lunes, marzo 17, 2008

VACACIONES: DIA 11

26 de Febrero
Atocha, Tupiza y Villazón – Bolivia


Super dormidos y con un frío terrible, nos levantamos en plena madrugada para llegar 5.30 a tomar el micro que nos llevaría hasta Tupiza. A duras penas calentamos agua para el mate, golpeamos todas las puertas del hostel para despertar al sereno y corrimos con todo y mochilas. Un inmenso olor a “absolutamente todo” nos invadió en el micro. Traté de no pensar y sólo dormí mientras las piedras y el ripio me acunaban.
En Atocha, a mitad de camino entre Uyuni y Tupiza, nos hicieron bajar del micro y nos avisaron que debíamos esperar hasta las 10.30, que saldrían camionetas para dejarnos en destino. Creo que rondaban las 9 a.m. Mientras comíamos galletitas y probábamos el intomable mate con agua casi fría de nuestro termo, hicimos migas con una chica, un médico y dos franceses, que venían viajando desde otros lugares de Bolivia. Todos juntos, casualmente, fuimos designados para subir a la camioneta en la que también entraron 3 personas más. Total de pasajeros:10 + conductor. Yo con mis humildes 163 cm, viajé incómoda, con el traste chato en el asiento improvisado de la caja de la camioneta, y el techo pegado a la cabeza… sólo resta imaginar a los más altos que iban ahí conmigo. Cada piedra era un golpe… y eran todas piedras…
Hicimos una breve parada en Salo, para ir al baño (al río, mejor dicho) y comer algo. Una chica y yo compramos pan casero y queso de cabra, para hacernos sanguchitos en la camioneta. Hice malabares con la navaja para abrir el pan y cortar el queso, finalmente estaba muy pero muy rico.
Pero la aventura del viaje no terminó en Tupiza. Digamos que recién comenzaba. Por el camino, por lo que iba preguntando nuestro conductor, nos enteramos de que el pueblo al que íbamos estaba con bloqueos… esto sería “piquetes”… Por lo tanto, la camioneta debería dejarnos en el camino, casi llegando a la entrada de Tupiza, poco antes del primer bloqueo. Terminadas las 3 horas que duró el viaje desde Atocha a Tupiza, nos bajamos, cargamos las mochilas y bolsos, y en media horita ya entrábamos al pueblo, bajo miradas cortantes y algún que otro comentario del estilo: “¡Son gringos! ¡No los dejen pasar!” Sin acusar recibo, pasamos por entre la gente a paso rápido y en completo silencio, mirando hacia el suelo.
La hermosa Tupiza nos recibió con calles casi desiertas de gente, más miradas hostiles, y más comentarios similares: “Ustedes tienen la culpa, gringos”… El aire podía cortarse con cuchillo… Nunca me había sentido tan extranjera como en esos momentos. A pesar de no saber bien por dónde teníamos que ir, seguimos derecho por la calle principal, preguntando de tanto en tanto a alguno que no pareciera estar a la defensiva… Poco a poco nos enteramos que pasando el otro bloqueo, a 5km, desde la “tranca” de Tupiza, salían micros que llevaban gente a Villazón. Caminando rapidito, terminamos de cruzar y pasamos el segundo bloqueo, donde sólo nos acuchillaron visualmente, sin emitir comentarios. Al fin salimos y bordeando un cerro interminable (que para nosotros, se hizo conocido bajo diversos nombres insultantes…), llegamos a la tranca, donde pagamos 20 bolivianos por un pasaje de micro. Fue un total aproximado de 5 horas de caminata, luego de las cuales nos sentamos a esperar el micro que en seguida estaba viniendo, en minutos nomás. Los minutos se hicieron una hora y el micro no venía, la gente que esperaba como nosotros comenzó a impacientarse y a preguntar a la vendedora de pasajes, quien se había ocupado de desaparecer con objeto de averiguar qué pasaba con el micro. Al ratito vuelve y nos comenta que, como había volcado un camión poco antes de entrar, no podía pasar y estaban esperando sacar el camión. Por ende, los pasajeros debíamos caminar 1 km más hasta donde estaba esperándonos. Obviamente, y para coronación de la aventura tupiceña, mientras los boludos caminábamos 1 hora, comenzaron a pasarnos por al lado un camión, 4 colectivos, otros 3 camiones, camionetas, un Scania, una Cat… y nuestro micro! Saludando a toda velocidad! Esperamos a la vera del camino con el resto de los pasajeros, a que nuestro transporte volviera desde la tranca, con los que todavía estaban allí.
Subimos al micro… Un lío inmenso de gente que se quejaba pues se habían sobrevendido los asientos por 2, y hasta por 3 veces. Calmadas las aguas con las tranquilizantes palabras del conductor: “Vamos que si no se apuran no salgo, porque los caminos están en muy mal estado!”, partimos hacia Villazón. Me tocó viajar atrás de todo, mareada, cansada, con hambre… Supuestamente llegábamos a Villazón en 3 horas… que fueron 4.
Bajamos del micro en plena oscuridad y lluvia de la frontera, me tomé unos minutos para recuperarme del mareo y caminamos hasta el Puente Internacional. Luego de casi pasar la noche en “ningún lugar” porque los de migraciones ya habían apagado todo, llamamos a nuestra hermanita que cumplía años desde la frontera, y pasamos a La Quiaca, fuimos a cenar (yo nada, por supuesto) y luego a acomodarnos en el hotel de antes, para finalmente dormir!

3 comentarios:

Salar dijo...

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Shakadal dijo...

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Guhn dijo...

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