequeños pero no teníamos ni idea y nos aseguraron que tenían 45 días, vimos que sabían ir a la cajita sanitaria solos y también comían alimento seco para cachorros, así que no lo pensamos más y abrimos la jaulita. De los dos gatitos, él fue el primero que llegó a la puerta (otra vez, porque había hecho exactamente lo mismo cuando mi novio los había visto al mediodía), a trotecito torpe, a subirse directamente a su mano. Era el elegido…
Fue su primer viaje en transporte público (pero no el último), lo llevamos en el ómnibus escondido bajo mi campera… El muy curioso ni miedo tenía, asomaba su carita para observar todo. Me transpiraban las manos de los nervios y la emoción, así que cuando llegó a casa tenía todo el pelito húmedo! En la veterinaria le habíamos comprado el alimento que comía, para bebés, una caja sanitaria y unas piedritas. Todo lo demás, lo tuvimos que improvisar: la comida y el agua en unos ceniceros de vidrio, su camita esa noche fue una caja de zapatos, acolchada con mis polainas de lana de llama cubiertas por mi camisón. Durmió allí toda la noche. Pero sólo la primera! La noche siguiente durmió sobre mi mano, hecho un bollito igual que en la caja de zapatos. Y a la tercera noche durmió en mi cuello, supongo se habrá acostumbrado a dormir enroscado con su(s) hermanito(s)… Es el día de hoy que aún busca dormir cerca de mi boca o nariz, sobre la almohada (cuando lo dejo, tal vez una siesta…).
Días después de su adopción lo llevamos a que lo viera un médico veterinario, lo revisó todo y por el tamaño de sus dientes nos dijo que seguramente tuviera 35 días como mucho, pero que era imposible que tuviera 45!
Siempre me apasionó la historia y la cultura egipcias, y en cuanto comencé a compartir mi vida con gatitos, también me apasionó el culto que tenían los egipcios por ellos. Por eso fue que había decidido que el gatito llevara un nombre egipcio. Con mi novio leímos esa noche un libro de los que tenía sobre cultura egipcia y nos decidimos por AMON. Ese era el nombre que los egipcios le daban a uno de sus dioses, uno de los principales y que más tarde se asoció con el de Ra (el dios del Sol). Significa “el oculto”, “el eterno” y se asocia con conceptos de aire, el que está en todo lugar y en todo momento.
jueves, mayo 07, 2009
DIA 12: HACIA BUENOS AIRES OTRA VEZ
A eso de las 11 ya estábamos afuera esperando la camioneta del transfer que nos llevaría a Rio. Esta vez el viaje no se nos hizo tan largo, pero las vueltas para salir de Angra fueron demasiadas para mi estómago matutino, que en los años que lleva vividos jamás pudo acostumbrarse a los viajes en automóvil… Me bajé en el aeropuerto con una espantosa migraña y un mareo fatal. Lo único que conseguimos fue aspirina (carísima) en una farmacia del aeropuerto.
El aeropuerto de Rio de Janeiro es enorme, pero en comparación con Ezeiza, casi no hay locales para recorrer… Nos pasamos las 2 horas anteriores al vuelo, pasando por los mismos lugares una y otra vez. Almorzamos algo en un restaurante de hamburguesas local, Bob’s Burger, muy rico!
Finalmente pasamos con gran velocidad por el free shop, pues a último momento decidieron adelantar el vuelo, y ya casi habían subido todos los pasajeros. Volamos casi todo el tiempo de noche, el vuelo fue muy tranquilo y lo pasamos mirando por la ventanilla las luces de las ciudades… hasta que vimos las luces de Buenos Aires, y sentimos el alivio de llegar al hogar después de unas hermosas y descansadas vacaciones… y a pesar de las ganas de quedarse a vivir en la isla.
DIA 11: ULTIMO DIA EN BRASIL
Esperamos el Sea Blue en el muelle, pues pasaba por ahí a las 9, subimos y viajamos nuevamente a Angra. Por las ventanillas mirábamos cómo nos alejábamos de la isla. Pronto llegamos a Angra, y como se me había ocurrido dejarme las ojotas puestas en lugar de cambiarlas por zapatillas porque hacía calor, me hice unas hermosas ampollas, caminando hacia la posada.
Fuimos a la misma posada que la vez anterior, sólo que esta vez tuvimos más suerte y nos tocó una habitación más grande, con una cama increíblemente cómoda y un aire acondicionado silencioso! Luego de improvisar unos “colchones” de algodón para mis ampollas, nos tomamos un colectivo hacia el centro de la ciudad.
Recorrimos las callecitas pintorescas de Angra, compramos algunos regalitos más, cosas dulces, bolsas llenas de bombones que nos hicieron pensar en la tonta posibilidad de que nos demoraran en el aeropuerto… Almorzamos en un local que servían comida por peso, bastante económico y con buena variedad de comida, sobre una callecita angosta, muy cerca de la iglesia. También volvimos en colectivo, descansamos un poco, nos dimos una ducha y seguimos descansando mientras mirábamos Animal Planet, que terminó siendo el único canal que pudimos ver y entender en portugués.
Más tarde salimos a cenar y regresamos al Botequim Santa Luzia de la primera noche. Comimos un plato de pollo, longaniza y carne, todo a la plancha, con papas fritas. Obviamente, unas riquísimas cervezas. Volvimos a la posada bien temprano, vimos un poco más de tele y nos dormimos, con la ligera depresión y ansiedad de quien sabe que ya está de regreso…
martes, mayo 05, 2009
DIA 10: LA PLAYA DE LA PALMERA
Una vez más nos levantamos alrededor de las 8, tomamos el desayuno y preparamos nuestras cosas para la excursión del día. En este día hemos tachado la última playa de la lista de playas que queríamos visitar: Aventureiro.
Llegamos al muelle de Araçatiba a eso de las 9.30, donde atracó un barquito pequeño con dos hombres, quienes estuvieron juntando gente hasta más o menos las 10.15. Nosotros tomábamos sol en el muelle, mientras observábamos los peces que venían en cardumen a alimentarse de los moluscos adheridos al fondo del barco. Después de varias idas y vueltas – los argentinos que el día anterior se quejaron porque no salía el paseo a Aventureiro, esta vez no quisieron ir – y después de charlar un rato con el muchacho que nos llevaría de paseo, zarpamos de Araçatiba, una pareja más y nosotros. Un poco más adelante se sumó otra pareja, que embarcó desde el muelle de la Pousada Cruzoé. Ahí mismo, bajo ese pequeño muelle, había un hombre haciendo snorkel que sacó del agua una enorme estrella de mar, para que otro desde el muelle le pudiera sacar fotos. Nuestro “capitán” del barquito – biólogo marino – le daba instrucciones sobre no dejar a la estrella en casi ningún momento fuera del agua, pues mueren en menos de un minuto… Menos mal!
En el camino fueron preguntando en las playas siguientes (Araçatibinha, Itaguaçu y Vermelha), si alguien más quería subir y hacer el paseo… pero nadie subió. De camino a Praia Vermelha nos mostraron un cultivo acuático, repleto de algas, donde viven cerca de 12 tortugas marinas. Tuvimos la suerte de ver unas cuantas de ellas nadando por ahí, bien cerca del barco. Una de ellas era bien grande! También por ese lugar pudimos observar un gavilán que nos pasó volando cerquita. Precioso!!
En Vermelha se bajó uno de nuestros guías, el padre del que quedó, pues ellos vivían allí. Seguimos rumbo, pasando por otras playas. Disfrutamos mucho el viaje, pues mientras las otras parejas viajaban en la parte de atrás, nosotros nos sentamos al sol, justo delante de la cabina, por lo cual nuestro guía hablaba siempre con nosotros. Pasamos por Provetá y Dos Meros (a la que solo se puede llegar por barco, ya que no existe trilha). Exactamente detrás de Provetá, se encontraba nuestra ansiada Aventureiro.
En un momento del viaje, el guía se asoma desde su cabina y le pide a mi novio si no podía mantener un poco el rumbo mientras él iba al baño. Con poca explicación mediante y muchos nervios, se puso al timón. La cara de pánico inicial está registrada en fotos. Por suerte, pronto vio que era fácil (aunque a lo lejos había grandes olas que chocaban contra las piedras) y el guía regresó a su puesto en breves minutos. Toda una experiencia!
Lentamente nos fuimos acercando al extremo sur de la isla, a la llamada Ponta do Drago. Cuenta la leyenda que allí vivía un inmenso dragón (especie de iguana grande), que en la época de las conquistas, se dedicaba a escupir fuego sobre las embarcaciones que pasaban por allí, produciendo terribles naufragios. Es pura verdad que en aquellos tiempos hubo muchos naufragios, porque allí se chocan las olas contra la piedra y es mar abierto. Cuando el mar está muy bravo, las olas son gigantescas, además de que por esa zona hay muchas piedras gigantes que no se ven pues el mar las cubre y eso también puede llegar a partir un barco. Gracias a nuestra buena estrella, ese día el mar estaba muy calmo y bajo.
Finalmente dimos la vuelta y entramos a la bahía que contiene las cuatro playas que continúan Aventureiro: Praia do Sul, Praia do Leste y Parnaióca. A la izquierda de todas ellas se encontraba Aventureiro, a la vuelta de una saliente. Momentos después la vimos… Desde lejos intentábamos distinguir la palmera loca que sale en todas las fotos de Internet y en todas las postales, hasta que la descubrimos! Desembarcamos en un muelle medio desvencijado (había que mirar bien dónde uno ponía los pies), y seguimos un caminito entre la mata atlántica – tipo de flora que predomina allí – hasta llegar a la playa.
En mi opinión, esta fue la playa más linda de todas las que vi. Nuestro guía nos contaba que casi siempre estaba repleta de turistas, pero se ve que ese día no quiso ir nadie, tuvimos la suerte de encontrarnos con una playa semidesierta, con apenas un puñado más de turistas que probablemente estuvieran acampando allí. Es una playa enorme, de fina arena blanca, donde se puede encontrar sombra fácilmente entre tanta vegetación.
Luego de sacarnos fotos con la palmera loca (casi me pego el golpe de mi vida entre las piedras… y sí, esa soy yo!), buscamos un lugar para comer algo. Todo lo que era similar a un bar o parador estaba cerrado (tal vez por la menor cantidad de gente en esta parte de la temporada), así que tuvimos que caminar hasta el final de Aventureiro. Allí encontramos el Camping de Luis, un lugar muy grande, un camping muy bien equipado y decorado, con hamacas en varios árboles y repleto de vegetación. Ahí comimos una pequeña porción de pescado frito y otra de papas fritas, que terminamos compartiendo con las moscas que evidentemente estaban tan hambrientas como nosotros. Acompañamos con unas cervezas y luego una guaraná. En el suelo pudimos observar el significado del “trabajo en equipo”, mientras unas veinte pequeñas hormigas se llevaban un gran pedazo de pan frito.
Luego de almorzar fuimos a la playa. Al poco rato empezó a nublarse. Al ser una playa del Sur de la isla, el agua tiene una temperatura mucho más fresca, y como había algo de viento y nada de sol, preferí quedarme en la arena. Mientras mi novio disfrutaba de jugar contra las olas, yo me entretuve sacando montones de fotos, a él y a los cangrejitos que había por todos lados. Vimos un pez moribundo en la orilla, al que intentamos salvar antes de que dejara de respirar completamente, pero el pobrecito estaba ya muy débil y no nadaba, por lo que el agua lo volvía a dejar en la arena… Sobrevolaban las garzas y los albatros, queriendo pescar. Estuvimos ahí hasta aproximadamente las 3 de la tarde, cuando ya las nubes no dejaban pasar ni una gota de sol. Todos fuimos enfilando hacia el muelle.
El regreso fue mucho más relajado, tal vez por influencia de unas cuantas horas en ese lugar paradisíaco. Cuando faltaba poco para llegar a Araçatiba, tuvimos que pasarnos a la parte trasera del barquito, pues se había largado a llover. En Vermelha volvieron a hacer el cambio, nos despedimos del hijo y su padre nos llevó hasta la Praia Grande de Araçatiba. Llegamos y llovía mucho más, así que me despedí del mar (era nuestro último día allí) mojando los pies en el agua cálida. Mientras tanto, el barquito del paseo se alejaba, con unos niños tomados de una soga del barco (cual colita rutera) que luego se soltaban y nadaban otra vez hasta el muelle, muertos de risa.
Subíamos el caminito hasta la posada, cuando comenzó a diluviar. Entramos a pedir nuestra llave, completamente empapados y Gabriel nos dijo que esa noche nos prepararía Strogonoff de Lula para la cena. Subimos, nos duchamos, nos recostamos a descansar un ratito y de repente… se cortó la luz en todo Araçatiba. Como estábamos en pleno descanso no nos importó demasiado, pero luego teníamos que bajar a cenar, así que mi novio fue a pedirle a Gabriel unas velas. Justo cuando estábamos por encender una, volvió la luz! Nuestra última cena en la isla fue tremenda, el strogonoff de calamar estaba fatal de delicioso! Le dijimos la verdad: había sido lo mejor que habíamos comido en la isla. Más tarde, después de mirar algunas fotos en nuestra cámara, nos quedamos un rato disfrutando el mar de noche. Luego salimos a comprar los helados de coco más caros de nuestras vidas, y subimos al cuarto a preparar nuestro equipaje.
DIA 9: EN KAYAK
Íbamos a salir con Leonardo (el hijo de Gabriel) hacia Lagoa Verde, pero hablando con una pareja de brasileros que también desayunaban ahí, supimos que estaba por salir un paseo en barco, desde el muelle, a las 9.30 y era muy probable que fuera a Aventureiro. Entonces, le avisamos a Gabriel, preparamos nuestras cosas y fuimos a averiguar al muelle a la hora indicada. Sin embargo, como allí todo era tan impredecible, la excursión no era hacia Aventureiro al final, sino a Abraão, Lagoa Azul y Saco de Ceu. Como todos esos lugares ya los conocíamos, dimos media vuelta…
Todavía era temprano como para pensar otra cosa, y nuestros amigos del desayuno ya nos habían dado una muy buena idea: ir en kayak hasta Lagoa Verde. Tony Montana alquilaba unas plásticas, tanto individuales como dobles, que ellos habían usado el día anterior. Nos acercamos y por R$ 30 conseguimos una doble. No llevamos casi nada pues todo lo que lleváramos se iba a empapar, así que dejamos allí también nuestras ojotas, nos pusimos unos chalecos salvavidas (ambos sabemos nadar, pero por las dudas), arrastramos el kayak hasta el agua y subimos, no sin alguna dificultad. Fue complicado coordinar al principio, pero enseguida le tomamos la mano.
La corriente nos hacía girar un poco y perder el rumbo, yo me moría de risa cada vez que había que retomar. Remando y remando llegamos a Lagoa Verde en aproximados 40 minutos, mientras comenzaban a caer algunas gotas de lluvia. En apenas 2 minutos (o menos), entre que bajé del kayak y mi novio intentaba encallarla entre las piedras (casi no hay arena), me pinché los pies con casi todas las piedras del fondo, me caí y me raspé la mano y los talones. Por ahí al lado nuestro había un matrimonio con sus niños… deben haber creído que yo estaba alcoholizada!
Finalmente nadamos un poco con los peces de diferentes colores que había allí. Había apenas algunas otras personas mergulhando cerca. Pronto llovía un poco más, y empezamos a tener fresco así que subimos nuevamente al kayak, pegando la vuelta. Durante la media hora que demoramos en regresar, no paró de llover, aunque era sólo una llovizna. Llegamos pronto a la playa, devolvimos las cosas, buscamos nuestras ojotas y volvimos a la posada.
Nos secamos un poco, descansamos otro poco y luego salimos a almorzar. Elegimos el restaurante de Encanto da Ilha (un lugar decorado casi todo con hojas secas, y con adornos naturales, bien rústico) y pedimos un delicioso risotto de camarón, servido en una hoja. Luego de almorzar pedimos un jugo de maracujá y lo tomamos mientras mirábamos el mar.
Una vez que nos fuimos de allí, pasamos por lo de Tony Montana, pues ahí habíamos visto que vendían remeras. Mi novio compró una para él con el mapa de la isla, pero en mi talle no tenían, así que volvimos para el otro lado. Nos sacamos unas cuantas fotos en la playa y regresamos a la posada y merendar algo. Comimos unos snacks y tomamos una guaraná. Vimos las remeras que tenía ahí Gabriel y, después de revolver entre las remeras fuera de la bolsa y los talles mezclados, por suerte encontré una de mi talle que me encantó, con una tortuga marina!
Después subimos al cuarto, nos duchamos y después de un rato bajamos a cenar. Esta vez, Gabriel nos había preparado pescado frito con papas fritas, ensalada, arroz y feijão, todo lo cual acompañamos con unas frescas cervezas. Después de cenar fuimos al bar de Mar de Araçatiba, donde había como 15 argentinos… En una mesita con vela, sobre la arena y frente al mar tomamos unas caipirinhas, intentando abstraernos del castellano. Al ratito empezaron a caer unas gotas de lluvia, por lo que fuimos a la parte del bar bajo techo, nos sentamos ante otra mesa y nos trajeron otra velita. Minutos más tarde estaba diluviando. Cuando terminamos las caipirinhas, compramos un helado Prestigio (de coco) y corrimos a nuestra posada, bajo la lluvia.
miércoles, abril 15, 2009
DIA 8: DIA DE RELAX
Después de algunas averiguaciones, salimos con un pequeño bolso hacia Lagoa Verde, por una trilha poco señalizada y repleta de insectos famélicos. Tan poco señalizada, que a pesar de las claras indicaciones que nos habían dado, no llegamos. En un momento el camino se dividía en 3, seguimos un poco uno de los caminos y terminamos en propiedad privada. Lentamente retomamos el principal, e íbamos a seguir otro de los caminos pero… resulta que no habíamos llevado agua, elemento que se estaba volviendo esencial en aquellos momentos en que el calor nos estaba ahogando. Así que, algo frustrados, pegamos la vuelta. En compensación por el final trunco de nuestro paseo, fuimos recompensados al ver una pequeña ardilla en el camino, que nos vio llegar, y después de unos segundos en que tanto ella como nosotros permanecimos inmóviles y sorprendidos, subió a toda velocidad a los árboles. La seguimos con la vista un poco más, pues no se escondió, sino que desde allá arriba nos miraba curiosa, tal como nosotros a ella.
Apenas llegamos a la playa grande, justo detrás de una enorme roca, vimos que el mar traía un cangrejo bien grande y rojo. Lo vimos caminar unos segundos sobre la arena, y luego volvió a irse con la ola siguiente. Seguimos caminando un poco más y finalmente nos tiramos bajo la sombra de una palmera, frente a lo de Tony Montana. Tomamos una guaraná bien fría, comimos nuestros snacks de cebolla y nos dimos un hermoso chapuzón en el mar.
De camino, paramos una vez más, en Bar da Nena, un lugar muy pintoresco. Tomamos unas cervezas, mientras veíamos que llegaban a Araçatiba unos músicos, que ahí mismo en ese bar, comenzaron a juntar mesas y a consumir grandes cantidades de alcohol.
Al final volvimos a nuestra posada, donde comentamos con el dueño, cómo nos habíamos perdido. Mientras almorzábamos unas papas fritas con rabas, Gabriel arreglaba con el hijo, a ver si esa misma tarde nos podía llevar hacia Lagoa Verde. Luego de almorzar y ver cómo el día se iba poniendo nublado, arreglamos con él para salir al día siguiente, por la mañana.
Disfrutamos una siesta y más tarde salimos a caminar por la playa grande. Nos detuvimos en la pousada Encanto da Ilha, en el restaurante. En una mesita frente al mar, tomamos unas cervezas y un delicioso jugo de abacaxi.
Caminando por la playa, en el camino de vuelta a la posada, vimos que estaban armando una pequeña tarima, con bancos y sillas de espaldas al mar. La música que sonaba por unos parlantes indicaba que se trataría de alguna celebración religiosa. Luego de la ducha ordenamos un poco, descansamos otro poco y luego bajamos a cenar.
La cena fue bestial y abundante: pescado a las brasas acompañado de ensalada, arroz, feijão, farofa (harina de mandioca tostada o frita en el mismo aceite de la comida) y un caldo con camarones. Cuando terminamos, no nos podíamos ni mover. Después caminamos un cachito por la playa, pero volvimos enseguida, mientras escuchábamos los efusivos cantos y rezos de la celebración más allá. Casi todos los restaurantes de las posadas estaban cerrados. Volvimos con Gabriel, le compramos unas latas de cerveza y un agua grande, y subimos a disfrutar de nuestro balcón. Mientras hacíamos tiempo esperando digerir un poco antes de acostarnos!
DIA 7: AL OTRO LADO DE LA ISLA
Llegamos a Angra, después de dar varias vueltas, sin saber dónde encontrar un barco que nos llevara a Araçatiba, volvimos al muelle en el que habíamos desembarcado (el de pescadores). Todos los barcos que iban hasta allí habían salido más temprano, apenas media hora antes de nuestra llegada. Parecía que íbamos a tener que esperar hasta el mediodía para que alguien pudiera alcanzarnos; ya habían pasado 2 horas desde nuestra llegada al continente. Después de tener a todo el muelle de pescadores informado sobre nuestras intenciones de viaje, conseguimos, gracias a un pescador amigo que encontró un barco para nosotros, un pequeño barquito pescador que ya estaba saliendo. Pastel en mano, subimos contentos.
Ahí mismo en la posada, una vez que desparramamos todas nuestras cosas por el cuarto, bajamos a almorzar unas riquísimas rabas con salsa. Después fuimos caminando hacia Araçatibinha, en una trilha corta y sin esfuerzo. Mientras caminábamos íbamos viendo otras posadas y campings (todos en lugares un poco más incómodos para llegar, mucha pendiente).
lunes, abril 06, 2009
DIA 6: LICUADORA MARINA
A las 10.15 ya pudimos subir a la escuna, antes pasando por otras tres escunas para llegar a la nuestra. Fue el barco más grande en el que hicimos un paseo.
Finalmente llegamos a Ilha Jorge Grego, en una parada para mergulhar, sin desembarcar pues no había playa. Luego de luchar contra mi máscara de snorkel, pudimos ver unos cuantos peces de diferente tamaño y colores, y más tarde volvimos a subir al barco.
Había sido un viaje muy movido y ahora el sol terminaba de freír nuestros cerebros, así que buscamos al menos una leve sombra mientras nos refrescábamos en uno de los ríos. Después de un minúsculo descanso, caminamos casi hasta llegar al otro río.
Aquí se juntaban todos, para subir al bote a motor, y finalmente al barco. Pudimos armar nuestros sandwiches y lo comimos a duras penas, largamente zamarreados por las enormes olas. Para quien no estuviera acostumbrado a viajar con tanto movimiento, o a pasarse el día en el agua, la experiencia se estaba haciendo difícil.
La última parada de nuestra excursión fue sobre un lado de la gran Lopes Mendes, para otro rato de mergulho bajo el cielo que ya comenzaba a nublarse. Nosotros ya teníamos muy pocas ganas, además de que nos había dado un poco de frío, así como otras personas que también quedaron en la escuna por esas razones o porque se sentían mal por el viaje. Pero hubo quienes, emocionados por la probabilidad de ver tortugas marinas, no lo pensaron mucho y saltaron a nadar.
Un hombre de la tripulación del barco, que anteriormente había jurado y perjurado que allí veríamos las esperadas tortugas, se lanzó en búsqueda de alguna, frente a al poco éxito de los pasajeros. Lamentablemente para el pobre animal, encontró una y no tuvo mejor idea que acercarse al barco, tortuga en mano, levantándola en alto como si fuera un trofeo, para que todos pudieran sacarle fotos. A pesar de la emoción de muchos, fue muy triste ver cómo la asustada tortuguita cabeceaba y movía desesperadamente las aletas, intentando volver al agua. Cuando finalmente la soltaron, se alejó de nosotros a gran velocidad. Sinceramente creo que no hay necesidad de molestar de esta forma (o de ninguna otra) a un animal, por el simple hecho de agradar a un grupo de turistas, para que tengan su foto del animalito exótico… Este tipo de actitudes nos aleja cada vez más de la conciencia ecológica que deberíamos tener, si en verdad nos interesara conservar un paraíso como Ilha Grande o cualquier otro. La observación de animales en su hábitat natural, el aprendizaje y el placer obtenido de esto, es perfectamente posible, pero evitando un contacto abusivo que pueda dañar o traumatizarlos de algún modo y conservando el mayor respeto por la naturaleza. Un respeto que durante muchos años, incluso hasta el día de hoy, lamentablemente no resulta fácil de encontrar en todas las personas.
Una vez que estuvimos todos nuevamente arriba de la escuna, pegamos la vuelta hacia Abraão. Esta vez el barco se sacudió todo lo posible, era como viajar en una coctelera o licuadora. Muchas personas se sintieron mal o mareados, ya que la escuna se movía de adelante hacia atrás, de un costado a otro, y no era nada fácil mantener el estómago en su lugar… Durante una hora, aproximadamente, viajamos así. Por suerte no me sentí mal, aunque de todos modos se tornaba molesto viajar tanto tiempo a los sacudones.
Al fin llegamos a Abraão, pisamos tierra firme después de un largo viaje, ya que llegamos a las 18.30. Fuimos directo a darnos una tranquilizadora ducha en la posada, pero antes compramos los pasajes en el mismo puesto “Agua Viva”, para retornar al continente mañana, a Angra dos Reis. De esta manera podríamos visitar el otro poblado que nos interesaba: Araçatiba.
Salimos por Abraão, intentamos hablar por teléfono pero no había conexión con el satélite, y no pudimos. Fuimos a despedirnos de nuestro restaurante preferido, Pizzaria da Praia, y cenamos filet de pollo. Luego paseamos un poco, compramos algunas cosas más. Vimos un caracol enorme y tuvimos que ayudarlo a llegar a las hojas, pues estaba justo en medio del paso de la gente, en plena oscuridad! Estábamos tan mareados por el largo viaje en barco, que sentados inmóviles sentíamos que todo se movía a nuestro alrededor. Por eso nos fuimos a dormir temprano esa noche, ya que al día siguiente nos esperaban más viajes.
DIA 5: CAMINATA A LA ARGENTINA
A los pocos minutos de caminata llegamos a Poção, un bellísimo pozo natural de agua (calculo que procedente de la cascada, o de su misma fuente), en el que bañaban a los esclavos en tiempos antiguos. Ahí nos dimos un reparador chapuzón. El agua estaba helada pero hacía tanto calor que no nos importó.
A partir de allí, el camino hacia la Cachoeira comenzó a hacerse más difícil, pues había varias subidas que quitaban el aliento, sobre todo por el calor que hacía y la humedad agobiante. Luego de una hora y media de caminata, descubrimos que encontrar la cascada no era tan fácil como pensábamos. Después de una subida de aproximadamente 100 m pero muy empinada y a pleno sol, nos encontramos con dos o tres grupitos de personas (en su mayoría, argentinos) que tampoco daban con el camino correcto, ya que había varios caminos que parecían marcados pero no llevaban a la cascada. Como si eso fuera poco, escuchábamos ruido de agua… Cuando estábamos casi todos a punto de decidir dar media vuelta y tomar el camino a la playa, fuimos “rescatados” por un guía de otro grupo que pasaba por ahí. Muy amablemente nos fue guiando a nosotros también.
Finalmente, media hora después y luego de ser reagrupados como dos veces más por desviarnos del camino (cual ganado vacuno), llegamos a la bendita cascada. Sinceramente, para todo lo que nos había costado llegar hasta allí, no me pareció ni tan imponente ni tan linda… Intenté entrar al agua pero, a pesar del calor, estaba helada y la cantidad de personas que había y de piedras resbalosas en el fondo, me hicieron salir enseguida. Solamente nos refrescamos un poco. Comimos nuestros snacks mirando cómo algunas personas hacían rappel desde arriba de todo, y cómo otras se acercaban al pie donde caía el agua para sacarse alguna foto.
Alrededor de las 15.30 salimos de la playa en un barquito y muy pronto llegamos a Abraão. Compramos unos sandwiches en Pães & Cia, que llevamos hasta la posada y comimos allí. Más que deliciosos! Luego ducha y un poco de televisión, mientras afuera caía una lluvia que parecía no querer parar jamás. Vimos el Pájaro Loco en portugués, hasta que llegó la hora de la cena (20.00 hs), nos pusimos nuestros pilotines y salimos a comer. Fuimos a Dom Pepe (el restaurante de la posada del mismo nombre). Comimos una pizza entre los dos, mitad pollo con queso catupiry y la otra mitad con bacon, champignon y ajo. El grosor de la pizza es cercano al de una hoja canson, pero hay que decir a su favor que está condimentada a las mil maravillas, con cantidades generosas de cada ingrediente. Acompañamos con soda y más tarde una caipirinha rica pero a temperatura natural… Matadora.
Nos fuimos a la posada a dormir… Tal vez por el día difícil, me tocó tener una noche entrecortada, y se ve que la pizza no fue suficiente para mi estómago, ya que en plena madrugada tuve que atacar uno de los pancitos de nuestro frigobar.
jueves, abril 02, 2009
DIA 4: “LA” PLAYA
Casi puntualmente a las 9.30 salimos en un barco (mucho más pequeño que el anterior), y luego de unos 45 minutos llegamos a Pouso, una playa desde la que había que caminar hasta llegar a Lopes Mendes (las olas son muy grandes aquí, por lo cual los barcos no pueden detenerse demasiado cerca). La trilha Pouso – Lopes Mendes es corta y relativamente fácil, diría que apta para todo público. En el camino vimos diversas plantas hermosas, mariposas gigantes y pequeñas, de varios colores, entre otros bichos menos agradables pero impresionantes también (arañas y hormigas, de inusitado tamaño). Después de aproximados 25 minutos (contando los demorados en sacar alguna foto) de caminata y extremo calor, llegamos…
El mar es bastante más fresco que las aguas de playas más al norte de la isla, pero igual con el calor que hacía, nos metimos bastante. Nosotros elegimos una sombrita natural (algunos creo que alquilaban sombrillas) de algunos árboles frutales que no supimos qué eran, y descansamos allí hasta más o menos las 2 de la tarde. Almorzamos los sándwiches que habíamos llevado y compramos una coca a uno de los que vendían bebidas (entre otras cosas) ahí en la playa (se llevaban las heladeritas hasta allá).
Podíamos regresar a Abraão en tres horarios diferentes, ya incluidos en el paseo, pero el primero de todos salía a las 15.30. A Pouso llegamos alrededor de las 14.30, así que teníamos tiempo para pasar allí. No nos metimos en el mar pues ahí paran muchos barcos y el agua queda con residuos, pero seguro que si caminábamos un poco encontrábamos algún lugar más lindo para bañarnos. De todos modos, apenas salimos de la trilha, un muchacho con un bote nos ofreció traslado, unos 150 metros, hasta un restaurante flotante. Aceptamos casi sin pensarlo dos veces, y subimos al botecito (con cangrejito incluido que nos miraba, asomándose por debajo de un tablón), que fue tirado a través de sogas y polea por el muchacho de la orilla. Para recuperarnos de tanto calor, tomamos unas cervezas bien heladas y comimos un pastel riquísimo de carne.
En la posada descansamos un poco, nos duchamos y salimos a pasear nuevamente por Abraão, comimos un pastel en el Lanchonete Aconchego. Muy ricos! Seguimos paseando y más tarde tomamos un helado mirando el mar, que compramos en un local pequeño frente al muelle. Lo venden por peso pero autoservice, es decir, uno elige el vasito, se sirve el helado, le pone por arriba lo que quiera (salsas varias, galletitas, crocantes, cerezas, chips de chocolate, etc.), lo lleva a pesar y paga (R$ 3.30 x 100 gramos). Dimos una vuelta más al pueblo, esta vez por otras callecitas, y nos sentamos un rato en un banco bajo un árbol.
Más tarde ya cenamos, volvimos a Pizzaria da Praia, tomamos unas cervezas, rabas y después unas riquísimas y heladas caipirinhas. También pedimos una piña colada, la más rica que hemos probado hasta ahora. Paseamos un poco por el muelle de noche, y a la vuelta hacia la posada, en un puesto sobre la calle, comimos unas brochettes de pollo con farola (R$ 3 c/u)… que compartimos con un par de perritos luego de que nos observaran largamente comer nuestros pinchos, con unos ojitos que no pudimos resistir… A duras penas pudimos evitar que nos siguieran hasta la posada.
DIA 3: PRIMER PASEO EN BARCO
Eran alrededor de las 10.30 cuando salimos en la escuna Golfo I. El sol estaba fuerte ese día, hacía mucho calor y en el barco había mucha gente, por lo que fue un alivio el viento fresco del mar. Saliendo de Abraão, enfrente del muelle pero lejos, paraba un enorme crucero.
La primera parada fue Lagoa Azul, un precioso lugar de agua azul transparente, donde hicimos un buen rato de snorkel (mergulho) entre los peces que se acercaron al barco casi instantáneamente. Maravilha… Esta fue la primera vez en mi vida que hacía snorkel. Disfrutamos de una hora nadando y descubriendo el fondo lleno de corales y diferentes peces, hasta que nuevamente fuimos llamados al barco.
Después de un lindísimo chapuzón en el mar, nos acercamos a uno de los restaurantes y comimos un helado. Un rato más tarde ya todo el mundo subía al barco, por lo que también nosotros subimos.
Una vez llegados a Abraão, a eso de las 16.30, pasamos por el mercado en busca de posibles provisiones para el día siguiente, pues no sabíamos qué excursión haríamos. Luego de una ducha reparadora, salimos a dar una vuelta por el pueblo, compramos algunos regalos para las familias, dejamos todo en la posada y volvimos a salir, esta vez para cenar.
En una especie de restaurante Fast Food casi al lado de la Iglesia, cenamos un menú de pescado frito, que venía con arroz, feijão y papas fritas. Acompañamos con cervezas bien frías y más tarde nos tomamos allí mismo unas caipirinhas (económicas pero en vaso bien pequeño…), bastante fuertes. Volvimos a la posada, nos entretuvimos un rato con CQC Brasil… y a dormir!
miércoles, abril 01, 2009
DIA 2: LA ISLA
Subimos al catamarán muy descompuestos por el calor agobiante de la ciudad y la caminata, pero apenas zarpó el aire de mar nos hizo sentir mejor. En apenas 45 minutos llegamos a la isla! Desembarcamos en un nublado Abraão y encaramos hacia Solar da Praia, nuestra primera opción de hospedaje. Pero estaba todo lleno, así que nos dirigimos en búsqueda de nuestra segunda opción: Pousada Dos Meros. Por suerte, encontramos ahí una hermosa habitación en el piso de arriba, por R$ 120 la noche, con ventilador, aire acondicionado y frigobar.
Volvimos a la posada y subimos a nuestro cuarto: muy lindo, todo decorado en tonos azules. Acomodamos un poco nuestro equipaje (léase: lo arrojamos por ahí) y salimos nuevamente a caminar.
Con los bolsos hechos tal como venían desde el viaje en avión, fuimos en búsqueda de Abraãozinho, una playa cercana donde no hay tanto barco y uno puede bañarse más tranquilo. En ojotas, sin agua, ni una lona o toallón, ni nada, atravesamos una trilha que podría decirse fácil teniendo el calzado adecuado o cualquier cosa que no se escapara de nuestros pies. Tardamos cerca de 30 minutos en llegar, pasando antes por otras tres playas: da Júlia (llena de gente), Biquinha y Crena.
Como en un dejá-vu, volvimos a buscar un lugar donde almorzar, y pronto encontramos un techo y mesas libres en Rei da Moqueca, un pequeño restaurante que da sobre la playa. Comimos unos sandwiches de “tudo” con papas fritas y cerveza helada. Ya comenzamos a desarrollar un gusto por la Skol. En brevísimos instantes se largó el diluvio sobre Abraão. Tanto llovió, en tan poco tiempo, que casi sin darnos cuenta terminamos comiendo con los pies en agua. Después del almuerzo, nos pusimos nuestros pilotines (de bolsa de residuo) y partimos.
De camino a la posada compramos unos nuevos pilotines, provisiones en el mercadito en diagonal a la iglesia (para el almuerzo del día siguiente y para llenar un poco el frigobar). Nos pegamos una linda ducha, descansamos algo así como una hora y salimos a pasear por la villa. Contratamos en un puesto turístico de esos que están frente al muelle principal, la excursión a Lagoa Azul, que haríamos al día siguiente.
Vuelta a la posada, mientras intentábamos bajar la bestial cena, compramos un pareo para la playa y hablamos por teléfono en el ciber que hay apenas pasando la iglesia. Un poco de televisión y unas latas de cerveza Skol, y a dormir.
DIA 1: LLEGANDO
Subimos al pequeño avión de Gol. El vuelo fue muy bueno, arriba nos dieron un sandwich y unas bebidas a cada uno. Disfrutamos mirando por la ventanilla. Hizo conexión en Sao Paulo, y a partir de allí se puso muy movido e inestable el viaje, pues había muchísimas nubes y algo de lluvia. Bastante incómodo para nuestros desacostumbrados estómagos. De todas formas, luego de aproximadas 3 horas, desembarcamos en el aeropuerto de Rio de Janeiro.
Rio nos recibió con esas lloviznas finas pero constantes, mucho calor y una terrible humedad, por supuesto. Un pequeño micro nos llevó al interior del aeropuerto, donde buscamos nuestro equipaje. A la salida estaba esperándonos el conductor del transfer de Angratours que ya habíamos contratado en Buenos Aires. Nuestro primer contacto con el idioma en su forma habitual: no entendíamos nada, tuvimos que preguntarle todo dos veces.
lunes, marzo 30, 2009
VACACIONES EN ILHA GRANDE, BRASIL
Esta vez no visité mi tan amado Noroeste argentino. Elegí un destino bien diferente, que tal vez no pueda repetir en algunos años... pero que valía completamente la pena.
A lectores no habituales de mi blog, que puedan llegar aquí en búsqueda de datos sobre este lugar, advierto sin ánimos de desalentar la lectura:
En este espacio me permito expresar mis vivencias y opiniones, sin influencias ajenas.
No lo hago para otros sino para mí misma, por el placer que me produce escribir, tanto como viajar.
Es por esto que no se encontrarán con datos estadísticos ni hechos irrefutables, sino con los gustos personales de su autora.
Es imposible que dos personas que estuvieron en el mismo lugar, a la misma hora y con los mismos cinco sentidos despiertos, obtengan la misma experiencia. Las diferencias siempre son dadas por el mundo interior de cada uno.
Habiendo aclarado esto, agrego que me alegraré de poder ayudar a quien lo necesite, siempre y cuando tenga el conocimiento.
Resumiendo el viaje:
Fueron las primeras vacaciones en pareja que paso, fuimos con tanto dinero como pudimos ahorrar durante todo el año anterior. Gastamos algunas veces de más, por la no preocupación por el dinero (cuando viajamos, vale aclarar) que nos caracteriza a ambos. Si sentíamos que valía la pena, lo hacíamos sin pensarlo dos veces. Estoy segura de que muchos otros viajeros habrán encontrado precios infinitamente mejores que los nuestros. Nosotros no nos molestamos en buscarlos demasiado.
De 12 días en Brasil pasamos 2 en viaje (el primero y el último), 1 en Angra, 5 en la Villa de Abraão y 4 en Araçatiba.
Conocimos Abraãozinho, Lagoa Azul, Japariz, Saco de Ceu, Pouso, Lopes Mendes, el circuito de Abraão (Poção, Aqueduto), Cachoeira da Feticeira, Praia Feticeira, Ilha Jorge Grego, Dois Rios, Caxadaço, Araçatibinha, Lagoa Verde, Aventureiro (paseando los ojos por Itaguaçú, Vermelha, Provetá y Dos Meros, que quedaron pendientes para alguna otra oportunidad).
NOTA: Todo nuestro viaje fue armado por nosotros mismos, en base a la información recopilada en 3 sitios de Internet. Los comparto (también se encuentran sobre el costado derecho, en la sección de LINKS):
http://blog.deviajeabrasil.com/
http://www.ilhagrande.org/
http://www.ilhagrande.com.ar/
jueves, enero 08, 2009
Mi historia con las orquídeas
Y ese momento se dio cuando mi vida comenzó a cambiar drásticamente. A principios de este año, después de terminar de cursar mis estudios universitarios y comenzar a trabajar de manera estable, fue que decidí buscar mi propio lugar donde vivir. Así de sopetón y sin ni siquiera haber ahorrado lo suficiente, encontré el pequeño departamento soñado y me mudé. También de repente fue que llegó mi primera Phal, a fines del otoño, una pequeñita híbrida con sus hermosas y pequeñas flores rosadas con líneas fucsias y un color mucho más intenso en el labelo. Una princesa. Sobrevivió 3 viajes por la capital en el mismo día, dentro de una caja de cartón, luego de lo cual llegó a mi hogar. Le puse por nombre Haiku, bella, de forma curiosa y delicada, como uno de esos poemas japoneses.
Comencé a hacer malabares con la temperatura, la luz, la humedad y los riegos, para que su bonita presencia no me abandonara. Con algunos traspiés, lo logré. Y meses después, luego de intensas charlas en el foro, decidí visitar mi primera exposición de orquídeas… y comprar otra! Así fue que Kotton, de flores blancas como el algodón, llegó a mi casa. Una phal de vara alta y hojas largas, repleta de raíces que salían de la maceta hacia todos lados, con enormes flores abiertas y varios pimpollos. Hoy tiene sus 7 flores abiertas (3 de ellas en casa) y luce radiante.
Sigo en camino, aprendiendo de todo para hacerlas más felices y que no quieran irse! Hasta ahora, todo sale bien y convivimos en paz. Cada día me dan más ganas de una nueva, otros pétalos redondeados, de algún otro color… Todo da a entender que, seguramente en pocos años, termine con varias de ellas ocupando parte de mi casa o, por qué no, un cuarto entero!
miércoles, noviembre 05, 2008
Nueva compañera
Grande y majestuosa... Así era al llegar a casa.

Nueva compañera para la pequeña Haiku y para mí... Una bella presencia más en mi humilde hogar. Así se ve ahora, con sus 7 flores abiertas y radiantes!
