martes, diciembre 18, 2007

EL ARMADO DEL ARBOLITO



Todo comienza siempre de la misma manera… Nos agarra el 8 de diciembre, día de armado de arbolito de Navidad, y estamos en veremos! Por suerte mamá guarda siempre todo en la baulera y sólo hay que ir a buscar las cosas. Entonces la anécdota diaria empieza el 9 de diciembre a la tarde, cuando alguien finalmente se cansó de escuchar a la nena más chiquita preguntar por enésima vez “cuándo armamos el arbolito???… eeeehhhh????” Y ahí la madre bajó a la baulera…
Es bueno tener todo en un mismo lugar. Abrimos la caja, sacamos el árbol para armarlo y ahí, como no tiene más pie, hay que buscar una vez más el revistero de madera y poblarlo de revistas para encajar el tronco ahí y que quede firme. “Quedó torcido, no?” “En ese rincón queda bien o lo corremos más a la izquierda?” “Mamá! No puedo, se cae… Y si pongo primero la parte de abajo en el revistero y después la de arriba?” “O mejor pongo todo junto…” “No está muy estable, le ponemos una revista más?”
“Mamiii… dónde están las bolas? Y las luces?” Y ahí empezamos a revolver bolsas y cajones de los muebles, sin éxito. Encontrar un cajón con adornos, orinado por el perro…no tiene precio! Por supuesto que hubo que volver a la baulera… Y por supuesto que estaba todo allí en una segunda bolsa!
Saquemos las bolas entonces… Ah, no! Esperen… alguien se acuerda de qué combinación de colores era nuestro árbol? Porque en la bolsa están las de todos los otros años: que rojo con dorado, que azul con plateado, azul con rojo y guirnaldas doradas, azul y dorado no porque nos queda de Boca, que multicolor así dejamos a todos contentos… No, este año nos toca dorado y plateado! Las ponemos? No, que primero van las luces, así que a sacar todas las que ya pusimos! Buenísimo, y con las otras bolas qué hacemos? Dejarlas en la bolsa? No, las ponemos en una caja y que decoren!
Sacamos también las luces de la bolsa y oh! Sorpresa! El enchufe roto… Hay que buscar una lámpara con el enchufe que pueda desatornillarse para armar el nuevo de las luces. Luego de varios minutos lo logramos… ahora, a desenroscarlas! Y ahí sí, a decorar el árbol, pero hay que sacar la estrella de la punta, así le ponemos lucecitas en el medio… Ahora sí, de a poco las bolas, moños y guirnaldas doradas y plateadas, por todos lados… Pero menos atrás para que quede más llenito adelante… Pero no tanto, que se cae el árbol para adelante! Finalmente, el árbol está armado! … y el resto de las luces viejas sobre el aire acondicionado que desde hace 20 años más o menos que no anda, un pesebre en el living, otro en la cocina, guirnaldas por todos lados, unos papanoeles en pose tétrica… Cuánta fiesta.

jueves, noviembre 22, 2007

El Espejo... Dime Qué Ves


Un drama musical


Sábados 23:30hs. Club del Bufón, Lavalle 3177.

Localidades desde $15.

Reservas al 4861-6900 o a elespejoqueves@yahoo.com.ar


El: Carlos Castellanos
Ella: María del Valle Cabrera
Padre: Manuel Feito
Peter Pan: Juan Manuel Besteiro
Sombrerero: Diego López
Sastre: Juan José Bustos
Cenicienta: Nadia Goldman

Idea Original: Roberto Planta / Libro: Matías Puricelli / Música original y Letras: Francisco Ruiz / Diseño y realización escenográfica: Martín de Amézola / Diseño y realización de vestuario: Soledad Arabito / Diseño de luces: Matías Puricelli y Martín de Amézola / Fotografía: Ignacio Ravazzoli / Diseño gráfico: Karina Hernández / Asistencia en dirección: Ana Laskowski / Coach Vocal: Javier Scarpatti / Prensa: Daniel Falcone / Producción general: Carlos Márquez / Dirección musical: Francisco Ruiz / Dirección general: Matías Puricelli



Sinopsis:
El espejo es la historia de un niño de extrema fealdad que vive en su cuarto encerrado porque sus padres no lo dejan salir.
A lo largo de su vida fue creando una relación estrecha con los personajes de los cuentos que siempre leyó. Peter Pan, El Sombrerero, Un Sastre, La Cenicienta... Son ellos quienes deberán ayudarlo a decidirse.
Llega un momento en el que el cuerpo le pide irse. Pedirle la libertad a sus padres o escaparse, animarse a dejar lo único que tuvo a su alrededor. En medio de esta crisis alguien pide ayuda, hay alguien más en el mundo con su mismo dolor.
Una historia melancólica, con destellos de magia, de alegría, de tristeza, que cuenta un cuento que todos tenemos guardado en algún lugar de nuestra vida.




El Espejo... Dime Qué Ves

Te digo qué veo, entonces... Veo un drama musical, tal como lo etiquetan en sus promociones. Veo una sala llena de gente a la que le gusta el teatro y la música. Veo una excelente obra, con una valoración totalmente positiva de mi parte; muy buenos creadores, muy buenos realizadores...

Pero El Espejo no es sólo esto que veo, sino mucho más. Detrás de lo que se ve, delante y por todos lados, esta obra es un cuento de niños para los que nos resignamos a crecer (a pesar de una natural resistencia en el alma) al menos en algún aspecto.

Develando información que no va a aparecer por ahí, hace un par de años se había estrenado El Espejo (así, a secas), con el mismo libro de base, música y director, Matías Puricelli, sin que hubiera trascendido tanto como ahora... A mí me había dejado con la sensación de que le faltaba algo, tal vez un poquito de presupuesto, tal vez un poco más de garra en prensa, o quizás alguna otra cosa que yo no sé. Pero estos detalles pasados no todos los saben...

Lo importante es que esta vez un segundo espejo nos ofrece mucho más. Nuevos actores nos muestran todo aquello de lo que son capaces, cantan, emocionan, enternecen, hacen reír... Se destacan Carlos Castellanos (el protagonista, el niño feo) y Manuel Feito (su padre). Del resto sólo diré que saben acompañar muy bien, algunos mejor que otros, como es el caso del Sombrerero y el Sastre, cuyas desopilantes actuaciones logran sacarnos de los lugares comunes de un drama, dirigiéndonos naturalmente a alguna que otra carcajada o risa sonora. Me interesa mucho el tratamiento que se le dio al personaje de la Madre del protagonista. En el primer Espejo, la madre estaba representada por una actriz, participando en la pieza normalmente. En este nuevo Espejo, este personaje no ha desaparecido, sólo no es representado por nadie, es sutilmente sugerido por un elemento simbólico de la escenografía. Esto es realizar un cambio positivo. Anteriormente, cuando la madre dialogaba con su hijo y con su marido, llegaban momentos en que la violencia expresada por la escena misma se convertía en algo difícil de asumir con tranquilidad por parte del espectador. Había algo en todo eso que terminaba por chocar un poco, aunque no se dijeran palabras fuertes o groseras, la tensión era mucha y se transfería al público, incomodándolo en algunos casos, hasta donde yo sé. La "madre sugerida" ahora, es un elemento aún presente como fuerza dominante de la historia, como una sombra que somete al resto de su familia a sus decisiones y de quien deben despegarse para poder salir adelante... Pero sin incomodar a nadie... Para mí, era lo que debía hacerse.

La música a manos de Francisco Ruiz, constituye un tema aparte, ya que suma hasta terminar de redondear este producto en un nivel muy alto para lo que se considera dentro del ámbito del under teatral. Letras que suman fuerza y personalidad a las voces, música que suma expresión a las imágenes que se despliegan ante nuestros ojos... Aquí es donde se nota que un buen trabajo en conjunto en dirección general y dirección musical, da un resultado excelente. Se nota que trabajaron bien y que hay que conocerse mucho para lograr una obra casi perfectamente amalgamada y con tan pocas fallas como ésta.

El vestuario es adecuado como tiene que ser, sin hablar de más, los trajes los disfrazan al punto de permitir que el actor se convierta en el personaje. La iluminación es más que soberbia! Luces que no están ahí para que podamos ver nada más, sino también para que podamos imaginar, jugar con la historia y meternos en ella, matizando perfectamente cada escena y lo que busca expresar...

En resumen, "El Espejo, Dime Qué Ves" es un muy buen producto teatral que nos permite seguir apoyando a quienes recién comienzan, depositando nuestra confianza en ellos completamente pues sabemos que con gente como ellos vamos a seguir teniendo ofertas de esta excelencia y esfuerzo notable en escena. Una excelente muestra de sus capacidades creativas. Como decían sus maestras: están felicitados, sigan así!

martes, septiembre 18, 2007

El Imperio del desvarío


Acá estoy de vuelta... Una vez más, nadie me preguntó, pero a mí me dieron ganas de opinar igual, llevada por el aroma misterioso y lunático de "Inland Empire", film de David Lynch.

Hace tiempo me preguntaba por qué me resultaba tan familiar el nombre de su director, hasta que me acordé de otra película que vi recomendada (recomendada?) por una de mis hermanas, "Mullholland Drive", cuyo desarrollo es total y completamente onírico, dentro de un desdibujado marco de film negro hollywoodense. Aquí no hay nada que entender, no hay misterio ni resolución, no hay lógica.

En "Inland Empire", o como fue pobremente traducido aquí, "Imperio", David Lynch hace lo mismo - tal vez hasta peor - estruja una pesadilla y la vuelca en tres horas filmadas en digital. Hay que estar tres horas metido en un sueño ajeno! No es para cualquiera.

Acá tampoco hay nada para que nuestras mentes comprendan, no hay un argumento que seguir, salvo el hecho de que hay una protagonista que consigue un papel en un film y a partir de allí, todo empieza a mezclarse de manera incoherente, grotesca, hasta cómica... la eterna superposición de la ficción y la realidad, del actor y del personaje.

Si uno como espectador busca descubrir el misterio, vislumbrar el razonamiento de Lynch o algo similar, se equivocó de película... Aquí lo único que importa es lo surreal, hiperreal, irreal... no lo sé... pero nada que roce lo real de una ficción común, ni cerca. Si uno espera ver un sueño post viaje ácido, puede que encuentre alguna satisfacción en sus primerísimos planos, en su fotografía cruda, en su tono expresionista, en sus efectos sonoros y visuales.

Repito, porque es necesario que quede claro: no hay que verla buscando entender nada, pues no hay nada que entender... No hay comida masticada, ni camino señalizado. Sólo imágenes tras imágenes, tras imágenes, con alguna que otra palabra no guionada, no argumental. Un gran absurdo. Sólo es un viaje para dejarse llevar. Y sin cinturones de seguridad.

jueves, mayo 24, 2007

TEATRO: áRBOLES. Sonata para viola y mujer

Ya desde el título me atrajo. Logró llamar mi atención la breve descripción que leí en un sitio web. Una mujer solitaria, huérfana, y un "collage poético de palabras, imágenes, sonidos y movimientos".

Hacía frío, adentro de la sala también. Me dispuse a inmovilizarme en la butaca, como siempre que veo teatro. El espacio escénico era sencillo, minimalista... un recuadro delineado en blanco sobre el piso negro, pocos objetos dentro de sus límites. Pocos pero suficientes. Una iluminación oscura y tenue, que hacía infinita la oscuridad que nos rodeaba y gigantesca la sala. Hasta ese momento, creí que lo que iba a ver abriría puertas nuevas en mi mente...

La música me ponía en clima para dejar mis pensamientos a un lado y recibir sueños de otro para jugar con ellos... Una larga (muy larga) espera musicalizada. Y el personaje entra, se desviste y cambia sus ropas, se encierra en el recuadro del piso para no salir jamás. Ella también espera... y canta. Con un aire de copla se suceden palabras en su boca, algo de Cantata de puentes amarillos (si es que existe un tema que me persiga últimamente... es ése!) y yo ya estaba sumida en mis ganas de disfrutar un rato de locura ajena.

Otros personajes comenzaron a desdoblarse, uno en ella - un personaje extraño -, otro afuera (un padre que acompaña el discurrir con una música agradable y profunda)... Pero hasta ahí llegué! Hasta ese instante intenté entrar en la magia de lo que prometía la obra, creyendo que iba a ser cuestión de segundos, conociendo mi facilidad para sumergirme en este tipo de collages...

Sin embargo no fue así. O algo se interpuso entre la poesía y mi mente, o simplemente 45 minutos de pocas palabras y mucho silencio musicalizado no me sirvieron para entrar al juego. Me perdí. Mi mente viajó lejos, pero sola, sin la obra, fuera del teatro. Y cuando las escasas voces me traían nuevamente a mi butaca de primera fila, me costaba mucho volver a agarrar el hilo de la supuesta historia y me aburría. Cuando estaba a punto de dormirme, las luces se intensificaron y los personajes saludaron... todo había terminado.

Quedé con la impresión de que me faltaba una segunda parte que pudiera explicarme qué habían querido mostrarme... qué habían querido que pensara. Lo intenté con esfuerzo, pero sentí que no había tenido tiempo ni para sacar alguna conclusión; lo único que pude balbucearle a la amiga que me había acompañado fue: "es caro para $15 la entrada, no?"

Ella coincidió conmigo... pero por suerte no todos opinamos igual y el teatro independiente sigue evolucionando!

CINE: "El Otro"

¿Quién no ha fantaseado, al menos un momento en la vida, con ser otro? Otra persona sin esos problemas, sin esa familia, sin esos defectos... Otro que pueda volver a decidir...
Y esta peli de Ariel Rotter plantea más o menos eso. Y digo más o menos, porque en realidad no es tanto lo que lo presenta en la historia que vemos, es más lo que no vemos. Algo peligroso para una película! Sin embargo, me parece que estas vagas líneas existencialistas están bien manejadas. Lo que propone, si el espectador quiere jugar, comienza como un paseo ajeno pero puede terminar como uno propio.
El tiempo pasa y no podemos hacer nada para detenerlo, los caminos que elegimos hace tiempo nos van llevando casi sin que nos demos cuenta... y ahí es cuando la opción de adoptar otra identidad y la incertidumbre de lo nuevo, de lo distinto, se vuelven más tentadoras que nunca. Pero cuidado, pueden concretarse... y cambiar todo para siempre... o no.
Los temas son los que cada tanto nos pasan por la cabeza, sobre todo a quienes están pasando por alguna típica crisis de edad... nuestros padres envejecen, nuestros hijos nacen... y todo sucede a la vez. ¿Cómo manejar todo eso? ¿Cómo no querer, por lo menos un minuto, una hora, un día, ser otro?
Julio Chávez no descolla, pero sabe actuar y lo evidencia, se le cree. Aunque me quedé con ganas de más. Música y sonidos puramente ambientales ayudan a llevarnos a ese estado del fluir de nuestra propia consciencia. La fotografía realista y las cámaras que se quedan estáticas por momentos, o de a ratos siguen la acción desde un punto de vista casi objetivo, son ojos, son ventanas, son pinturas... toman bastante bien el papel de espectador que también tenemos nosotros. Eso me permite (por lo menos a mí) entrar un poco más en la historia, incluso en mi historia, y despegarme de la pantalla. Está bien, pero no sé si da para cine.
Quizás debería haberla visto otro día de la semana y no un lunes de bostezos y dolor de ojos.
Quizás debería haberla visto tirada en mi cama con un montón de golosinas. Quizás debería haberla visto en otro momento de mi vida no tan emparentado con una crisis.
Uno que juega a ser otro, y yo que miro su vida siendo la misma de siempre...

miércoles, mayo 02, 2007

Paseando por la Feria del Libro

Fui de paseo a la Feria del Libro. Cada año que voy olvido sistemáticamente la vez anterior y recuerdo aquellas ferias de cuando era más chica y me llevaba mi mamá, de la manito con mis hermanas. Esta vez fui con un amigo y nos tomamos nuestro tiempo para todo en pleno "domingo de rehabilitación" (sueño, resaca, tos o resfrío, cada uno sabrá...). Sin embargo, las 3 horas que tardamos en abombarnos y marearnos ahí adentro, no fueron suficientes para recorrerla. De hecho, creo que hasta nos quedó un pabellón entero sin ver. Si uno lo razona, no es tan impresionante, la Feria del Libro se precia de ser cada año más grande... hasta que en algún tiempo nos den pases por 2 días, que incluyan habitaciones para pasar la noche en el mismo sitio. Si esta vez hasta incluía una manga como de cancha de fútbol para pasar del hall central a los pabellones plagados de stands (yo que venía de haberme quedado varada en un vagón de subte media hora, cuando el viaje desde mi casa demora escasos 15 minutos, estaba feliz de ver otro túnel, por supuesto)... Y dije cancha para no hacer mención de las vacas a las que recordé cuando pasábamos por ahí. Obvio, si estábamos en la Rural!
Lo cierto es que a pesar de este tipo de detalles menores y de los tropiezos (sí, literalmente... algún que otro niño, alfombra, escalón, incluso paredes de stand) del comienzo, el paseo por la feria fue espectacular y tuve ocasión de leer, pensar y admirar muchas cosas. Hubo libros obviamente, comics, posters, fotos, música, videos... Aunque dejé la feria con menos bolsas que otras veces, menos revistas, folletos y señaladores, me llevé una linda tarde compartida de todas esas cosas bonitas y felices que tienen muy pocos de mis domingos.
No recuerdo que haya sido así otras veces, pero quizás no tengo muy buena memoria (bueno, quizás no, definitivamente) y no haré justicia con mi comentario, pero me pareció que las editoriales no ofrecían tantas promociones, o bien éstas no eran tan buenas, o bien los libros estaban al mismo precio que en todos los demás puntos de venta y yo cada vez tengo menos liquidez. Por eso también, aunque me quedaron un par pendientes, no me compré más que dos libros: uno para mí y el otro para regalar a mi santa madre, que pagué mientras los empleados guardaban los libros, cerraban los stands y la "voz en off" anunciaba el fin de la fiesta, que tan bien había amenazado dos veces cada 5 minutos durante el último cuarto de hora.
Llego a casa, habiendo pasado por una pizza con mi amigo, me reciben: "A ver qué te compraste?"; "Eso solo? Con dos bolsas te viniste nomás?"; "A vos sola se te ocurre ir a las 6 de la tarde"; "Ah, pero yo me volvía con las manos y la cartera llena de papeles y folletos y revistas... vos no trajiste nada!"; "Y eso para quién es? A mí no me compraste nada? Me hubieras traído una pavada..."; "Ah, qué bueno el que te trajiste para vos... no me lo regalás?"
Pequeñas anécdotas de la vida familiar...

martes, marzo 13, 2007

Contando para dormir

Hace dos noches que no puedo dormir fácilmente... Después de tanta paz encontrada en el viaje, tanto conservado adentro, se ve que el trabajo y la rutina han logrado nuevamente prostituir mi alma. Nada grave, de vez en cuando me sucede que mi cabeza intenta ir más rápido que de costumbre y entonces no hay quién la detenga. Imposible callarla. Pero hay que dormir!
Sabe Dios solamente cuántos métodos he intentado. Ya suprimí la televisión nocturna, el cigarrillo al borde de la cama, la ducha despabiladora, la cena abundante o bien tarde y el último vaso de coca cola post-cena. De nada sirve.
Cuando nada funciona, es probable que, como seres humanos que somos, hayamos olvidado lo básico, lo más simple y correcto. Por eso, algunas veces, hay que hacer un pequeño esfuerzo y volver a las raíces. En este caso en particular, esta vuelta significaba remontarme a mi infancia, a mi madre aconsejándome en la cama cuando la euforia me superaba. Y ahí fue que recordé... había que contar ovejas!
Las ovejas funcionan para la mayoría de la gente, en líneas generales, por lo cual debería ser algo fácil. Pero no! Particularmente, me cuesta mucho lidiar con mis ovejas, si bien no sé si se debe a una cuestión de personalidad de ellas, o de mi crianza. No importa... La cuestión es que, o por rebeldes o por medio taradas, saltan la cerca y en lugar de seguir al trotecito y desaparecer de mi visual, se van quedando... y se van amontonando! Primero en un rincón, luego van ocupando más espacio, hasta llegar a la cerca e impedir que otras de sus compañeras salten y yo duerma...
Obviamente, cuando el insomnio es leve, nada de esto me importa y antes de llegar a la cerca el montón de ovejas, me duermo. Cuando pueden pasar horas sin que haya logrado siquiera nublar la imagen, es que aparece el problema de este "embotellamiento" y, tras empezar de nuevo varias veces, me desespero, con lo cual el sueño llega cuando quiere. A la cuarta noche consecutiva que esto me pasa, ya estoy al borde de la locura y debo encontrar una solución de manera urgente.
Hace dos noches encontré una innovación que por ahora me resulta. He desvinculado a las ovejas y, conservando la misma línea de acción, las reemplacé... por conejos. Sin mucho razonar, busqué algún otro animalito que más o menos pudiera cumplir el mismo rol pero con mayor eficiencia y rapidez, y los conejos fueron los elegidos. Funciona de maravillas: vienen rápidamente con pequeños saltos, se impulsan para pasar sobre un tronco (la cerca les quedaba muy alta), llegan al suelo y siguen con los mismos pequeños saltos veloces hasta desaparecer por la derecha...
Lo he comentado con mi familia sin lograr demasiado apoyo, sólo algunas risas burlonas, pero de todos modos llegué a la conclusión de que cada uno tiene su propia manera de contar para dormir: unos cambiamos de animales, otros cambiamos de fondo, otros de perspectiva... todo se personaliza pero en esencia es lo mismo. Me relajo, cuento, respiro... duermo!

viernes, febrero 16, 2007

Crisis de viernes

Hoy es uno de esos días en que me pregunto cosas todo el tiempo. Como si fuera a obtener tantas respuestas juntas! No. Pero igual me pregunto. Está en mi naturaleza.
Hoy especialmente quisiera saber por qué me empeño en querer hacer todo y en darle tanta importancia a cosas que nadie ve... En el laburo... ya voy 8 horas trabajadas en este día, viernes, lluvioso y con ganas de cucharita... y siento como si mi cerebro hubiera patinado en aceite adentro de mi cabeza.
Todo el mundo me pidió cosas al mismo tiempo o me preguntó 10 cosas distintas a la vez. Quise reaccionar y responder a todas sus solicitudes, con efectividad y rapidez... y en pocos minutos la cabeza se me quedó completamente en blanco y no pude contestar más nada. No entendía absolutamente nada de lo que me estaban preguntando, no me acordaba de ningún trámite, de ningún remis, de ninguna moto, de ningún llamado y hasta me faltaron algunos nombres en la memoria.
No me duró demasiado este episodio, tan sólo unos breves instantes, quizá hasta fueron segundos! Pero fue suficiente para dejarme con ganas de llorar, con toneladas de bronca y con un dolor de cabeza que me nublaba la vista. Hasta pensé que me iba a sangrar la nariz!
Cuando me levanté a tomar el café, me tomé mi tiempo, me senté en la cocina, apoyé la cabeza en los brazos... y algo empezó a ceder, por suerte, aunque quedé como atontada durante un rato, como si me hubieran golpeado en la cabeza con fuerza pero sin llegar a desmayarme.
Ahora estoy mejor. Todavía falta una larga hora y media de viernes lluvioso y de cucharita, frente a este escritorio y esta pantalla. De esos viernes que tienen baches como éste (en que me puedo poner a escribir hasta aburrirme) y montañas como hace escasos minutos (en que creí que me iba para no volver). De esos viernes que hasta que no salís de tu oficina, amagan que son jueves, y a veces hasta logran convencerte de que lo son! De esos viernes que son como un chicle pegado a tu zapato durante una cuadra y media. De esos viernes que si no fuera porque en algún momento van a sentirse como viernes, los mandarías al mismísimo origen del que han venido... Es que te faltan el respeto!
No sirve desesperar, hay que dejar pasar estos rayos de locura como si no fueran nada... Aunque cueste. No se gana nada con hacer el esfuerzo e intentar lograr cosas mientras a nadie le importa si hago una sola cosa o si puedo con 10 a la vez. Y ahora ya está, sólo falta una hora. Poco a poco va pasando, y poco a poco me voy relajando. Ya llega! En breve se escapa el eterno lunesaviernes y empieza el viernes... lluvioso... y con ganas de cucharita!

martes, febrero 06, 2007

20 DE ENERO - DIA 15

TILCARA

Llegó una mañana hermosa de sol y con ella el final de nuestro viaje... Me levanté más temprano que todas, por la ansiedad del viaje que me esperaba, supongo... y por las 9 moscas que no dejaban de darme vueltas por la cabeza. Bajé y tomé unos mates y un té con los primeros que se despertaron o los primeros que llegaron preguntando por lugar... Por suerte, me entretuve bastante hasta que empezaron a bajar las chicas.
Me enjuagué el pelo, tratando de sacar un poco el talco (no tuvo mucha solución), y salimos a comprar un par de cosas más en la feria, aquellas que no se iban a bancar mucho tiempo yendo y viniendo en un bolso. Por última vez almorzamos todas juntas en la plaza, unas empanaditas minúsculas pero muy ricas.
Y ahí venía el viaje a Salta. Con las mochilas, el bolso de mano y la nueva canasta, fuimos a la terminal que quedaba ahí cerca. Nos despedimos de las chicas (hasta la vuelta!) y subimos a nuestro micro lechero... Sí... paró en absolutamente todos los pueblos jujeños que encontró a la vera de la ruta hacia Salta capital.
Pasamos la tarde en la terminal de Salta, haciendo tiempo (tomando algo, comiendo algo) hasta las 9 de la noche que salíamos para Buenos Aires...
Y así fue!
A dormir largas horas de micro otra vez... para bajar en Retiro, en la humedad, el calor, la multitud, la ciudad... y empezar a extrañar la buena vida, de verdad!

Gracias !!!!
A todos los que hicieron posible este viaje.
A todos los que compartieron allá la alegría de lo nuevo.
A todos los que comparten acá el relato, el blog, las fotos y mis laaargas horas de charla.
A todos a los que todavía no les tocó esta inmensa dicha de compartir conmigo.
A los que me extrañaron y a los que no, para todo, su momento.

lunes, febrero 05, 2007

19 DE ENERO - DIA 14

GARGANTA DEL DIABLO

Nos levantamos temprano (yo ya estaba despierta) para hacer la excursión a Garganta del Diablo, yendo en remis desde la plaza. Sabíamos por dónde quedaba y a qué distancia, ya que esta vez habíamos sido previsoras y habíamos visitado un centro de turismo. La idea era ir en remis hasta allí, caminar un poco más hasta una cascada natural más alejada y volver caminando a Tilcara. Preguntamos bien al remisero cuál era el camino de vuelta, cosa de no perdernos.
Bajamos del auto y bajamos a ver la Garganta del Diablo, una pequeña cascada artificialmente concentrada sobre las piedras al precipicio, con una baranda de caño y una escalerita para bajar a ver mejor. Nada que uno no pudiera perderse de ver. Un par de fotos y ya enfilamos derecho subiendo el arroyo que formaba la cascada, buscando la original…
Era un día con mucho sol y hacía bastante calor, teníamos nuestras provisiones de fruta y agua para el camino. Menos mal, porque el camino no era nada corto y además había que cruzar el arroyo varias veces para seguir adelante. Finalmente, luego de caernos un par de veces al agua, y empapar zapatillas y medias, encontramos la cascada y nos sentamos en una piedra a observar y desayunar. Para llegar justo al lado de la cascada había que pasar unas piedras bastante más complicadas que las demás y caminar directamente por el arroyito… No tuvimos muchas ganas de intentarlo, así que nos quedamos ahí, disfrutando del sol.
Pegamos la vuelta enseguida, pues el camino era largo… El paisaje hermoso de quebradas nos hacía compañía. El sol estaba realmente fuerte, al menos, había que ir bajando por la huella bien marcada y era fácil. Aproveché que no teníamos guía y me fui a caminar adelante de todo.
Después de un camino que parecía no terminar nunca, llegamos nuevamente al pueblo. Almorzamos unos sandwiches en la plaza, y mientras las chicas volvían a su hospedaje a descansar, nosotras tres nos preparamos para la segunda excursión del día.

EL PUCARA

Las chicas nos esperarían con la merienda en su hospedaje (al que nos mudaríamos esa misma tarde). El pucará queda a 300 m del puente de Tilcara, "aisito nomás"… Así que fuimos caminando. Todavía hacía calor y había mucho sol, así que compramos más agua y la llevamos también.
Agregando un poco de cultura a este relato, la palabra "pucará" significa "fortaleza". Los pucarás se construían en las cimas de los cerros, para poder tener control de un mayor territorio para sus cultivos y población. El pueblo de los Tilcara construyó este asentamiento alrededor del año 1000 d.C., hasta la ocupación hispánica de 1549, pasando anteriormente por un corto período incaico. Cuando llegaron los españoles y los sometieron a sus reglas y trabajo, la población comenzó a abandonar la vida en el pucará, hasta deshabitarlo por completo.
Cientos de años más tarde, investigaciones arqueológicas intentaron compensar el abandono y reconstruyeron gran parte de las ruinas, permitiendo que hoy podamos entrar a sus casas de paredes de piedra, recorramos sus caminos, sus corrales, sus lugares de culto y los huecos para enterrar a sus muertos. El lugar está muy bien reconstruido, incluso hasta los techos de las casas… Entramos a casi todas las viviendas, fuimos por casi todos los caminos. La imaginación trabaja sola y este pueblo le gana al tiempo en su pucará, perdurando en sus piedras y sus plantas. También hay sectores no reconstruidos, y tal vez eso sea lo más impresionante de ver: las paredes de piedra hundidas, entre medio de los cactus y otras plantas; los restos de los techos derrumbados, claramente distinguibles en el mismo centro del círculo de piedras… Todo aquello que permitía demostrar que las reconstrucciones reproducían bastante bien lo original.
Las vistas desde lo alto son indescriptibles: el valle, el río, la imponente Quebrada de Humahuaca, casi en su totalidad… Pasamos ahí mucho tiempo, hasta haber recorrido casi todo. No llegamos al sector de los corrales, aunque intentamos darle la vuelta al cerro, porque ya era tarde y el pucará tiene su horario de cierre a las 18:00. Además, ya habíamos caminado tanto ese día… De todos modos, al bajar tuvimos tiempo de visitar un ratito el jardín botánico de altura que se encuentra en su base, y conocimos la gran variedad de especies de cactus que hay.

TILCARA A LA NOCHECITA

Volvimos al pueblo caminando pausadamente. Nos dirigimos hacia el camping e intentamos reclamar la devolución de la noche que no íbamos a dormir allí pero que ya habíamos pagado. No sólo no nos devolvieron nada, sino que además se quejaron ellos con nosotras por hacerlos renegar, por quejarnos de algo que supuestamente ya sabíamos o se nos había dicho, que el Enero Tilcareño, que yo soy sólo una empleada, que por qué se quejan tanto y qué sé yo qué más… Por si fuera poco, luego de llamar al de seguridad (se ve que la pobre señora de administración tuvo miedo de tres chicas…) y discutirnos lo indiscutible un rato más, nos avisaron que de allí en más no iban a recibir más turistas de Buenos Aires, porque renegaban mucho! En fin, justo lo que necesitábamos después de dos excursiones de completa paz en medio de la naturaleza, en medio de ruinas con espíritus antiguos… No quisimos más; simplemente nos retiramos de la administración convencidas de que no se podía hablar pues no servía de nada, y desarmamos la carpa, juntamos nuestras cosas y nos fuimos a ver a las chicas.
Ahí el clima era otro… Habían comprado vainillas, galletitas dulces y leche chocolatada. Mientras merendábamos, acomodábamos nuestras cosas y nos íbamos a bañar de a poco, conocimos al dueño, charlamos con una chica que cocinaba para el bar de su novio, y con varias personas más que iban pasando por la cocina-comedor.
Se hizo de noche… La última noche en Jujuy (la siguiente la pasaríamos en ruta, arriba del micro) y la última todas juntas (las chicas quedaban un día más). Decidimos ir a una peña que nos habían recomendado, El Kyncho. Cenamos ahí unas milanesas con huevo frito, ensalada o con papas. El lugar se fue llenando hasta rebalsar de gente que bailaba (ya era cualquier tipo de baile para cualquier tipo de música) y se divertía, sobre todo tirando talco y papel picado sobre las cabezas de la gente, ya que esto viene de los festejos de carnaval y es una forma de "sacarse el diablo" (junto con el baile, por supuesto). Bailando y divirtiéndonos nos quedamos hasta bien tarde… Llegué al nuevo hogar y, por fin, dormí!!!

jueves, febrero 01, 2007

18 DE ENERO - DIA 13

TILCARA

Nos levantamos en Humahuaca, a pleno sol otra vez, temprano para tomarnos el micro que nos llevaría a Tilcara, nuestro último lugar… La sensación de no querer irme era terrible. No teníamos asiento en el micro, así que viajamos parados, con mochilas y todas nuestras compras humahuaqueñas.
En Tilcara vuela mucha tierra. De la terminal, caminamos un par de cuadras a la derecha y encontramos un camping que parecía grande y copado, mientras tanto, las otras dos chicas buscaban un hospedaje. Nos dijeron que había mucha seguridad, que ahí no entraba nadie que no estuviera registrado, y demás cosas que nos gustaron… Pagamos para entrar (2 noches por adelantado), las chicas volvieron a decirnos que habían encontrado lugar a dos cuadras de ahí, sobre la misma calle y quedamos en encontrarnos un rato después en la plaza, luego de que armáramos la carpa nosotras tres.
El camping se iba llenando de gente, sonaba música a todo volumen… Armamos la carpa y dejamos nuestras cosas, para ir a la plaza a dar una vuelta y ver la feria allí (mucha más cerámica que en las otras). En el centro de la plaza (y por todos lados) había mucha gente, casi todos rondando nuestras edades o menos, casi todos de otras provincias… Es que aquí en Tilcara lo que nos esperaba era el Enero Tilcareño, fiesta que todavía no sabemos de qué se trata ni a qué se debe, pero pareciera ser una excelente excusa para beber hasta no dar más. Fue una deducción hecha a partir de los cartones de vino que vimos durante todo el día… y de los carteles con dibujos que pedían a la gente que festejaba que no orinaran en las calles (!). Me pareció demasiado… tuve miedo de que no me gustara Tilcara por tanta locura y tanta gente.
Almorzamos en la plaza unos lomitos completos por $1,50. En una esquina nos dieron un volante para ir a ver un corto que iban a pasar en un museo frente a la plaza. La descripción era interesante, mostraba la vida de una coplera que tenía algunos problemas familiares. Tres de nosotras fuimos a verlo. Cabeceamos unas cuantas veces las tres durante los 30 minutos que duró (sí, sí… largo para un corto, no es cierto?), aunque ninguna quiso decir nada por las dudas que a las otras les estuviera gustando! Así que nos quedamos hasta el fin.
Salimos de ahí y el tiempo se había puesto feo, mucho frío y mucho viento, algo de lluvia… Dimos unas vueltas más por la plaza hasta que no aguantamos más y corrimos hasta nuestro camping, las chicas a su hostel, para abrigarnos y descansar un poco del viento en la cara.
A la nochecita, después de hacer canaletas alrededor de la carpa (por las dudas) y conocer a nuestro vecino de carpa, partimos a cenar en la plaza. Compramos una pizza en un puestito callejero, que nos duró poco porque la Sprite se volcó toda encima de las últimas porciones… hubo que completar con salchipapas. Cuando se nos unió nuestro amigo nuevo, fui con él a comprar un helado, ya que la noche se había puesto más agradable. Hicimos tiempo ahí en la plaza y luego fuimos dos, más este chico, a tomar un té en un restaurant.
Hasta ese momento, Tilcara muy lindo… Llegamos al camping y el quilombo que nos habían dicho que se cortaba a eso de las 2 de la mañana, terminó a las 8… AAAAh pero era porque la MUSICA se terminaba a las 2 de la mañana, si se gritaban toda la noche de carpa en carpa, no había nada que hacer… Una falta de respeto hacia quienes queríamos descansar al menos unas 5 horas. Si dormí dos horas, creo que exagero! Patético.
Mi mente en algún momento dijo basta, y hasta pensé en volverme a Salta por el día que nos quedaba y pasar la siguiente noche ahí, en algún hostel, con tal de no vivir en semejante loquero. La otra opción era, al día siguiente, pagar un hotel ahí mismo en Tilcara, sin pensar en el precio… una noche para olvidar… y encima creo que era la única que no podía dormir!!

martes, enero 30, 2007

17 DE ENERO - DIA 12

HUMAHUACA CON SOL

Amaneció un sol espléndido... Nos levantamos más tarde que de costumbre. Fuimos a la plaza, paseamos un rato, compramos pan y fiambre y almorzamos en las escaleras, en un poquito de sombra que encontramos... el sol nos calcinaba y a la sombra estaba fresco como para mangas y pantalones largos. Nos habían sugerido también ir a la localidad de Coctaca, a ver unas ruinas. Averiguamos y después de mucho preguntar y que nos divagaran un poco (que hay un colectivo, que para allá, espérenlo... no, chicas, hay un solo colectivo y ya salió...), a media tarde conseguimos una camioneta que nos tiraba allí y luego nos pasaba a buscar de vuelta. En el camino (bastante complicado porque había habido mucha lluvia por los caminos), íbamos charlando con los otros pasajeros (gente de Coctaca) y se nos cagaron de risa, pues para ir a las ruinas teníamos que tener mucho más tiempo y además nos tenía que llevar alguien, que nos guiara, y no bajarnos en Coctaca y caminar, ya que no íbamos a llegar a ningún lado... Mucha opción de vuelta atrás no teníamos, así que decidimos quedarnos en la camioneta, bajarnos de todos modos y caminar por ahí, a ver qué tal era el paisaje... No había nada llamativo para ver, a decir verdad, sólo un par de casitas de adobe y piedra. Caminamos un trecho y volvimos hacia el punto en el que debíamos esperar para volver, una escuela gigantesca (los chicos viven allí de lunes a viernes, nos explicaron más tarde). Pusimos todo nuestro esfuerzo para llegar a las ruinas de todos modos, vimos a lo lejos una casita con gente y fuimos a preguntar. No funcionó... Nos dieron un precio muy alto y ya estábamos podridas de estar ahí sin saber qué hacer. Menos mal... Apenas salió la camioneta de esta casita, hizo unos metros y se le quedó el motor.
Esperamos la nuestra. Subimos todas a la caja. Fue muy divertido! El camino era complicado de piedras y pasos de arroyos, por lo cual los saltos eran tremendos como los de un samba y realmente había que agarrarse con mucha fuerza para no caerse con las zarandeadas! Un extranjero en una bici nos saludó un par de veces al cruzarnos... Después lo perdimos en la distancia.
Pies en el suelo firme otra vez. Preparamos el mate y nos fuimos a las escaleras nuevamente, compramos tortas fritas (unas con queso adentro!) e hicimos nuestra merienda allí. Nos hicimos un "amigo hippie" que primero se acercó por unos mates y después nos contó que él vivía en Coctaca hacía un par de años. También habló de la teoría de la guerra espiritual en la que el cree, mientras yo me hacía amiga de su perrito que se dormía en mi falda y después no se quería ir. Nos despedimos cuando empezó a bajar el sol y nos moríamos de frío (para ese entonces ya sólo éramos 2 en su auditorio...).
A la noche, habíamos planificado ir a otra peña: Aisito. A la tarde habíamos pasado por la puerta del lugar y nos había gustado mucho la onda. A la noche, estaba mucho mejor, con velitas en todas las mesas, los muebles y demás decoraciones hechas en cardón o madera, foquitos de luz de colores cubiertos con arpillera... Un grupo tocaba folklore, iban cambiando los instrumentos y los roles, había bailarines, que a veces también tocaban algún instrumento, y hasta hubo acrobacias con aro y telas. Como espectáculo, fue realmente hermoso, tanto en lo visual como en la música... Pero el escenario se comía a la gente, que se quedaba sentada, mirando y cantando... Sin bailar. Acá fue que entendimos que estar sentadas en algún lado, por más que fuera en el medio de la fiesta, nos daba sueño, nos íbamos quedando dormidas. Cuando el grupo dejó de tocar y comenzaron a bajar el volumen de la música, nos fuimos a dormir.

lunes, enero 29, 2007

16 DE ENERO - DIA 11

HUMAHUACA CON LLUVIAS

Llovió toda la noche, sin embargo no caía agua adentro, por suerte. La casa era de adobe, como muchas por la zona y la humedad que se juntaba entre sus paredes ya tenía nombre, apellido y número de documento. Dormimos bastante esta vez, ya que mucho no se podía hacer con tanta agua en todos lados. Resolvimos mudarnos a otro lado ese mismo día.
Cuando hubo amainado un poco, salimos de shopping otra vez, por la feria de la escalera, a la vez que íbamos preguntando por otros lugares para dormir aquella noche. Obviamente que seguimos comprando como locas, con los precios que había... Al ratito desayunamos en la plaza y seguimos dando vueltas otro poco.
Pronto se hizo la hora del almuerzo y para eso fuimos a un restaurant que habíamos visto al pasar y que aparentemente no era tan caro. Un grupo de folklore tocó ahí mismo mientras comíamos. Muy bueno!
Después del almuerzo continuamos con las compras (tuvimos que comprarnos canastas para llevar todo) y conseguimos otro lugar para dormir. Era otra casa de familia, pero en pleno centro, con todo muy cerca. Una familia divina, con una atención excelente. Todo el tiempo teníamos las cosas ordenadas, las camas hechas, el cuarto limpio, agua para el mate... Les reservamos y fuimos a buscar nuestras cosas a la otra casa. Apenas terminamos de acomodar todo en nuestra nueva vivienda, se largó el chaparrón de la historia, durante un buen tiempo, y ni hablar de salir! Hubo bache de actividad... "No sé... resolvamos un problema existencial! ... algo!" (otra vez, palabras de F***)
Cuando dejó de llover volvimos a salir. Las calles todavía tenían pequeños ríos y restos de barquitos de papel... Paseamos y tratamos de encontrar un local para chequear los mails y boludear un rato. Tardamos, pero al final lo logramos. Al pasar averiguamos dónde ir aquella noche. Nos decidimos por la peña de Ricardo Vilca (músico humahuaqueño que ahora está haciéndose bastante conocido). Volvimos a vestirnos y abrigarnos, más tarde salimos para cenar allí en la peña.
Estuvo bastante bueno. Mientras cenábamos nos pasaron la película Río Arriba (sobre Iruya y los ingenios azucareros), habló unas palabras su creador y luego tocó Vilca con sus músicos. La peli estuvo muy buena, como para quedarse ... La música fue indescriptible, transmite la misma paz que tiene Vilca al hablar y al tocar, una sensación de viajar por los paisajes que habíamos conocido... Hermoso y emocionante, al menos para mí. Después se puso más divertido y hasta nos enganchamos en un carnavalito por entre las mesas. Nos quedamos bastante hablando con uno de los músicos, un rato largo, hasta que se fue casi todo el mundo, sobre Jujuy y la vida que se lleva ahí, las diferencias con una ciudad como Buenos Aires... Y esa es la clase de contacto con la gente que yo buscaba, lo que te abre la cabeza a otros puntos de vista...
Esa noche estaba mucho más lindo el clima, aún con frío pero con un cielo despejado y lleno de estrellas hermoso! Yo estaba filtrada de cansancio y algo machadita con un vino en jarra que tomamos entre dos... Nos fuimos a dormir.

15 DE ENERO - DIA 10



MAÑANA EN PURMAMARCA

Nos levantamos temprano para disfrutar nuestros últimos momentos en este pueblo. Los chicos se quedaban una vez más. Las chicas salimos para el Cerro. Fuimos por la parte del cementerio, a un costadito del camino al cerro, muy pintoresco realmente, con flores de papel de mil colores distintos, brillando al sol. El camino se llama Paseo de los Colorados, precisamente porque ese es el color que más predomina en las piedras del paisaje, y va recorriendo parte del cerro y sus alrededores. Hermoso! Una caminata descansada, con sol y viento fresco. Mi amiga y yo bajamos del cerro al pueblo por otro lado en vez de seguir subiendo. En la bajada nos encontramos con un corral de cabritas y nos sacamos fotos, hasta que una de ellas se ve que o no le gustó el ángulo de la cámara, o se dio cuenta de nuestro talento fotográfico, porque se adelantó y quiso acercarse a nosotras... que, como no nos gusta la popularidad, salimos corriendo.
De vuelta, nos despedimos de los chicos, pues posiblemente no nos cruzaríamos más durante el viaje, y agarramos nuestro equipaje para ir a esperar el micro a Humahuaca, nuestro siguiente destino. Volvimos a almorzar lomitos completos con "salchi-papas" ahí en las carpas.
El viaje se alargó porque hizo paradas en Maimará, en Tilcara y en Uquía.

HUMAHUACA

Para variar, el micro nos deja y entramos a boyar buscando hospedaje, pero estaba complicada la cosa... Los que teníamos más cerca estaban todos repletos. Los campings también rebosaban de gente o eran muy caros para lo que ofrecían. Seguimos caminando, encontramos la plaza y enfilamos para el otro lado de la ciudad a ver si teníamos más suerte. A mitad de la plaza nos para una nenita que nos ofreció una casa de familia para quedarnos. La seguimos... No era demasiado lejos pero sí incómodo, quedaba en la parte de más arriba, en los suburbios... o serán "arriburbios"?? Igual... cansadora, la subidita.
Una vez que teníamos techo, no nos importó más nada. Dejamos todas nuestras cosas y salimos a pasear. Recorrimos la feria de las escalinatas y algunos locales más del centro. Nos compramos de todo un poco... como para ir calentando las billeteras!
Un chico que vivía en la casa en la que nos alojábamos nos sugirió que fuéramos a sacar entradas para un concurso de baile, 4° Concurso de Saya, entre Bolivia y Jujuy. Así hicimos ($5), aunque no sabíamos bien qué era lo que íbamos a ver. Empezaba a lloviznar! Raro, no?
Callejeamos un poco más, buscando un lugar donde tomar el té, con medialunas. De los pocos que había abiertos, entramos a varios, pero los precios no nos convencían. En uno preguntamos si había medialunas y la chica del mostrador, en un porteño perfecto, nos dice que no, que en Humahuaca no había medialunas porque "es una masa que no se banca este clima". Casi nos morimos de risa en su cara... en todos los demás lugares de Humahuaca sí había medialunas!!! Porteños chamuyeros... De todos modos, y a pesar de la mentira, nos quedamos ahí para no seguir dando vueltas (llovía más fuerte y empezaba a hacer frío). Me tomé un té con tostadas y probé el dulce de cayote. Riquísimo!
Hicimos un ratito de tiempo y ya fuimos para el concurso. Menos mal, porque conseguimos buenos lugares en las gradas. Empezó media hora más tarde de lo previsto, porque se había largado el diluvio universal afuera y los grupos de baile todavía estaban en camino, en especial aquellos de Bolivia. Para cuando empezó, yo ya tenía hambre y un poco de sueño... Pero lo que vimos nos impactó tanto que nos despabilamos bastante. El show en sí era largo y a la mitad tuvimos que salir dos a ver si encontrábamos algo abierto para comer algo. Algo encontramos... una vieja vendía golosinas y otras cosas saladas todo en un carrito, bajo un paraguas en medio del diluvio. Le compramos de todo, que obviamente no nos alcanzó pero nos entretuvo el estómago. Igual, no hubo más cena que ésa.
Lamentablemente, nos fuimos antes de que terminara el concurso porque ya nos caíamos del sueño... Al salir todavía llovía bastante, por supuesto, y había ríos en la calle. Subimos río arriba hasta nuestro hogar, en el que nos esperaba un patio completamente inundado de 2 cm de agua, por lo menos. Conocimos a nuestros compañeros de casa, dos chicas y dos chicos, charlamos segundos con ellos, que estaban comiendo algo ahí en el patio lleno de agua. Luego, nos tropezamos con la cama y caímos dormidas.

14 DE ENERO - DIA 9

SALINAS GRANDES

Nos cansamos de descansar! El "recreo" de Salta nos había dejado con ganas de volver a las excursiones. Por eso nos levantamos temprano para ir a las Salinas Grandes... Pero llovía bastante, así que seguimos durmiendo un rato más. A la segunda vez sí nos levantamos, el cielo se veía mejor, nos preparamos y fuimos a almorzar lomitos otra vez en las carpas. Los chicos no nos siguieron, así que las chicas nos anotamos en una lista para unas combis. Casi 2 horas más tarde nos subieron a una camionetita y partimos para las Salinas. Para ese entonces, el clima había vuelto a empeorar... Nos habían dicho que el camino subía mucho, que previniéramos el apunamiento. Me animé a las hojas de coca. No era tan grave.
En el camino, la conductora paró primero para mostrarnos el punto en el que mirando hacia un costado podemos ver todo lo recorrido, zigzagueando por el cerro como un dibujo. Más adelante volvió a parar en el punto más alto de todo el camino, a los 4.000 y algo msnm...
Llegamos al paisaje blanco y desierto de las salinas. Llovía con viento y hacía mucho frío... y nosotras de saquito o camperita y ojotas... ! Brrrr! Caminamos sobre la sal y el agua todo lo que soportamos, aunque no llegué a ver los piletones de donde sacan la sal, más que de lejos. Después nos paramos al reparo del restaurant construido de sal (que está cerrado) a ver las artesanías de sal, juntar piedritas también de sal, por supuesto... y de vuelta nos metimos a la camionetita. Sentía la piel tirante del viento y el agua salada, los ojos me lloraban a pesar de los anteojos; me pasé la lengua por los labios y estaban salados como si me hubiera metido al mar. Como todo hasta ahora, valía la pena haber ido igual...
En el camino de vuelta me dormí... En un momento me desperté y abrí los ojos. Pensé que estaba soñando viajar en avión: lo único que veía por la ventanilla era blanco... Nos "atacó" una nube bastante densa, y el camino de montaña hubo que hacerlo a paso de hombre... no se veía absolutamente nada alrededor de la camioneta. Por suerte, nuestra conductora sabía lo que hacía.

PURMAMARCA DE VUELTA

Llegamos muertas de hambre y fuimos a tomar y comer algo a una casa de té muy bonita frente a la plaza. También aprovechamos para hablar por teléfono a nuestras casas...
Más tarde nos abrigamos y comenzamos a buscar una peña para ir. Todo era medio caro si lo que queríamos era cenar y ver el show. Por otro lado, dimos tantas vueltas que se nos hizo un poco tarde para la cena... Empezamos a buscar lugar aunque fuera solamente para comer y nada, todo lleno. Fuimos para las carpas, también lleno de gente, y empezamos a escuchar en todos lados que ya no quedaba mucha comida. Entramos al primer lugar que vimos, una esquinita ahí cerca de las carpas, donde hacían pizzas, empanadas y demás. Pedimos empanadas y pizza. Tuvimos suerte pues nuestra pizza fue de las últimas que salieron, y más suerte, porque en cuanto estaban por darnos nuestras empanadas, se liberó una mesita y pudimos sentarnos a comer! Mientras tanto, en la tele habían puesto videos de Los Bibys (grupo tropical ochentoso de Bolivia). Un rato antes nos habíamos cruzado a los chicos, que andaban por ahí, esperando comer en las carpas.
Después de comer fuimos a pasear por la plaza y alrededores, hasta que la mayoría se cansó y se fue a dormir. Dos nos quedamos un rato más en la plaza y escuchamos un grupo de pibes (también turistas de la ciudad, como nosotras) que tocaban una mezcla de jazz con otra cosa, con variados instrumentos. Excelentes... tanto que no podían parar de tocar, se iban a levantar y se les formaba otro grupito de público alrededor. Al rato, ya nos levantamos unos cuantos más y se desarmó todo. A dormir a nuestro centro de evacuados !!

13 DE ENERO - DIA 8

DEJANDO SALTA

Nos levantamos tarde, desayunamos y almorzamos con la tía. Juntamos todas nuestras cosas y salimos volando para la terminal en un remis vecino de la familia, no sin antes despedirnos de todos y sacarnos fotos. Llegamos justo y ahí nos encontramos con las chicas, ya que viajábamos juntas otra vez. Una provincia más que dejábamos atrás. Quedaba menos del viaje. Fuimos subiendo hacia Purmamarca, provincia de Jujuy.

PURMAMARCA

Como nuestro micro no paraba en S. S. de Jujuy, la capital de la provincia, tampoco entraba en Purmamarca... así que nos dejaba sobre la ruta, a escasos 3 km del pueblo en cuestión. Nada grave, pero igual una iluminada intentó hacer dedo a un auto que pasaba... y tuvo suerte! Nos levantó a las 5, con mochila, bolso y carpa...
Bajamos a la entrada del pueblo y comenzamos a recorrerlo, la plaza, la feria y alrededores. El famoso Cerro de los Siete Colores, quedaba de fondo como pintado, aunque después de todo lo que habíamos visto anteriormente, sinceramente no resaltaba tanto ante nuestros ojos. Sólo se trató de otra postal hecha realidad.
Creo que le dimos la vuelta al pueblo entero buscando lugar donde dormir, incluso casas de familia... Todo estaba ocupado y la gente seguía bajando de los micros en la entrada. Al pasar con las mochilas por enésima vez por la feria de la plaza, una señora se nos acerca y nos sugiere ir a una biblioteca, a 4 cuadras, porque allí recibían gente. Le hicimos caso y fuimos a ver si lográbamos un techo, ya que la otra opción era dormir en la plaza hasta que nos echara la policía, y ésa no estaba tan buena. Los astros y los purmamarqueños estuvieron de nuestro lado y pudimos quedarnos ahí. En total, para dormir esa noche éramos alrededor de 60 personas, distribuidas en los dos salones del lugar. Dejamos nuestras cosas y salimos nuevamente a pasear.
De casualidad (y porque Purmamarca es chico), nos encontramos con dos de los chicos que habían venido también y acababan de llegar. Los dirigimos al lugar donde dormíamos nosotras y luego seguimos dando vueltas. Yo sentía como si caminara sobre algodones, a pocos centímetros del suelo, pero sin tocarlo nunca... Evidentemente, algún tipo de mareo por la altura tenía. De todos modos no me animé a probar hojas de coca, ya habría otra oportunidad. Cenamos unos sandwiches de lomito en las carpas de venta de comida cerca de la ruta.
Aquella noche era Noche de Coplas (gente que va cantando por el camino, tocando una caja), razón por la cual el pueblo estaba repleto de gente, sobre todo en la plaza y en las calles, que bailaba, cantaba y tomaba vino en cajita hasta altas horas de la madrugada. Nos empapamos un poco de aquellos aspectos culturales sin ser partícipes. La distancia se sentía aunque estuviéramos al lado y habláramos con todos. Nos quedamos bastante en la plaza escuchando algo de folklore, un poco más conocido, y después nos fuimos a dormir. Ya era bastante tarde.

domingo, enero 28, 2007

12 DE ENERO - DIA 7

SALTA TODO EL DIA

A pesar de haber trasnochado, nos levantamos temprano. Se ve que habíamos descansado bien (bue, además de lo dormido en el último viaje en micro, claro). Desayunamos con la tía y sus chicos, y luego partimos para la ciudad, a encontrarnos con las otras dos chicas. Las encontramos en medio de un pequeño desfile carnavalesco que terminaba...
Nuestros anfitriones nos habían hecho un mapita del centro, con puntos importantes para ver, e incluso lugares para comer. Lo seguimos lo mejor que pudimos. Vimos la Catedral, la Iglesia de San Francisco, el convento con la puerta tallada en madera más antigua. Almorzamos en El Palacio de la Pizza, rico pero un poco caro. Nos agarró una lluvia fuerte al salir.
Las chicas volvieron a su hostel, mientras nosotras nos resguardábamos de la lluvia visitando el Museo Arqueológico de Alta Montaña. Como aquí conservan todo a muy bajas temperaturas (imitando aquellas condiciones en las que todo fue encontrado), el frío que hacía ahí adentro sumado a que todavía estábamos bastante húmedas por la lluvia, se hacía insoportable. Por suerte, nos dieron unos ponchitos de polar en la entrada. Con videos explicativos, guía y carteles, pudimos conocer la historia de los Niños del Llullaillaco, encontrados momificados por el frío en el volcán, ofrendados hace miles de años en el marco de una celebración indígena llamada Capacocha. Las momias no se encuentran en exposición pero sí todos los objetos que fueron encontrados con ellas. Otra vez si uno hace uso de su capacidad de imaginación, la imagen es fuerte e impresiona bastante. También impacta el hecho de ver todo tan perfectamente conservado, como si no tuviera más de 30 años... los muñequitos, los recipientes en los que llevaban comida, las ropas y mantas... La cercanía de lo antiguo, de una cultura lejana pero que ha dejado huellas.
Fuera del museo, y luego de saludar a la tía de mi amiga que resultó trabajar allí mismo, nos encontramos nuevamente con las chicas, compramos algunas cosas por el centro, fuimos hasta la terminal a comprar los pasajes, me comí un copo de azúcar en el camino, y volvimos nuevamente a nuestro hogar en el campo. Ahí nos cambiamos y salimos de nuevo para la ciudad.
La idea era ir a alguna peña, para lo cual teníamos otro mapita con las mejores. Caminamos hasta donde estaban la mayoría y fuimos viendo. Cenar ahí era demasiado caro, por eso comimos unas hamburguesas en un local a la calle, al lado de una remisería.
Los chicos y las chicas iban a ir a un pub / boliche (o algo similar), no nos encontramos más que con uno de ellos que se había arrepentido... Fuimos los cuatro a una de las peñas, La Vieja Estación, donde tocaba una banda en vivo y la gente bailaba todo tipo de música hasta entre las mesas. Tomamos cerveza y un vino que casi no podemos terminar. Fue una salida excelente! Algo machaditos estábamos... Tuvimos que parar en el hostel de los chicos para ir al baño. Ahí nos encontramos con las chicas que ya habían vuelto de su salida y les contamos. Nos llamaron un taxi desde el hostel y volvimos al campo (dormí todo el viaje), tipo 5 de la mañana.

11 DE ENERO - DIA 6

LAS 7 CASCADAS

Nos levantamos y desarmamos todo. Dejamos todas nuestras cosas en una pieza de la administración del camping. Fuimos al centro a comprar los pasajes para Salta capital, también compramos fruta y esperamos dos remises para ir hasta las cascadas, ahí cerca, todas las chicas y dos de los chicos.
Llegamos y conseguimos un guía dispuesto a llevarnos hasta las dos primeras cascadas (las accesibles al público en general). Nuestro guía era un capo. A medida que íbamos subiendo, él nos indicaba exactamente en dónde ir colocando ambos pies y manos... Por eso fuimos aumentando la "colaboración a voluntad" que debíamos darle al final de la excursión. La subida fue difícil por el sol y por algunas piedras y pasos de arroyo, casi perdemos a uno de los chicos que se adelantó y siguió solo un rato... Pero fue muy divertido!
Los chicos se animaron, bajaron por entre las piedras hasta la primera cascada, mientras nosotras los mirábamos desde arriba. Todavía estoy arrepintiéndome de no haberlos seguido.
Continuamos todos hasta la segunda, en la que también uno podía meterse en el agua y debajo de la cascada. Sin embargo, lo más divertido era hacerlo desde atrás del agua que caía... Primero había que pasar por una minúscula entrada a la cueva, gateando, hasta llegar a su interior. Desde allí, una vez de pie, sólo era tirarse de cabeza desde el borde de una piedra y pasar por debajo de la cortina de agua para salir nuevamente al exterior. Tres de nosotras las chicas nos animamos esta vez y borramos el calor de la subida con el chapuzón congelado... Quedé última en la cueva pero no lo dudé, a pesar de que no sabía si me iba a dar la cabeza contra la piedra o salir bien. Abrí los ojos bajo el agua helada y busqué el color marrón más clarito que me indicaba la luz. Perfecto! Fue increíble...
La bajada fue mucho más relajada, aunque se nos notaba el cansancio encima. Por suerte, el sol iba tapándose con algunas nubes.
Al llegar al camping, mi amiga y yo hicimos uso de las comodidades del lugar y nos metimos unos segundos en la pileta. Luego volvimos con los chicos, juntamos nuestras cosas y partimos a la terminal. Tomamos el micro. Pasamos por la Quebrada de las Conchas y les mostramos a los chicos lo que habíamos visto nosotras. Esta vez pude ver otra figura de piedra tallada por la erosión, que llaman El Monje... de pie, en oración, según lo vi desde la ventanilla.

SALTA

Después de 4 horas de viaje y sueños varios, llegamos a la capital de la provincia. hermosa, como todos dicen, pero una ciudad al fin... Tan grande y tan distinta a lo que veníamos viendo, que nos chocó un poco ver tanta gente, autos, semáforos y colectivos.
Las tres compañeras de viaje originales teníamos alojamiento en lo de una conocida de mi familia, que nos recibió más que amablemente en su casa, y que terminamos por adoptar como tía. El resto de nuestros recientes amigos y amigas consiguieron por suerte un hostel en el centro de la ciudad. Había llovido mucho y los campings habían evacuado su gente hacia todos lados, todo estaba complicado para dormir, además de que era bastante tarde ya... Nosotras seguimos las indicaciones y nos tomamos el colectivo para ir al campo (yendo a Campo Quijano) donde quedaba nuestro nuevo hogar.
Después de picar algo y de unas horitas de charla con la tía, una ducha caliente y a dormir, en camas de plaza y media... Eran las 4.00 a.m., pero qué felicidad! La tranquilidad del campo aplacaba la locura urbana que no queríamos ver tanto.

viernes, enero 26, 2007

10 DE ENERO - DIA 5

CAFAYATE

Qué noche, Teté… Voy a decir que intenté dormir en ese pasillo, puse todo mi esfuerzo durante 3 horas o algo así, pero fue imposible. Había que abrir las dos minúsculas ventanas para no asfixiarnos en aquella cucha y ni siquiera así era cómodo respirar. Me saqué la ropa y momentos después salí de la bolsa de dormir porque me moría de calor… Pero los mosquitos entraban y salían del dormi como si fuera un restaurant, y no paré un segundo de rascarme ni de espantarme zumbidos de la oreja, a pesar de haberme bañado en repelente minutos antes. No había forma de dormir así, era imposible, al menos para mí (y para la que tosía de fondo con los pulmones medio cerrados)… Así que me vestí de nuevo y, puteando bajito pero constante, me levanté y me fui del dormi. Me acerqué a las escaleras que llevaban a los baños y prendí un cigarrillo para ver qué se me ocurría. Pero nada… Sólo quedarme ahí afuera, esperando que se hiciera de día o me durmiera sentada en los escalones. Pero recién eran las 3 y pico de la madrugada, faltaba mucho para la luz del día. Gracias a Dios, vino mi amiga la de la tos con una idea maravillosa: sacar aislantes y bolsas afuera y dormir echadas en la puerta del dormi. Excepto volver a entrar a ser comida, cualquier cosa era buena idea… Me terminé el pucho y la seguí. Afuera pasaban las ranitas, mosquitos no había (claro, si estaban todos en el dormi) y el clima era perfecto. Dormí como un bebé.
Lástima mi error de principiante! Como una completa idiota, no me fijé en el leve declive en el que apoyé la cabeza… Al sentarme en la bolsa de dormir cuando me desperté, tuve una tremenda hemorragia nasal que no me paraba con nada. Estuve más o menos 40 minutos desangrándome y ahogándome en el baño, las chicas iban y venían sin poder ayudarme en nada, yo me desesperaba de pensar que capaz tenía que perderme la excursión, ya que la nota ponía énfasis en la puntualidad! Pero no fue así, por suerte la hemorragia decidió cortarse sola 10 minutos antes. Salimos corriendo y llegamos a la combi a las 7:59…

QUEBRADA DE LAS CONCHAS

Para mí, una buena manera de definir este lugar, es decir que se trata de paisajes de no creer, de una belleza y una majestuosidad incomparables, como nada antes visto, que borran el tiempo y desbordan los ojos… Es demasiado, no alcanza la vista… Yo quise ser toda ojos!
Era una mañana de sol. La combi nos llevó hasta la primera parte de la excursión, conocida como La Punilla, en donde las formaciones de las rocas son extrañísimas y hermosas. Inquietantes! Y pensar que todo eso antes estuvo cubierto de agua, hace miles de años, es algo que simplemente no tenía lugar en mi pequeño y humilde cerebro. Todo aquello había sido un inmenso lago o un mar (ya no me acuerdo), y dicen que aun hoy la gente encuentra restos fósiles (de ahí también el nombre de la quebrada).
Volvimos a subir a la combi, concentradas en el insólito paisaje de "fondo del mar desierto" que se desplegaba durante todo el camino. Me sentí liliputiense. Esta vez nos detuvimos en lo que se conoce como La Yesera (por sus yacimientos de yeso) y en el que subimos bastante y caminamos casi una hora, para ver los diversos estratos que le dan color al paisaje. Las oxidaciones de hierro en rojo, las de cobre en verde, las de azufre en amarillo… líneas de colores bien claritas en todos lados, horizontales y diagonales por los movimientos de las placas tectónicas. Parece mentira que no sean pintadas… y que todo sea tan inmenso. Acá el sol agobia mucho y se hace lenta la caminata… También hay mucho viento, el último tramo de la vuelta tuve que hacerlo con los ojos casi cerrados (lloraban, llenos de tierra, detrás de los anteojos de sol), siguiendo lentamente lo poco que veía de los talones de quien iba delante de mí y tratando de no llevarme puesta ninguna de las plantas espinosas de por ahí.
Seguimos un poco más en la combi y paramos para ver Los Castillos, una formación también hecha por el agua y el viento, hace tiempo… imagino una cascada bajando por entre estas piedras. Para llegar hay que cruzar (conviene que sea descalzo) un pequeño arroyo arcilloso (el contacto con la piel es hermoso! Sumamente relajante…), metros más adelante gigantescas piedras que cierran el cielo casi por completo, asemejan torres de un castillo y un pasillo entre ellas permite el paso hacia el interior. Nuestro guía nos contaba que la mayor parte de esos lugares por allí, tienen dueños, muchos los poseen inútilmente sin darles ningún uso, y otros (como en el caso de la dueña de Los Castillos), los utilizan en ocasiones como corral de ganado.
Más adelante nos esperaban otros famosos puntos, también esculpidos por el viento y el agua de otros tiempos: El Anfiteatro y La Garganta del Diablo. Desde la ruta que nos lleva puede verse a la izquierda una roca grande con la forma perfecta de un sapo… por una cuestión de lógica, se trata de El Sapo. Al Anfiteatro se entra por un pasillo similar al de los Castillos, pero el interior es circular, amplio y deja ver el cielo. Su nombre se debe a que sus altas y gigantescas paredes le dan al lugar una acústica muy particular, que lo hace favorito para llevar instrumentos musicales y entretener los oídos a la vez que los ojos. Un poco más allá, la impresionante Garganta del Diablo se abre de repente entre la piedra como la boca de un gigante. La piedra invita y, para seguir agasajando la vista y los sentidos, hay que subir un poco más. Uno no se da cuenta pero sigue subiendo, entrando en esa garganta, sintiéndose minúsculo entre tanta inmensidad que te rodea y envuelve. Yo llegué hasta que no se podía subir más, hasta que una gran pared de piedra vertical me puso los frenos.
Lo recuerdo y lo veo perfectamente… pero sé que si fue demasiado para mis ojos y para las fotos, también lo es para las palabras. Nada alcanza para describir las sensaciones. Definitivamente hay que estar allí.

CAFAYATE DE VUELTA

Volvimos alrededor del mediodía, justo para almorzar. Elegimos el mismo lugar de la noche anterior. A la vuelta para el camping, dos paramos en un puesto callejero a comprar un kilo de uvas con una pinta bárbara. Las otras chicas siguieron más adelante. Nosotras dos volvíamos despacito, cuando nos sorprendió un chaparrón importante a mitad de camino, donde no había ni medio techito para resguardarse. Seguimos unos metros más, hasta acercarnos a un alero de cañas, donde tuvimos que parar porque se nos estaban empapando mochila y riñonera con teléfono, plata y demás cosas que no debían mojarse. Resultó ser un puestito de venta de vinos artesanales. Nos quedamos ahí en la entrada, obviamente conversando con el chico que los vendía, como para justificar nuestra presencia. Nos dijo que era un chaparrón, muy común, que iba a pasar de un momento a otro… en una hora… o dos… Al rato, como no veíamos que la lluvia fuera a parar y teníamos bastante frío, degustamos un par de vinos… Tanto nos gustó que terminamos comprándole una botella. Una cosa lleva a la otra, y como no teníamos sacacorchos en el camping le pedimos que por favor nos lo destapara ahí, de paso brindábamos. Era un Mistela Moscatel Rosado riquísimo, dulce como un licor. Dos vasitos pequeños después, nos fuimos bajo la lluvia (que no había parado, obviamente) con el vino en una mano y el kilo de uvas en otra, metiéndonos en los charcos, cruzando una calle convertida en arroyo, pasando por entre medio de unos caballos que nos miraron con cara rara y muertas de risa por lo ridículo de la situación.
Llegamos al camping, donde encontramos a las chicas y a los chicos que ya habían llegado, guardados en el refugio (un galpón) al igual que medio camping, jugando al truco sentados sobre una puerta vieja. Me entretuve sacando fotos. Cuando paró de llover y abrió el cielo, armamos la carpa, al lado de la de los chicos. Después fuimos al centro a cenar, y luego de ochocientas vueltas aproximadamente, comimos en la misma esquina que las dos veces anteriores. Tanta indecisión, sumada al hambre atroz que tenía, me enchinchó bastante, por lo cual me fui a dar una vuelta sola y aproveché para llamar a casa y tratar de saludar a mi hermana por su cumpleaños. No la encontré, pero hablé con la más chiquita y la emoción de extrañar a alguien me calmó. Volví a la esquina para cenar. Después de comer fuimos algunos a tomar una cerveza en un barcito.
Para terminar el largo día, dos de mis compañeritos de carpa (mientras una ya dormía) intentaron volverme loca… Que va a llover y hay que hacer la canaleta; que andá a buscar la pala y yo la hago; que ahora no tengo ganas; bueno está bien, la hago; que quiero dormir en esta carpa porque la otra no tiene sobretecho; bueno pasemos las cosas; ahora no, mejor voy a dormir en la otra porque no puedo respirar; bueno volvamos las cosas; que te ayudo; que no te ayudo; que ahora me desvelé, vamos afuera a fumarnos un pucho… bueno, llevo el vino. Por suerte, lo que quedaba después del puchito era agarrarle con alfileres un plástico a la carpa sin sobretecho y meterme en la mía a dormir! Eso hice… ya empezaba a lloviznar. Menos mal que la canaleta alrededor de la carpa estaba hecha.

jueves, enero 25, 2007

9 DE ENERO - DIA 4

RUINAS QUILMES

Nos despertamos todos para ir a las ruinas de los Quilmes a las 10, pues habíamos reservado la excursión. Me desperté con un poco de sueño y otro poco de mal humor (nada del otro mundo, típico en mí) que se me fue con el lavado de cabeza que me dí en la pileta de lavar ropa con agua congelada. Después de eso y de un desayuno todos juntos, salimos en el auto y la camioneta que habían venido para nosotros. Partimos hacia las ruinas. En la caja de la camio, el viaje estuvo divertido, con mucho viento.
Las ruinas de esta ciudad indígena están en un cerro que se llama Alto del Rey, a 20 km (siempre aproximados, calculo) de Amaicha. Entrada: $2. Hay un pequeño museo arqueológico ahí en la base del cerro, que puede visitarse para conocer diversos objetos que se han encontrado en las excavaciones del lugar. Pero lo que los ojos realmente buscan está afuera y se extiende por el cerro desde el valle hacia arriba, a casi 2000 msnm. Al entrar te cuentan, en una (muy) breve charla, la historia de sus antiguos pobladores… Allí vivieron y resistieron durante años a todos sus enemigos… hasta que llegaron los españoles, los sometieron e hicieron marchar a los sobrevivientes a pie hasta Buenos Aires, para después fusilar allí (en lo que ahora es la localidad de Quilmes, justamente) a quienes lograron hacer el viaje completo. La historia es fuerte, lo son también los restos del lugar en el que vivieron. Gracias a la gran reconstrucción realizada, es mucho más fácil de comprender visualmente y de imaginar cómo fue el modo de vida de su población… cómo eran sus casas de piedra, sus patios, fortalezas, caminos y morteros comunes. Impresiona y emociona si uno tiene una gran capacidad de imaginarse todo. Fuimos lo más alto que nos bancamos (el sol nos partía la cabeza!), por uno de los costados, hacia donde los quilmes tenían uno de sus miradores para vigilancia, desde donde se ve todo el camino hacia allí y la ciudad entera. Cuando fuimos bajando, cruzamos las ruinas centrales (que son las reconstruidas que salen en todas las postales) y caminamos un poquito más hacia el otro lado del cerro, por donde hay más ruinas pero no han sido reconstruidas. Toda clase de plantas crecen alrededor y por sobre las piedras, en especial de la familia de los cactus. Mis alpargatas quedaron agujereadas, así como mis pies. Pero no importaban las espinas, ni el calor abrasante del sol… la sensación de estar pisando el mismo suelo que aquellos guerreros antiguos, de aquel pueblo sufrido pero fuerte, valía todo lo que habíamos andado. En algún lado quedan sus espíritus para siempre… y yo creo que es allí, en esas piedras, en esas plantas y en ese cerro… para siempre cuidando su ciudad.

AMAICHA DEL VALLE, A MEDIA TARDE

La camioneta y el auto nos pasaron a buscar para regresar a Amaicha. Esta vez preferí el auto. Lo bien que hice! Los otros se quedaron a mitad de camino porque la camioneta dijo "basta" y no quiso más. Tuvieron que hacer dedo, a pleno sol y ni medio arbusto en la ruta. Mientras tanto, en el camping, yo aproveché la espera y caminé un rato para hacer mi ofrenda a la Pachamama, como había aprendido: hice un pozo en la tierra, deposité mi regalo con mucho cariño y humildad, le dije una oración y cubrí el pozo con piedritas, formando una especie de pirámide. No fue mucho, pero fue desde el corazón… todo lo que la Madre Tierra da, hay que devolverlo de alguna manera… Los que habíamos vuelto, nos cansamos de esperar y fumar, por eso nos fuimos para el lado de la plaza, buscando un lugar para almorzar. El que ya teníamos visto quedaba a una cuadra de la plaza, un quincho con mesitas, bastante amplio y prolijo. Almorzamos tamales y empanadas. Al ratito llegaron los demás y también almorzaron.
De vuelta en el camping, las chicas empezamos a ordenar todo, guardar la carpa y armar nuestras mochilas otra vez. Había que ir a la plaza a esperar el bondi que nos arrojara en Cafayate. Compramos unos alfajorcitos y un agua para acompañar la espera. Era el adiós a la provincia de Tucumán. Los chicos quedaban en Amaicha, iban a ir al Remate y luego nos encontraríamos nuevamente en Cafayate.

CAFAYATE

Bienvenidos a Salta! Una hora después de subir al micro, bajamos en la cuna de los viñedos y las bodegas, en Salta. Después de cuadras y cuadras desde la parada hasta el camping municipal, llegamos y fuimos a nuestro dormi. Abrimos la puerta y una nube de mosquitos salió de adentro. Debo decir que imaginábamos algo un poco más espacioso para 5 personas. Pero no! Apenas entrábamos en las colchonetitas de las marineras; yo, por otro lado, apenas cabía en el pasillo que iba a ser mi cama. Una vez que logramos ordenar el rompecabezas de mochilas y bolsos en aquel hexágono, pateamos hasta el centro y recorrimos un poco las calles y la plaza central. Es una ciudad hermosa, llena de luces y calles prolijas, cuyos nombres llevan el auspicio de alguna bodega local. Caminando se hizo la hora de la cena y buscamos un lugar. En una esquina de una calle que zigzagueaba encontramos un pequeño restaurant con precios muy adecuados a nuestro modus vivendi. Al lado y enfrente había carnicerías tradicionales, como las de antes, las que todavía se pueden encontrar en algún barrio de Bs. As. Cenamos y luego seguimos caminando. Reservamos una excursión a Quebrada de las Conchas para la mañana siguiente, y un rato después nos quedamos escuchando un par de temas de un grupo folklórico que tocaba en la plaza. Momentos más tarde volvimos al camping y a dormir… Bue! Un decir, nomás...

miércoles, enero 24, 2007

8 DE ENERO - DIA 3

AMAICHA DEL VALLE

Llovió toda la noche, incluso en mis sueños y también adentro de la pieza: me despertó una gotera en la cabeza cuando di vuelta la cara a la mañana temprano. Como nosotras tres no habíamos conseguido pasajes para Amaicha por la mañana y las 2 chicas recién conocidas sí, nos levantamos con ellas y nos llevamos todo, por si quedaba lugar en el colectivo (El Aconquija) para viajar en ése que salía a las 8:30. Los chicos habían decidido quedarse y seguirnos a la tarde, aunque los despertamos con todos nuestros preparativos. Por suerte conseguimos viajar en un micro de refuerzo que salía junto al de las chicas. El viaje fue increíble, con unos paisajes de película… Subíamos poco a poco a través de los cerros, pasando por el centro blanco de una nube que cubría el camino completamente. El punto más alto (3.000 m, poco más, poco menos) y más lleno de nubes del camino por aquella zona, tiene por nombre Abra del Infiernillo (un abra es una abertura entre cerros). Y luego va bajando… y ahí abajito viene Amaicha del Valle.
Es un pueblo hermoso, según se cuenta y muchas veces puede observarse claramente, es la única comunidad indígena del Norte que todavía conserva unas cuantas costumbres de su pueblo ancestral, los diaguitas. El Aconquija nos dejó en una esquina frente a la plaza central, en donde nos recibió un cartel azul grande con detalles de Amaicha, su población, altura (2.000 m) y clima: "Días soleados durante el año: 360". Su gente se ve feliz.
De la plaza, una cuadra adelante y una a la izquierda llegamos al camping La Guarida, donde conseguimos un espacio pequeño pero cómodo para armar la carpa, y las otras chicas una pieza. Un camping chico, repleto de gente, pero muy tranquilo y con buena onda. Recomendable.
Todavía era de mañana y el día respetaba lo dicho en el cartel. Las 5 anduvimos averiguando para ir a El Remate, a 6 km (o un par más, dependiendo de la persona a la que preguntáramos, todavía no sabemos qué parámetros tienen para medir distancias… o sus km no son como los nuestros) por un camino que pasa por la localidad de Los Zazos (que tiene un dique grande, ahora casi seco, por lo cual escasea un poco el agua en la región). Compramos pan y fiambre para almorzar sanguchitos y nos paramos en una esquina por donde pasaba el colectivo para ir… Pero nos levantó una combi que nos cobraba la mitad por llevarnos hasta allá. Un paisaje para no perderse, definitivamente. Lo esencial: grandes piedras, cactus a montones y al fondo las cascadas de agua subterranea que alimentan el dique. En el camino que baja a las cascadas, me topé con un pequeño "embotellamiento de cabritas" (F*** dixit), que venían en dirección contraria y me dejaron congelada de la sorpresa, tanto como parecieron estar ellas, que de pronto dieron todas media vuelta y desaparecieron entre las piedras y los arbustitos. Llegamos a las cascadas finalmente, aunque el cansancio, el frío del agua y la cantidad que había, medio que nos amedrentó. Sólo estuvimos un rato por ahí chapoteando, y después volvimos para atrás, buscando una sombrita para almorzar tranquilas.
Después de comer ya pegamos la vuelta, esta vez a pie. Una vez más nos dimos cuenta de que la gente mide el kilometraje de una manera extraña, ya que el cartel al principio del camino pasadas las 2 horas o algo así, decía 8 km! En fin, fue larga la vuelta pero valió la pena. Aprovechamos para pasar por el dique de Los Zazos y ver cuánto habían bajado las aguas. La antigua arquitectura de las casas del camino nos llamó mucho la atención, todo adobe, cañas y madera. Encontramos una casa semi destruida y abandonada, con sus puertas abiertas que nos invitaban a entrar. Por supuesto que lo hicimos, y pasamos por sus piezas devenidas patios con techos derrumbados.
Al llegar a la plaza de Amaicha otra vez, vimos que nos quedaba bastante tiempo de la tarde y decidimos ir a visitar el Museo de la Pachamama con las fuerzas que nos quedaban (todo es arriba o abajo cuando uno está entre medio de los cerrros…). Amaicha también es conocida por su tradicional Fiesta de la Pachamama en febrero, celebración dedicada a la Madre Tierra; de ahí, supongo, el nombre del museo. Sin entrar en detalles poco simpáticos de mi opinión sobre el museo, diré solamente que es un lindo y amplio lugar para sacarse fotos y conocer de un gran pantallazo los símbolos más importantes de la cultura indígena. Vale buenos puntos la sala geológica y la maqueta de los Valles Calchaquíes. Pero lo demás… no es un edificio sino una obra de arte, no es un museo sino una galería de arte en la que el propio fundador y diseñador expone sus más bonitas esculturas y tapices. Nos cansamos mucho de la subida, la bajada y la caminata entera.
Cuando volvimos al camping, los chicos ya habían llegado y ocupado la pieza que, tan amablemente, les habíamos reservado nosotras. A eso de las 8 ya andábamos rodeando la plaza buscando lugar dónde cenar. El que más nos convenció a simple vista fue uno llamado la Esquina, atendido por su dueño, que se hacía llamar Peteniche o Pete… Un viejo que era un amor... "Yo no tengo ningún apuro, ustedes están apurados?" Se sentó con nosotros a mostrarnos fotos, postales y cartas de alrededor del mundo, de turistas que habían comido ahí. Un buen rato nos cayó muy bien este hombre que tan amigablemente atendía a todos sus clientes… pero cuando llegó el momento de la cuenta, y nos cobró mágicamente de más, sin pifiarle a ningún precio y sin que a ninguno de los 9 que éramos nos cerrara la cuenta. Tanto que le discutimos y de todas formas terminamos pagándole algo así como $8 de más, el Pete cerró su boca, y ni nos saludó cuando nos fuimos. La mala educación también existe en Tucumán. Se ve menos, pero existe.
Al rato dimos una vuelta por la plaza y, como no podía faltar, festejaban algo, con música y baile. Estuvimos escuchando un rato y luego nos apostamos en la esquina de la Oficina de Informes con unas cervecitas. En un momento las chicas tuvieron un encuentro con un burro (algo emocionado, aparentemente), que también nos encontramos nosotras un rato después a la vuelta. En el camping se había venido la música folklórica a pleno y, después de vaguear un rato más en la calle frente al camping, nos costó un poco dormir… Pero lo logramos!

7 DE ENERO - DIA 2


EL MOLLAR POR LA MAÑANA

Me despierto con un "Chicas, chicas! Miren!"… Y claro, en plena oscuridad, no teníamos ni idea de la vista que había: desde arriba, una bajadita hacia el valle y un fondo de cerros azulados. Todos nos fuimos despertando y poco a poco nos ubicamos en los escalones de la entrada, a desayunar con biscochitos y mate.
Ya que la idea de los siete era dejar El Mollar y seguir adelante, rearmamos nuestro equipaje y nos lo cargamos a la espalda. Siguiendo indicaciones tucumanas y un tanto contradictorias, bajamos hacia el hermoso Dique La Angostura, en cuyo amplio parque nos echamos un rato a disfrutar del sol y tomar unos mates más.
Pero pronto la ansiedad volvió a nuestros talones y, auto-bautizados como la Comunidad del Anillo, todos partimos hacia Tafi del Valle… CAMINANDO. Descartamos la ruta y con ella la posibilidad de hacer dedo aunque fuera por un trecho; lo que queríamos era seguir dentro de aquel pasiaje de pintura, y comenzamos a caminar en dirección a la ciudad que se veía tan lejos y tan pequeña. Era posible que aquella ciudad estuviera a tan pocos kilómetros? 5 ó 6? Lo creímos. Y caminamos. Primero fuimos bordeando el lago, luego siguiendo el arroyo, bajo el sol que ya subía la mañana. Paramos un par de veces para comer alguna fruta o recuperar aire. El camino iba variando con vacas, toros y caballos, incluso huesos y peces muertos. Lo único invariable era la mezcla de barro y mica que cuando uno se descuidaba llegaba hasta media pantorrilla y la distancia a la que seguíamos estando de Tafí, sin importar cuánto camináramos. Llegamos pronto a la conclusión de que se nos habían caído un par de kilómetros en el camino, y la nueva oferta aumentó a 9 km… Error otra vez! Parecía no terminar nunca pero, gracias al cielo, al final del recorrido comenzó una llovizna leve y refrescante que nos dio un poquito más de empuje.

TAFI DEL VALLE

Finalmente, después de APROXIMADOS 12 km, llegamos a Tafí del Valle, hermosa ciudad, prolija y limpia, en algún punto similar a Pinamar… llena de gente también prolija y limpia, además de muy bien vestida, que nos miraba extraño… Algunos, como si jamás hubieran visto unos mochileros embarrados, cansados y calcinados por el sol.
Nos sentamos en un bar a tomar y comer algo, mientras mirábamos la gente pasear y pensábamos si quedarnos o partir para Amaicha… La lluvia que comenzó en esos momentos, hizo que decidiéramos más rápido, de todos modos, había que descansar todo eso que habíamos caminado y no había ningún sentido en seguir viajando aquel día. Los chicos habían conseguido dónde quedarse y los seguimos. Ahora sí, en lo de Kike, estábamos en la verdadera casa de Gran Hermano, los 7 durmiendo en la misma pieza… por lo menos había espacio, 4 camas en cucheta y los demás en el piso.
La Comunidad se hizo más grande con dos chicas que encontramos ahí, al pasar al patio a lavar nuestras medias y zapatillas, sentadas ambas en unas camas antes del patio, en lo que vendría a ser la "pieza" en la que iban a dormir… pieza a la que le faltaba una pared, es decir, continuaba directamente en el patio… (Ni hay que decir que no durmieron ahí acompañadas por la lluvia, sino en la cocina, sobre un colchón de 2 plazas, acompañadas por la heladera) Nos quedamos charlando con ellas, que resultaron tener conocidos en común con algunos, y a partir de aquí, se incorporaron perfectamente a la Comunidad. Fuimos a cenar todos juntos a un galponcito cerca, y por $3 cada uno comimos empanadas con coca y cerveza! Mientras tanto, siguió lloviendo de a ratos… Más tarde, a dormir se ha dicho, y a esperar poder ir a Amaicha al otro día!!!!