lunes, agosto 06, 2012

MAIMARA 2011 - Viernes 12/8

Caminata hacia Posta de Hornillos


Desayunamos un poco más tarde, pedimos que nos calentaran agua para el mate y salimos. Fuimos caminando por toda la avenida Belgrano, hasta la salida a la ruta 9, recorriendo una parte de Maimará que no conocíamos. Desde ahí, seguimos por las vías muertas del tren y caminos alternativos que se nos presentaban, hasta llegar a la Posta de Hornillos… Algunas partes del camino no estaban fáciles y había que rodear los tramos sin vías o sin terreno bajo las vías. Incluso en un momento nos metimos en un campo, pero rápidamente nos dimos cuenta de que nos estábamos acercando a la montaña y alejando de la ruta, y volvimos a salir al camino que no habíamos visto. 
 
Habiendo recorrido casi 4km, llegamos al oratorio de la Posta de Hornillos, una construcción muy antigua y sencilla, toda de adobe. Visitamos el museo en la Posta reconstruida y sacamos toneladas de fotos. El museo está muy pero muy bueno, es súper completo, lleno de salas y objetos de todo tipo, una momia, armas, mucha información histórica y todo muy bien cuidado, hasta tenía los pisos originales. La sensación de retroceder en el tiempo es impresionante... Han logrado recrear las habitaciones y la vida diaria de una posta de manera excelente. 

Construida por Gregorio Álvarez Prado en el año 1772,  fue lugar de relevo obligado de la caballada, por disposición del visitador Alonso Carrió de la Vandera, en la ruta que unía el Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata.
Durante las guerras de la independencia, se transformó en fortín y cuartel del Comandante Manuel Alvarez Prado. En 1813, sirvió de descanso al General Belgrano que regresaba de la campaña al Alto Perú y, hasta 1817, se registraron diversos combates.

Fue habilitada como Museo Histórico el 3 de diciembre de 1979 gracias a las obras de restauración realizadas por la Fundación Bunge y Born. Contiene interesantes testimonios del pasado colonial, como el molino de piedra. Consta de 12 salas que exhiben elementos y piezas de una posta que fue también casa de familia y cuartel del Ejército del Norte. 
Fuente: http://www.arqueotur.org/yacimientos/museo-posta-de-hornillos.html  

A la salida tomamos un par de mates, a la sombra de un árbol, nos sacamos unas fotos más, rodeando el manantial de agua cristalina que se encuentra frente al oratorio, y partimos de regreso a Maimará. 

El camino de regreso se hizo eterno! Hacía muchísimo calor, el sol partía cabezas y el hambre nos estaba matando… Así que apenas entramos a Maimará, almorzamos en el primer lugar que vimos abierto: El Molle. Comimos unas espectaculares milanesas con huevo frito y puré, sopa y budín de pan de postre!

Con la panza llena, volvimos al hospedaje, pero tuvimos que esperar un ratito afuera en el patio, porque Neli había salido y nuestras llaves estaban en su oficina cerrada! Nos tiramos un ratito a descansar y después volvimos a salir, con unos mates hacia el río. El día estaba hermoso y disfrutamos un buen rato. Apenas bajó el sol, fuimos a la plaza. La Iglesia estaba abierta y al parecer, iban a hacer misa de niños… un puñado de chiquitos se divertían tocando la campana una y otra vez, muertos de risa. Regresamos a nuestra habitación y nos dimos una refrescante ducha, miramos algo de TV y salimos a cenar. Esta vez, comimos en una sandwichería de la calle principal, dos sándwiches de lomito completos y un sándwich de patynesa también completo, con una coca (todo $46). Volvimos a lo de Neli después de una vuelta, nos pedimos una cerveza y jugamos un rato a las cartas, antes de ir a dormir…

MAIMARA 2011 - Jueves 11/8

Purmamarca y las salinas con sol


Desayunamos temprano, esta vez, con unos ricos bollos al horno de barro… Pronto salimos a la ruta, a esperar algún micro que nos pudiera alcanzar hasta Purmamarca. En eso vemos que da la vuelta un remisero de Maimará que trabajaba en Purmamarca, y nos ofreció llevarnos por $5 cada uno. Apenas pisamos la bella pero modernizada Purma, comenzamos a buscar excursión a las Salinas Grandes. Efectos personales que tuve que comprar por ser poco previsora: anteojos negros ($40) y un gorro ($25)… Por suerte, mientras lamentaba mis gastos extra, también conseguimos el bendito póster gigante de Jujuy que tanto queríamos.

Enseguida encontramos una camionetita que nos llevaría a las Salinas, pero esperamos un ratito a que se acercaran dos personas más que completaran el pasaje ($60 cada uno). El chofer me convidó unas hojas de coca, que pronto empecé a mascar (no sólo para evitar efectos indeseables de la altura que pudiera sufrir – aunque nunca los sufrí – sino también por puro gusto…). Con los dos compañeros de viaje nuevos y con muy poca onda de su parte, salimos a la ruta. 

Tal como se suele hacer en todas las excursiones, nos detuvimos en el camino, para ver toda la Cuesta de Lipán ondular hacia abajo, en la distancia. Sacamos las fotos de rigor allí (pésimamente encuadrados por el compañero que nos puso bien en el medio del camino de fondo, cosa que no se viera la cuesta!), y también más adelante en la segunda parada, a los 4170 m.s.n.m., el punto más alto del camino. Finalmente llegamos a las salinas con hermoso sol, caminamos bastante y disfrutamos del paisaje blanco. También intentamos algunas fotos locas aunque trilladas, y alrededor de las 12.30 ya estábamos volviendo a Purma.

Almorzamos en Purmamarca, en el bar que está a la entrada en una esquina, una pizza con jamón. Lamentablemente, un puñado de gente que no sabe convivir nos arruinó un poco el almuerzo… algunos cordobeses que se gritaban de mesa en mesa (aunque estaban a menos de medio metro unos de otros) y un niñito en la mesa de al lado, que no paraba de soplar su silbato de cerámica casi directamente en nuestras orejas. Con el cerebro taladrado, terminamos de comer y nos fuimos. Teníamos unas ganas inmensas de dormir la siesta, así que sacamos dos fotos y nos subimos al Evelia que salía justito hacia Maimará. Menos mal que pudimos subir a ese, porque por los cortes en San Salvador de Jujuy, no habían salido más micros. Llegamos al hospedaje y dormimos…

Bien descansados, salimos a pasear y fuimos hasta la plaza. Compramos unos helados en el kiosco/heladería frente a la plaza. Después de comerlos, entramos a la iglesia que estaba abierta y todavía no conocíamos. Es muy bonita, pequeña casi como una capilla y muy sencilla. Caminamos un poquito y regresamos al hospedaje a ducharnos. Pronto se hizo la hora de cenar y nos quedamos en el restaurant de Neli. Comimos super rico!!! Unas humitas y tamales, de postre unos flancitos de quinoa! Todo delicioso. Nos quedamos hablando con ella hasta casi la medianoche, sobre las posibilidades de trabajo en Maimará y las diferentes actividades a las que se dedica su gente…

miércoles, junio 27, 2012

MAIMARA 2011 - Miércoles 10/8



La vida en la villa veraniega


Nos levantamos un poco cansados para más excursiones, por lo cual decidimos ese día hacer vida de pueblo. Esta vez desayunamos un poquito más tarde y luego cruzamos la ruta para visitar Cauqueva (Cooperativa Agropecuaria y Artesanal Unión Quebradas y Valles http://www.cauqueva.com.ar/ ), y conocer el Museo de la Vida Campesina, que nos habían dicho que estaba muy lindo. Cauqueva se encuentra justo frente a Maimará.


Allí pudimos ver distintos elementos de la vida en la Quebrada, anécdotas, historia, nos contaron sobre los cultivos principales de la zona y vimos ejemplares de maíz y papa de todos los colores imaginables… Vimos además arados antiguos, telares, tinajas y una cantidad de otros objetos. Antes de irnos, compramos un libro con anécdotas y cocina quebradeña, tomamos nota mental de las obras completas de Rodolfo Kusch y también dejamos una colaboración para el museo.

De ahí fuimos al famoso cementerio de Maimará, recorrimos un poco. Un hombre que trabajaba ahí se nos acercó para pedirnos dinero para un vino o para comprar hojas de coca (que la gente allí masca, se le llama “coquear”). De su discurso habremos entendido 5 palabras, le dimos unos pesos y nos fuimos, ya que al parecer el buen hombre conversaba hasta con las piedras... pero en otro idioma.


Cruzamos el pueblo a lo ancho para ir a visitar la estación de trenes, pero la gente seguía allí, ocupando terrenos en los que apenas cabía una carpa… y sentimos que no era lugar para fotos turísticas… Pronto tuvimos hambre porque ya era la hora del almuerzo, así que fuimos a un restaurante de la avenida principal, llamado La Huella. El menú del día eran marineras! Sergio las comió con fideos tostados y yo con arroz y verduras. Todo venía acompañado con sopa de avena y gelatina de postre ($20 c/u), más las bebidas. Riquísimo!


Con la panza llena volvimos al hospedaje y dormimos una siesta de aquéllas. Más tarde preparamos las mochilas y fuimos a tomar mate al río Grande. Mojamos los pies en el agua helada de deshielo… súper refrescante! 


Era una tarde de sol tremenda, pero con mucho viento que levantaba oleadas de tierra por todas partes. Vimos una pastora con sus ovejas y cabras, cruzando el río…


Cuando nos cansamos de sacarnos la montaña de los ojos, rumbeamos para la plaza, no sin antes comprar en el quiosquito-heladería de enfrente unas mini pastafrolas y unos bombones. Muy ricos! Sergio estuvo practicando con la quena, vimos un rato los gatos de la casa de la esquina, y finalmente enfilamos hacia el hospedaje cuando bajó el sol y se nos acabó el agua del termo. 


Descansamos un rato, miramos un poco de tele, leímos otro poco… hasta que se hizo la hora de cenar. Esta vez, probamos en el comedor de la esquina frente a la Casa del Tata, “Mavy”, donde comimos unos sándwiches de lomito completos con una cerveza bien fría.


Antes de regresar al hospedaje, dimos una vuelta. Volvimos con ganas de pedir un postre… justo la noche anterior, Neli nos había prometido unas peras al vino, y nos las llevó al patio, donde nos habíamos puesto a jugar a la generala. Estaban riquísimas, y se veían geniales con sus rulos de crema chantilly… Qué grande, Neli!



MAIMARA 2011 - Martes 9/8



Arte, historia y botánica


Respetamos el horario de levantada del día anterior y desayunamos tipo 8.30. Después nos preparamos para ir a conocer Sumay Pacha, un pueblito mínimo entre Maimará y Tilcara, a 3km. Fuimos por la ruta, aunque no es lo más recomendable ya que en algunos sectores no existe la banquina y se vuelve un tanto peligroso. Caminamos por San Pedrito, casi llegando a Sumay, pero allí tampoco hay demasiado “camino”.

Sumay Pacha es un pueblo aún en construcción y expansión, casi simplemente un puñado de casas arrojadas al pie de los cerros. Miramos un poco, pero no recorrimos. Una camioneta bajó gente en el pueblo, y como teníamos ganas de seguir hasta Tilcara pero no de seguir caminando, le consultamos al conductor y por $2 c/u nos alcanzó hasta la entrada.

Tomamos unos mates en la plaza, miramos un poco la feria de artesanos y luego visitamos el museo del pintor José Antonio Terry en la esquina. Vimos las espectaculares pinturas, realizadas en distintas partes del mundo y también en Tilcara, y recorrimos el solar que alguna vez fue su casa, las enormes habitaciones, su atelier en la terraza… También pudimos ver obras de otros artistas, contemporáneos y locales. Nos gustó mucho todo, fue un lindo paseo.

Teníamos algo de hambre, fuimos hasta la otra esquina en la misma cuadra frente a la plaza, y entramos a la Peña de Carlitos. Comimos riquísimo! Unos papines con queso de cabra, una humita, un tamal, y unas empanaditas de llama y de humita. Tomamos una fresquísima cerveza. 


Necesitábamos caminar un poco, así que fuimos para el lado del puente sobre el río Huasamayo… nos desviamos del camino y casi salimos a la ruta! Tuvimos que dar una gran vuelta y retomamos hacia el puente. Mal que me pese, es la segunda vez que me pierdo yendo hacia el puente. Hacía mucho calor y habíamos caminado tanto que cuando llegamos ya no podíamos estar más al sol, por lo cual bajamos al río, que en realidad era más un hilo de agua, nos refrescamos un poco la cara y nos tiramos a la sombra a descansar sobre cómodas rocas.

Nos pareció un despropósito estar tan cerca del Pukará (a 300m) y no visitarlo, así que después de recuperar el aliento, nos levantamos y fuimos hacia allá. Pagamos los $10 de entrada y lo recorrimos todo por completo, hasta la bajada a los antiguos corrales y la vuelta por el cerro hasta la entrada. 


Aprovechamos que ya estábamos allí y visitamos también el jardín botánico de altura, mirando todas las plantas de la región y sacando fotos. 


Salimos de allí, completamente muertos de cansancio… y terminamos en el local de instrumentos musicales que está enfrente del Pukará, comprando una hermosísima quena de madera + libro + CD para aprender a tocar.
Finalmente remontamos con mucho esfuerzo el camino hasta Tilcara, para tomar en un cafecito un capuchino con algo para comer y así recuperar algo de fuerzas. No podíamos más!! Regresamos a Maimará en un taxi compartido ($3 c/u).


En la Casa del Tata nos dimos una reparadora ducha, descansamos un poco y se hizo hora de cenar. Como ya no teníamos más ganas de caminar, cenamos ahí unas empanadas de carne, pollo y una humita deliciosa!







domingo, junio 03, 2012

MAIMARA 2011 - Lunes 8/8


Conociendo gente en Maimará


Queríamos aprovechar el primer día, así que nos levantamos tipo 7.30. Amaneció bastante fresco… Nos acercamos a las mesitas con ventana al patio, donde tomamos un riquísimo desayuno con medialunas caseras, tostadas con manteca y dulce de manzana casero. Luego le pedimos a Nélida, la dueña, que nos pusiera agua a calentar para el termo y salimos a visitar la Bodega y viñedos Dupont


La caminata no es para nada difícil, pero hay que cuidarse del sol y el calor, pues por el camino no hay casi sombra. Rápidamente el día se fue poniendo caluroso… Bordeamos el Río Grande hasta el fondo, hacia el norte, lo cruzamos y vimos la entrada a los viñedos. 
 
Pasando las primeras vides llegamos a una casita, donde nos recibió Fernando Dupont, el dueño, porteño como nosotros. Nos comentó un poco sobre los viñedos, el cultivo, la poda, el riego con agua propia de pozo, que hacen subir por el cerro y luego bajan hacia el terruño, y también sobre la limpieza que requieren las raíces ya que el agua es ligeramente salobre y se deposita en ellas. Su mujer Amelia, cálida maimareña, nos llevó a conocer la bodega y nos explicó paso a paso la elaboración artesanal de sus vinos. Son todos trivarietales (Cabernet, Syrah, Malbec) de alta calidad, ya que el terruño es chico. Al terminar el recorrido, entramos en la casita donde podíamos ver los vinos en venta. Compramos tres vinos y emprendimos la vuelta.

En el camino de regreso paramos un ratito al lado del río, nos sentamos sobre un muro, con los pies colgando hacia el agua. Tomamos unos riquísimos mates y luego volvimos al pueblo. Dejamos las cosas en la habitación y fuimos a almorzar al comedor de la pensión Los Parrales. Comimos unas empanadas con cerveza, mientras una gataza de ojos verdes, tricolor y peluda se nos acercaba a pedir mimos, y terminaba en mi falda ronroneando y rebozándose… 

Por primera vez en Maimará, dormimos la siesta. Más tarde salimos a caminar, y fuimos hasta la antigua estación de trenes. Todo el lugar estaba ocupado con asentamientos, por un problema de tierras que afectaba todo Jujuy, y como había mucha gente preferimos no sacar fotos en ese momento.  Recorrimos un poco el pueblo por la parte elevada, la que está al lado de la ruta… Volvimos a bajar y nos sentamos en la plaza, comimos mandarina mientras los chicos que habían salido de la escuela jugaban. Caminamos otro poquito y compramos algo fresco para tomar y unas galletitas. Enseguida se levantó mucho viento y, como estaban haciendo obras en la calle principal, volaba la tierra por doquier. Volvimos al hospedaje y vimos un poco de TV, mientras hojeábamos el menú del restaurant de la Casa del Tata.

Alrededor de las 20.30, nos acercamos al restaurant. Yo comí bife de llama con revuelto de mote, huevo y cebolla. Sergio, una milanesa de llama con papas fritas. Acompañamos con un riquísimo vino Punta Corral de la Bodega Dupont. Cuando terminamos de cenar y mientras terminábamos de vaciar nuestras copas, se acercó la dueña, Neli, y charlamos con ella un muy buen rato. Llegamos a nuestra habitación a la medianoche… cansados de nuestro primer día de recorrida…

miércoles, mayo 30, 2012

MAIMARA 2011 - Domingo 7/8


Viajes y viajes… Buenos Aires – S. S. de Jujuy - Maimará

Nos levantamos alrededor de las 8.30 para terminar de preparar todo y salir finalmente de vacaciones.  A las 11 nos pasaron a buscar por casa mis suegros, y nos dirigimos al Aeroparque. Había un poco de gente haciendo cola para el check-in, así que tuvimos que esperar bastante. Una vez hecho, almorzamos en el patio de comidas los cuatro. Un poco más tarde nos subíamos a un avión ultra nuevo de Austral. Nos dieron un sándwich riquísimo y un alfajor, vimos videos todo el viaje.

A las 16 llegamos a Jujuy. Tardamos un poco en salir del aeropuerto y perdimos la combi que llevaba gente a San Salvador de Jujuy. De todas formas, conseguimos un taxi que nos llevó por el mismo precio de la combi $30 c/u. Después de una hora de viaje, llegamos a la terminal de ómnibus de Jujuy, donde compramos pasaje a Maimará en Evelia ($17). Ya sentíamos las vacaciones… Viajamos escuchando música, mirando los pueblos, las vías muertas y los paisajes ya tan familiares para nosotros.

Maimará nos recibió alrededor de las 19.30. El bus nos dejó en la ruta, al costado del pueblo, desde donde bajamos por una escalerita de piedra que parecía interminable. Ya había bajado el sol pero se notaba que había sido un día caluroso. Caminamos con nuestro equipaje hasta la Casa del Tata, donde teníamos nuestra reserva, un hostal precioso, impecable y con restaurant. Las habitaciones son muy lindas, están muy bien decoradas y con hermosos muebles. Afuera tiene un sueño hecho patio…

Acomodamos un poco nuestras cosas y nos tiramos un ratito a descansar. Antes de salir, nos dieron en el hostal unos folletos interesantes y un mapa completo de Maimará (cosa que nunca antes habíamos conseguido). Súper útil para recorrer!! Salimos a comer… Fuimos hasta la plaza central, y en los puestitos de comida compramos unos riquísimos sándwiches de milanesa con tomate y huevo a la plancha. Cenamos ahí mismo, en la plaza. Más tarde caminamos un poco por la calle que bordea la plaza por detrás, San Martín, y volvimos al hostal para una ducha caliente, un poco de TV y una buena noche de descanso.

martes, octubre 25, 2011

lunes, julio 11, 2011

Nuestra visita a Colonia Ituzaingo (Formosa)



Sábado 08/01/11

Sergio y yo, nos encontramos en Retiro con Maru, listos para subirnos al micro que nos llevaría hasta la ciudad de Formosa.

Fue un viaje agotador, de más de 16 horas, en las cuales tuvimos mil demoras esperando gente en distintas terminales de la provincia de Buenos Aires. El micro (de la empresa Itatí) estaba bastante descuidado, sucio y no todos los asientos podían reclinarse. Por suerte, pudimos dormir bastante.


Domingo 09/01/11

En medio de un calor agobiante, llegamos a Formosa e inmediatamente buscamos un hospedaje económico para dormir esa noche. Encontramos uno relativamente cerca de la terminal y reservamos dos habitaciones triples con baño privado, ya que esa noche llegaban los otros chicos, las Merys y Fede, que viajaban en camión con Mauro, el chofer. Era una casita familiar con unas 4 o 5 habitaciones, con horno para cocinar y aire acondicionado en cada habitación. Nos dimos una renovadora ducha y salimos a pasear por la ciudad y encontrar dónde comer. Caminamos unas 30 cuadras, compramos pan y fiambre para hacer sandwiches y nos fuimos a sentar al boulevar, donde un perro simpático nos hizo compañía, le convidamos algo de comida pero parecía que no tenía hambre.

Más tarde volvimos a salir para el mismo lugar. En una carnicería que estaba cerrada, nos saludó un gatito bebé que se trepaba a la reja desesperado por mimos. Compramos comida para cocinar esa noche, cuando llegaran los chicos y volvimos al hospedaje.

Descansamos un poco y por tercera vez en el día, salimos a caminar, esta vez caminamos un poco más, llegamos a las plazas principales, feria artesanal y la costanera. Había mucha gente paseando.

Al volver al hospedaje nos comunicamos con los chicos, que todavía les faltaba un buen trecho, y después de un rato de descansar, nos pusimos a hacer unas pizzas y poner una mesita en la vereda para comer después.

Los chicos llegaron finalmente, tarde, con hambre, sueño y pasados de cansancio, después de las 24 horas de viaje en camión. Cenamos mientras nos contaban el viaje, comimos chocolate de postre y al fin, a dormir con el aire acondicionado.


Lunes 10/01/11

Nos levantamos bien temprano, porque teníamos que encontrarnos con Mauro en la salida de la ciudad, quien nos alcanzaría hasta el punto en que Ramona, la directora de la escuela de Colonia Ituzaingó, nos levantaría con cajas y equipaje para llevarnos al Centro de Salud.

A eso de las 10 de la mañana llegamos a Colonia Ituzaingó, descargamos las cajas en el Centro de Salud, y nos dispusimos a abrir las dos viviendas (una es el Centro de Salud propiamente dicho y la otra, la casa para la enfermera o el médico), cerrar todas las ventanas y desinsectizarlas con Deltafog. El producto requería 2 horas de todo cerrado y luego 2 horas más ventilando.

Según el estado de las casas (en especial de la cocina y el baño), elegimos el Centro de Salud como nuestro nuevo hogar. Mientras esperábamos las horas del veneno, fuimos a ver el patio trasero y los pozos de agua, también echamos otro insecticida, X-Fin, en la parte de afuera de las viviendas, para intentar eliminar al menos algunos centenares de hormigas. En el medio de nuestra actividad y espera, nos vino a buscar Ramona para invitarnos a almorzar en la escuela, que funciona todo el año como comedor para los chicos que lo necesiten.

A la vuelta, todavía faltaban un par de horas para poder entrar a nuestra casa y ponerla habitable. Mientras tanto, nos dedicamos a limpiar los patios internos para poder acomodar nuestras cosas.

Una vez que pudimos entrar, comenzamos a limpiar el Centro de Salud de punta a punta y los muebles que había ahí, sacando agua del pozo con un balde (agua no potable, ya que habían estado destapados por mucho tiempo), y haciendo algún recreo para tomar mate y gaseosas o jugar al carnaval para refrescarnos, con unas pistolitas de agua que Fede había traído.

En un momento, descubrimos que nos habían invadido el jardín (o pastizal, mejor dicho) un montón de chivos! Se fueron después de un rato. Poco antes de las 7 de la tarde, se largó a llover con toda, y hubo que acomodar rápidamente las cajas y mochilas que teníamos afuera, en los patios internos. Aprovechamos también el agua de lluvia para enjuagar algunos muebles que quedaban, e incluso las Merys se lavaron la cabeza bajo uno de los chorros de agua que caían del techo.

Después de instalarnos, e improvisar un mosquitero con tul y cinta en la ventana, nos dormimos pasada la medianoche, con las chicharras golpeándose contra las ventanas.


Martes 11/01/11

Día de jardinería y plomería. De a poco fuimos desmalezando y poniendo prolija la entrada, limpiamos la vereda lo más posible. También vinieron unos chicos con unos machetes, que tiraron abajo 2 plantas de atrás que bloqueaban los pasos.
 
Pili, un señor que tenía una motoguadaña se ofreció a cortar el pasto del frente, junto con un grupito que trabajaba con él.

Después de enterarnos que la manguera negra que salía de la tierra traía agua potable, intentamos subirla al tanque de agua del techo, usando unos caños de pvc que habíamos sacado del fondo, bolsas de plástico y cinta aisladora. Finalmente, después de pasar lindo calor en el techo de chapa, las Merys lo lograron. También intentamos arreglar las canillas del baño, pero con eso no tuvimos tanta suerte… El bidet parecía una fuente de una plaza, hubo que llenarlo de tapones, y al último que se bañó ese día le salió volando el tapón de sidra que habíamos usado para el agujero de la ducha.

Ese día, a las 18, hubo misa en la capilla y nos invitaron. Mery fue en representación de todos, mientras seguíamos trabajando, y en la ceremonia nos dieron la bienvenida y agradecieron que estuviéramos ahí.

Mery y yo pasamos por lo de Roberta, a compartir unos tererés, conocer todas las plantas que tenía al fondo y ver las ropitas que había hecho últimamente. También nos llevamos unos gajitos de una planta muy linda, para intentar hacer unos plantines en el Centro de Salud. Y eso fue lo que hicimos, apenas volvimos.


Miércoles 12/01/11

Hizo muchísimo calor durante todo el día, al mediodía sacamos el ventilador al patio, mientras comíamos. Limpiamos la habitación que nos faltaba del Centro de Salud y también la vivienda. Sacamos toneladas de basura, nidos con larvas secas de vaya uno a saber qué y mil cosas viejas que no servían para nada.

El equipo motorizado volvió ese día, los invitamos a almorzar, no comieron nada pero sí tomaron algo y Pili se quedó con nosotros un buen rato. Cuando se fue nos quedamos prácticamente tirados en el mismo lugar. Era tal el calor que sólo podíamos quedarnos a la sombra y quietos. Hubo que descansar bastante hasta que bajara un poco el sol.

Tuvimos a los pollos de Mimí (del almacén de enfrente) de infiltrados en la vivienda. Hicimos un locutorio móvil, colgando un balde del techo de un patio, para que los celulares quedaran suspendidos donde había algo de señal.

También nos dedicamos a sacar todas las baldosas rotas de la vereda y limpiarla de pasto (había 2 líneas de baldosas totalmente tapadas por el pasto crecido sobre ellas).

Además de empezar a cortar el pasto del fondo y sacar los troncos que quedaban de las plantas macheteadas, el equipo de la motoguadaña, prendió un fogón a la tarde para quemar la basura. Mientras se quemaba todo, tomábamos unos frescos tererés con ellos, al son de las frenéticas chicharras.


Jueves 13/01/11

Sergio se animó con la garrafa de la cocina y logró que tuviéramos gas en el anafe para poder cocinar! Ese mediodía pudimos calentarnos los rejuntes que veníamos acumulando de las comidas de Ramona.

A la tarde continuamos sacando maleza, sobre todo de la parte de atrás, de donde también sacamos unos cuantos ladrillos enteros que luego usamos para hacer un nuevo piso, en el barrizal que nos había quedado en la entrada.



Viernes 14/01/11

Amaneció un día de calor infernal… sin exagerar. Los chicos habían organizado para ir a una fiesta que se organizaba en un pueblo vecino, en el camión con Mimí. Sergio y yo nos quedamos, pues yo tenía la presión por el suelo, o más abajo. Después de pasar horas tirados en los colchones con el ventilador apuntándonos, de repente, nos quedamos sin ventilador! Se había cortado la luz! L El cielo estaba negro, muy negro… y poco después del mediodía, se largó a llover. Diluvió un buen rato, y hasta granizó!

Más tarde, cuando ya el cielo se despejaba, salimos a dar una vuelta, nos embarramos bastante y al ratito de volver, nos visitó Pato, que traía unos panes caseros y un termo con agua caliente para tomar unos amargos con nosotros. J Con él salimos nuevamente y fuimos hasta el puente desvencijado y todo roto. Un peligro. Volvimos al centro a seguir tomando mates y llegaron los chicos de la fiesta… convertidos en una fiesta de barro hasta las rodillas! Por lo menos se habían divertido! Esa noche, comimos una picadita en la cocina, más tarde vinieron los de siempre a compartir unas cervezas y un poco de música.


Sábado 15/01/11

Nuestro último día en Formosa… Sergio y yo volvíamos a Buenos Aires. Fuimos a almorzar a lo de Ramona, y su marido nos alcanzó después hasta Laishi, con unos riquísimos sandwiches de milanesa que Ramona nos había preparado para el micro.

En Laishi nos tomamos un remis, tuvimos que esperar un rato sentados en sillas en la vereda, pues el chofer estaba terminando su siesta. Levantamos por el camino una pareja más y finalmente nos pusimos en camino a Formosa capital.

Otro micro de la misma cochina empresa nos aguardaba, donde hasta pasar todo chaco no funcionó el aire acondicionado, así como también otras 17 horas aproximadas de viaje a la gran ciudad.



lunes, abril 05, 2010

DIA 15: El final de las vacaciones :(

Desayunamos y preparamos todo nuestro equipaje. Nuestro avión salía a las 15.30, pero queríamos estar temprano en el aeropuerto para almorzar allí, ya que nuestras empanadas de la noche anterior habían desaparecido…
Hicimos más rápido de lo que pensábamos, salimos, tomamos un taxi en la calle y aún no eran las 12 cuando llegamos al aeropuerto. Parecía un aeropuerto fantasma, todo estaba cerrado, todo desierto… De no ser por las personas de seguridad, éramos los únicos. Nos sentamos a leer. Alrededor del mediodía empezó a haber más gente y a las 13 fuimos a comer al único bar del aeropuerto.
Finalmente se hizo el momento de subir al avión y pasar las 2 horas que quedaban para Buenos Aires.

DIA 13 Y 14: De regreso en Salta

No perdimos el tiempo esa mañana y nos levantamos con el tiempo justo para volver a la ciudad de Salta, en un ómnibus que salía a las 10 hacia San Salvador de Jujuy, donde teníamos que conseguir otro pasaje a Salta. Pero hicimos tan rápido que nos tomamos el de las 9.20, mucho mejor. En una hora ya estábamos en Jujuy, conseguimos pasaje para las 12.
A Salta llegaríamos a eso de las 15, paramos a comer en el mismo puesto en el que almorzamos el primer día de viaje. Luego emprendimos la búsqueda de hospedaje. Después de varias cuadras de caminata, conseguimos un lindísimo hostal a 6 o 7 cuadras del centro, Hostal La Linda. Allí dejamos nuestras cosas y descansamos un rato.
Salimos a caminar más tarde, por las peatonales de Salta y alrededor de la plaza 9 de Julio, compramos algunas cosas ricas regionales. Esa noche comimos pizza en un bar de esquina, cerca de nuestro hostal.
El día siguiente fue bastante parecido al anterior, caminamos y caminamos Salta, sin demasiado que hacer, recorrimos del lado del Cerro San Bernardo donde hay un barrio de casas muy bonitas, volviendo al hostal a la hora de la merienda (que también estaba incluida en la tarifa diaria). El almuerzo fue muy bueno, en un restaurante parrilla, comimos una parrillada para dos. Y a la noche volvimos al bar de la noche anterior, donde compramos empanadas. Las comimos en el comedor del hostal, dejando un paquetito para el almuerzo del día siguiente.

miércoles, marzo 31, 2010

DIA 12: Purmamarca

El desayuno fue con pan, queso de cabra y mermelada… Los tres lo tomamos en la cocina que es de uso de la familia. Después salimos a esperar el colectivo en la calle principal. Cerca de las 10.30 nos bajamos en Purmamarca, mientras nuestro compañero seguía viaje hasta San Salvador de Jujuy.
No tuvimos ganas de buscar hospedaje así que solamente averiguamos en la entrada al pueblo, en Mama Coca, y ahí nos quedamos, en una habitación con dos camas.
Después de dejar nuestro equipaje, recorrimos un poco el pueblo y fuimos a hacer el Paseo de los Colorados y Mirador El Porito. Era un día de sol espectacular para esta excursión. Una caminata suave y casi sin esfuerzo, de aproximadamente 1 hora, recorriendo los cerros colorados por la tierra arcillosa. Desde El Porito se puede ver un fondo hermoso del Cerro Siete Colores y todo Purmamarca.
Bajamos de nuevo al pueblo, justo para el inicio de un acto en la plaza, por el día de la Memoria (era feriado nacional ese día). Hablaron familiares de desaparecidos, hubo unos bailarines, poesía y música. En medio del acto fuimos a comprar unas empanadas por ahí cerca. Está todo muy caro…
Después de una breve siesta, nos fuimos a recorrer Purmamarca entero (lo cual no es muy difícil ya que es muy pequeño). No está como lo recordaba. Ahora está plagado de nuevas construcciones, hosterías, hoteles y posadas de lujo, todo carísimo, una galería de compras super elegante… Todo pensado para quienes vienen con dólares o euros, nada pensado para el turismo local. Purma ya no es la misma… Me da tristeza que se copen estos lugares con construcciones o estilo de vida que no van con el paisaje, no combina con la cultura local o el estilo de vida del poblador original de Purmamarca. Y eso que Purmamarca significa “pueblo de la tierra virgen” o “pueblo del desierto”; lamentablemente, ya poco queda del significado de su nombre.
Algo desilusionados por tanto cambio, nos sentamos otro rato en la plaza a descansar, y al ratito volvimos al hostel, donde tomamos mate y jugamos a las cartas en el patio, mientras esperábamos que llegara la hora del agua caliente para las duchas.
Para la cena, fuimos a una rotisería, donde pedimos un plato de locro y otro de tallarines. Comimos en la pieza del hostel y después de otro partido de cartas, nos fuimos a dormir.

DIA 11: Otro día en Maimará

Un día más con sol y ni una sola nube, ni siquiera una minúscula. Desayunamos en el hostel y después juntamos todas nuestras cosas para mudarnos de hospedaje. Nuestro compañero se mudaba con nosotros, a otra habitación, ya que le habíamos comentado de nuestro descubrimiento.
Era una mañana para caminar, así que de entre todas las actividades que había, elegimos ir a ver las Quintas de San Pedrito. Era una caminata breve, muy descansada y muy linda. Es un placer enorme ver los enormes cultivos con los cerros coloridos de La Paleta del Pintor en el fondo. En menos de una hora, ya estábamos regresando al hospedaje, donde nos pusimos a lavar ropa (ya era hora), colgándola en la cuerda del patio. Minutos más tarde nos pusimos a cocinar un arroz con cebolla. Menos mal que empezamos temprano porque la garrafa tiraba un hilo de gas, y tardó dos horas en cocinarse!
Debido a la demora del almuerzo, nuestra siesta se redujo a 30 minutos. Después nos preparamos para ir caminando hasta el Cementerio y luego al Puente Natural.
Subimos por la calle principal, girando luego a la izquierda, hacia la ruta 9. Allí, al lado de la ruta, se encuentra el pintoresco cementerio de Maimará, enclavado en el cerro. Pasando el cementerio, cruzamos la ruta y el camino se abre para ir al Antigal Iruyito o al Puente Natural. Para ir al Puente Natural, el camino es una subida suave pero constante, sin posibilidad de sombra. En total, desde que comenzamos a caminar, tardamos 1 hora en llegar al lugar. Es posible que con algo de nubes y menos calor, se tarde un poco menos.
Las piedras pintadas de blanco van marcando el camino hacia el puente… Hasta que en una curva del caminito de piedras, el paisaje se abre por el maravilloso puente creado por el viento y los años de desgaste de la piedra. A la vuelta, cuando se retoma el camino por el cual vinimos, se ve de frente la Paleta del Pintor, iluminada completamente por el sol de la tarde que realza todos sus colores.
Al llegar al hospedaje conocimos al dueño de casa, con quien nos quedamos charlando mucho tiempo, sobre todas sus excursiones, algunas de varios días en la montaña, por casi todo Jujuy: la quebrada, las yungas. Nuestro compañero llegó de su paseo y se sumó a nuestra charla, luego el casero trajo su notebook y nos mostró toneladas de fotos sobre todo lo que nos había contado. Impresionantes! Cuando nos dimos cuenta, era la hora de ir a cenar. Con nuestro amigo nuevo y recomendados por el dueño de casa, fuimos a una cuadra de allí a comer al comedor “El Amigazo”. Por muy poco dinero cenamos un plato rebosante de guiso de fideos y sopa de avena. Muy rico, algo picante.
Cuando salimos de ahí, ya no hacía tanto frío. Volvimos al hospedaje y nuestro compañerito tuvo problemas para abrir la puerta de la habitación. Tuvimos que pedirle ayuda a quienes nos hospedaban, pero tampoco pudieron abrirla. La cerradura estaba trabada, probamos todos con dos copias de la llave, probaron también con una barreta, destornillador haciendo palanca, taladro y hasta trajo la amoladora por si hacía falta. Vino hasta el perro de la familia, a ver si podía ayudar en algo, y nos miraba con cara de susto y salía corriendo. Mientras todos jugábamos a ver quién lograba abrir la puerta, el dueño de casa nos contaba que esa vivienda tenía más de 100 años, que antes de que ellos llegaran pasaba mucho tiempo cerrada durante el año. También nos contó que cuando él llegó a instalarse con su familia, la perra pasó varios días asustadiza, se paraba en el medio del patio ladrándole a la nada, bajo la parra, como si hubiera alguien al fondo. Justo después de esos comentarios de cuento de terror, enchufaron el taladro al alargue, saltó una chispa que hizo saltar la térmica y de repente nos quedamos todos a oscuras en el patio… Fue muy cómico, parecía cosa de Mandinga, todos pensando “lo que faltaba!”. Por suerte no hizo falta usar la amoladora y destruir media puerta. Después de varias destrucciones a la cerradura y al marco de madera, finalmente se destrabó y se pudo abrir!
Como la noche estaba preciosa, el cielo se caía de estrellas y ya no hacía casi frío, los tres salimos de la casa y nos fuimos a charlar un rato a la calle, antes de ir a dormir.

DIA 10: Maimará

Tardamos un poco en levantarnos y dejar el hospedaje, ya que esta vez el que se sentía mal era mi novio. Esa mañana pensábamos ir al Pukará, pero no teníamos fuerzas, así que preferimos ir directamente a la terminal de ómnibus, a sacar un pasaje para nuestra esperada Maimará.
Una hora y media después, ya nos encontrábamos en camino hacia allá. Paradójicamente, el viaje duró tan solo 5 minutos. Llegamos a Maimará en pleno mediodía, el sol estaba terrible y el calor era una patada en la cabeza. Era como llegar a un pueblo fantasma, a esa hora y con esas condiciones climáticas, obviamente no había nadie en la calle. Esperé en la plaza, con todo el equipaje, mientras mi novio buscaba hospedaje. Después de algunas vueltas, encontró el hostel Flor de Maimará, que era el único que encontró abierto. Yo estaba a punto de desmayarme del hambre… Compré galletitas y fiambre y comimos ahí en la plaza unos mini sándwiches antes de emprender la caminata al hostel.
En el hostel nos recibieron los brasileños que lo manejaban, quienes además de mostrarnos nuestra habitación y comodidades, nos dieron a ver una carpeta en la que se resumían las diferentes actividades o excursiones que podían hacerse en o desde Maimará. Muy buenos datos y todo muy completo.
Dormimos un poco hasta las 4 de la tarde, luego salimos a dar unas vueltas, buscando comprar algo para el dolor de cabeza que teníamos. La farmacia, cuyo cartel decía que abría a las 5, abrió alrededor de las 6.20. Allá, es así… Aprovechamos el paseo por la calle principal para buscar un hospedaje un poco más económico, y encontramos una preciosa y antigua casa: el hospedaje “Qori Huasi”. Allí podíamos usar la cocina y teníamos habitación matrimonial para nosotros solos.
De regreso a Flor de Maimará, tomamos un té en el saloncito comedor para tratar de aliviar nuestra dolorida cabeza. Además, hacía un poco de frío… Como teníamos antojo de comer pizza, temprano, tipo 8, salimos a buscar dónde comprarla. En la plaza principal, en el costado derecho hay unos puestitos donde venden comida a la noche: hamburguesas, pizzas, sándwiches de lomito, etc. Ahí conseguimos una rica pizza con jamón, hecha por una señora muy amable que recién abría el puesto. La llevamos para el hostel y cenamos ahí, en el mismo saloncito.
Justo en el medio de nuestra cena, llegó un chico que se convertiría en nuestro compañero de habitación y con el que enseguida hicimos buenas migas. Le indicamos dónde podía comprar comida y nosotros aprovechamos la TV del hostel y vimos un poco de tele. Más tarde ya nos íbamos a acostar pero nos entretuvimos jugando a las cartas. Llegó nuestro compañero de cuarto y nos quedamos hablando como 1 hora entera de nuestros viajes.

DIA 9: Último día en Tilcara

Otro día de calor y pleno sol. A la pizza de la noche anterior le faltaba ¼… se ve que alguien había llegado con hambre. Desayunamos por última vez en el hostel y nos preparamos con todo para ir a La Rosa, donde habíamos pagado nuestra tercera noche en Tilcara. A eso de las 10.30 ya estábamos instalándonos allí, acomodamos un poco todo y dormimos un rato.
Interrumpimos la siesta matutina para almorzar la pizza que nos habíamos cocinado la noche anterior. Riquísima. Como hacía mucho calor para salir al mediodía, decidimos continuar la siesta otro rato más. Teníamos pensado ir de excursión a la Garganta del Diablo pero a esa hora era el mismísimo infierno…
A eso de las 3 de la tarde salimos a buscar un remis que nos llevara a la Garganta. Actualmente se encuentra cuidada y controlada por una comunidad nativa llamada Ayllu Mama Qolla (aproximadamente 80 habitantes), quienes cobran un mínimo bono para mantener este y otros lugares del sitio en el que viven.
Como la temporada de lluvias ya había terminado, el río que baja por la Garganta, era un fino arroyo rodeado de piedras y montaña. Caminamos río arriba buscando El Chorro, es decir, la cascada original que colabora en el cauce del río Huasamayo. 20 minutos más tarde llegamos al Chorro, estuvimos allí unos minutos. El sol se escondía rápidamente y a la sombra estaba bastante fresco. El camino de regreso lo hicimos a pie, por un camino peatonal que hay bajando el cerro, disfrutando de unos paisajes impresionantes, con la vista al fondo de la imponente Quebrada de Humahuaca.
Llegamos agotados a La Rosa, tomamos un té de coca, jugamos un poco a las cartas, compramos un par de cosas en la despensa más cercana (repelente, por ejemplo) y un rato después comenzamos a cocinar una riquísima y sana sopa de arroz (ya eran dos los estómagos afectados…). Antes de dormir, nos untamos buena cantidad de repelente.

DIA 8: Segundo día en Tilcara

Por alguna razón dormimos casi 12 horas (será que las necesitábamos). Me levanté sintiéndome mucho mejor. Ese día era el Festival del Durazno y la Humita en Juella, un minúsculo pueblo a 8km de Tilcara. Desayunamos en el hostel y salimos a averiguar cómo podíamos ir… Se suponía que medio Tilcara iba a ir, pero como salimos temprano, no había nadie yendo. Desde la terminal iban a salir algunos micros pero cuando fuimos todavía no sabían el horario. Así que preparamos algunas cosas y fuimos a la plaza a esperar las camionetas o remises que se suponía salían desde allá. Una de las camionetas ya había salido a las 10.20 y la siguiente salía a las 11. Esperamos y esperamos hasta esa hora pero pasaban los minutos y no venía la dichosa camioneta. Justo escuchamos que pasó un señor juntando gente para un remis a Juella, y una señora al lado nuestro le dijo que sí, así que ahí nos unimos.
Mientras llegábamos a Juella, los pasajeros (locales) nos contaban las atrocidades sobre la minería química y la explotación de uranio que quieren hacer en los cerros que nos señalaban por la ventanilla. Sumamente triste, sobre todo porque son pocas las voces… Espero que se vayan sumando más y más, antes de que sea tarde y nuestros nietos y bisnietos se queden sin esa maravillosa vista de cerros de colores.
Llegamos a Juella y por un caminito de tierra nos dirigimos al galpón donde se daba la fiesta. Afuera había puestos de comida (asado de cordero, tamales, “salchi-papas”, y duraznos y humitas, por supuesto!). Llegamos justo cuando todo comenzaba: izaban la bandera y luego cantamos el himno, en su versión de música con instrumentos norteños… y compartir ese momento con los dueños de casa fue inigualable, se me puso la piel de gallina. Allí estábamos, cantando todos juntos el himno nacional como en un acto escolar, mirando la bandera que nos une a pesar de las diferencias, en un pueblito mínimo rodeado de cerros de colores y perdido entre los cerros de la Quebrada de Humahuaca. No tiene precio…
Nosotros habíamos llevado sándwiches pero también compramos unas humitas para probarlas. Íbamos a ser los más idiotas si en la fiesta en su honor, no probábamos una!! Estaban deliciosas! Entramos al galpón, buscamos lugar en un tablón y comimos ahí. Los duraznos los probó mi novio… Toda la tarde pasaron copleros y copleras, bandas musicales y se armaba baile cada dos por tres. Incluso bailamos un poco, hasta que estuvimos agotados. Un rato antes de las 8 de la noche, casi cuando terminaba el espectáculo de músicos, nos volvimos para Tilcara. Pero el baile arrancaba a las 10 de la noche, aunque ya no teníamos fuerzas para regresar. Encontramos un remis en la entrada del predio, con más gente que volvía a Tilcara.
Cenamos en un restaurant en Tilcara, muy elegante y en medio de una galería de compras, esperando que pudieran cobrarnos con tarjeta de crédito. Pero el lector dio error y tuvimos que pagar en efectivo, sin opción. Apenas pude cenar una pechuga de pollo a la plancha… el estómago seguía sensible.Más tarde volvimos al hostel, jugamos a las cartas, cocinamos una pizza para el día siguiente, de nuevo jugamos a las cartas y enseguida se hizo la 1 de la madrugada. Nos fuimos a dormir, o al menos eso intentamos. Había tantos mosquitos que cuando nuestras compañeras de cuarto (3 chicas que habían llegado ese día) volvieron a las 5 a.m., nos encontraron despabilados buscando los molestos bichos. Por suerte, las chicas nos prestaron repelente, nos embadurnamos todos y pudimos dormir.

martes, marzo 30, 2010

DIA 7: Tilcara

Nos levantamos temprano. Yo desayuné solamente un té de manzanilla, los días de calor que pasamos, las caminatas al sol, me afectaron un poco el estómago. Durante el resto de la mañana, sólo me mantuve en pie con agua mineral. Preparamos todas nuestras cosas, dejamos las mochilas en el patio del hostal y salimos a caminar.
Subimos al cementerio de Humahuaca, a ver la tumba de Vilca. También ahí pudimos ver la de Edmundo Zaldívar, el creador del carnavalito “El Humahuaqueño”. Después bajamos y compramos un par de cosas básicas, caminamos un poco más y volvimos al hostal. Al llegar el mediodía comimos lo mismo de la noche anterior e hicimos algo de tiempo en el patio del hostal. Finalmente fuimos a sentarnos en la plaza frente a la terminal, a esperar nuestro micro de las 14.
Después de una horita de viaje, estábamos en Tilcara. El sol y el calor se sumaban a mi malestar. No quisimos caminar mucho, así que averiguamos por hospedajes económicos en la Dirección de Turismo. Terminamos en el hostel Tilcara. Más tarde recorrimos averiguando otros hospedajes, en La Albahaca (recomendado por La Churita) no tenían lugar, y la cocina era una cajita de zapatos. Pero visitamos un departamento enorme que tenían arriba, hasta con terraza! De todos modos, ya estaba alquilado y era más caro. También averiguamos en La Rosa, para la tercera noche en Tilcara (en el hostel habíamos pagado dos), pues ahí tenían una habitación sólo para nosotros.
Volvimos al hostel y descansamos un poco. Después de un rato me sentí bastante mal y esa noche no cené, directamente me fui a dormir después de unos paños fríos en la frente. A las 9 ya me quedaba dormida…

DIA 6: Tarde en Uquía

Me desperté con una alergia que me acompañó durante medio día. Apenas nos levantamos y vimos el termo lleno de café que había dejado Olga en la cocina, fuimos a comprar la cena de esa noche y el desayuno: leche, pan y manteca. Después de desayunar, emprendimos camino a la excursión de Peña Blanca. Imposible parar de estornudar, tenía la nariz como un tomate al llegar al pie de la peña. Un perro peludo que nos siguió desde el puente, nos hizo de guía. Subimos a la Peña, tomamos una merienda de bananas y agua, que compartimos con el perro (además de darle también unos biscochos que nos habían quedado del día anterior) en premio por su esfuerzo y por el calor que hacía, pobrecito. A pesar de la vista increíble que se tiene de Humahuaca desde allá, no estuvimos mucho tiempo porque el sol estaba insoportable y el calor nos estaba asando el cerebro.
Almorzamos el revuelto de papa, huevo y salchicha en el hostal e hicimos una breve siesta. Antes de las 3 de la tarde nos fuimos a averiguar cómo podíamos visitar el pueblo de Uquía (a 10 km de Humahuaca). Salían camionetas de la terminal pero finalmente pagamos un pasaje (o fracción de pasaje, mejor dicho). En 10 minutos estábamos bajando en Uquía. No demoramos más de 1 hora y media en recorrer todo el pueblito, mirar las artesanías en los dos puestitos de feria, y entrar en su iglesia. La iglesia fue lo más lindo, es pequeña y simple pero alberga un hermosísimo altar tallado en madera y con una cubierta dorada e impresionantes pinturas cuzqueñas de la época colonial, restauradas: los Arcángeles Arcabuceros.
Al regreso agarramos justo un colectivo que nos dejaba en Humahuaca y apenas llegamos fuimos a tomar un café con leche con biscochos, manteca y mermelada en el cafecito “Ser Andino”. Volvimos al hostal y nos fuimos al patio a jugar a las cartas. Olga estaba con la puerta de su casa abierta (vive ahí, pero en un departamentito separado del resto de los lugares comunes) y puso música de nuestro queridísimo Ricardo Vilca (importante músico humahuaqueño que tuve la oportunidad de conocer personalmente meses antes de su muerte en 2007…). Le preguntamos por él, si lo conocía… y comenzó a contarnos montones de cosas sobre él, cuando era chico, cuando empezó a enseñar música, cuando iba a su casa a enseñarle al marido de Olga a tocar la guitarra, etc. Nos compartió sus hermosos recuerdos sobre una gran persona, humilde, inteligente y excelente músico… Salimos a comprar un vino para la cena y a llamar a nuestros familiares. A la vuelta cocinamos unos fideos con crema y pollo. Nos quedamos hablando bastante con un viajero francés y con una pareja de porteños como nosotros. Un poco más tarde nos fuimos a preparar las cosas para el día siguiente y a dormir.

DIA 5: Humahuaca otra vez

Nos levantamos apenas pasadas las 9, preparamos nuestras cosas y salimos. Nos fuimos a comprar unas galletitas para acompañar el mate que, por supuesto, tomaríamos en nuestra queridísima plaza, mientras admirábamos los cóndores que ya volaban por allá en las alturas. Pasaron las horas… Le dejamos el equipaje a la dueña del hospedaje donde nos habíamos quedado, en su almacén que quedaba ahí al lado. Compramos nuevamente fiambre y pan, para otros sándwiches riquísimos en la plaza, para después ir hasta el puente, a esperar la salida de nuestro micro hacia Humahuaca a las 13.45.
El viaje de vuelta a Humahuaca resultó larguísimo, mucho solo y mucho calor. Traté de dormir un poco, pero lo logré apenas un rato. Llegamos y buscamos un nuevo hospedaje, porque no íbamos a volver a Río Grande después de aquella noche mala… Nos hospedamos en La Churita, en la calle Buenos Aires. Olga, la señora que lo maneja, nos compró con su modo de ser… es como una abuela. El hospedaje estaba hermoso, todo adornado con motivos norteños, con una cocina comunitaria bien grande, completa y cómoda para usar en el momento que se necesite… y teníamos una habitación preciosa y grande con baño privado, con aroma a recién limpio cada vez que entrábamos. Un placer.
Nos dimos una ducha eterna e histórica… Dejamos nuestras cosas y salimos a la feria y a los locales de artesanías, para comprar recuerdos, encargos, regalos para nosotros… Compramos de todo y llenos de bolsas volvimos al hostal para salir de nuevo pero esta vez a comprar comida para esa noche. Cenamos salchichas con ensalada de papa y huevo. Para el mediodía siguiente nos quedó un buen resto para hacernos un revuelto.
Medio abombada por el calor del día y con la cabeza fatal, nos fuimos a dormir…

DIA 4: segundo día en Iruya

Esa madrugada llovió, y durante bastante tiempo, según recuerdo. A las 8 ya no llovía, pero el clima estaba muy húmedo y algo frío también. Nos levantamos a las 10 y desayunamos en el comedor “Tu Sabor”, a una cuadra, unas riquísimas tostadas y café con leche.
Después del desayuno, paseamos por Iruya, estuvimos un rato largo en la plaza detrás de la Iglesia. Los nenes de la escuela estaban en clase de gimnasia. Se acercaba el mediodía y fuimos a buscar un almacén donde comprar fiambre y pan. Con el pan casero nos hicimos un sándwich gigante de mortadela y queso, que dividimos en dos. Almorzamos en la plaza y después de comer paseamos un poco más, visitamos la Iglesia y nos volvimos al hospedaje a dormir una siesta.
A la tarde preparamos unos mates y nos fuimos a la plazoleta al lado de la iglesia, donde unos perros acompañaron nuestra merienda con biscochos. Cuando terminamos los mates, subimos la calle Belgrano hasta arriba, bajamos y fuimos a ver el río Milmahuasi, del otro lado del pueblito. Justo ahí, donde hay unos corrales con chanchos, comienza el camino para ir a San Isidro. Dimos media vuelta, compramos una coca y chocolates y volvimos por tercera vez en el día a la plaza. Ahí nos pusimos a jugar con unos chicos que se nos acercaron y quisieron sacar fotos con nuestra cámara. También estuvimos un buen rato entretenidos en sacarles fotos a los ocho cóndores que sobrevolaban en la montaña en frente de la plaza. Hermoso!!
Se hicieron las 7 de la tarde, los chicos volvieron a sus casas y nosotros al hospedaje. Jugamos un poco a las cartas, fuimos a comprar los pasajes para volver a Humahuaca al día siguiente, y más tarde volvimos al Comedor de Tina, donde esta vez cenamos una sopita de quinoa como entrada, pastel de choclo y carbonada con queso de cabra. Una vez más, delicioso! Otro juego de cartas y a dormir.

DIA 3: Iruya

Después de una pésima noche gracias al encierro de la habitación sin ventanas, las alergias de ambos, un par de mosquitos ensañados con zumbarme en la oreja y un colchón que nos destruyó la columna… gracias al cielo salimos a la calle.
Se veía con más vida Humahuaca un lunes… Compramos queso de cabra en el mercado y fuimos a la plaza frente a la terminal a desayunar unos mates y galleta con queso de cabra. Delicioso desayuno. Mientras tanto, esperábamos la hora de partir a Iruya. Después de haber usado la lima del alicate para cortar el queso, decidimos que era muy trabajoso y fuimos a comprar un cuchillo, además de otras cositas de necesidad básica. Por último, tras esperar que el ferretero se levantara y abriera su ferretería, conseguimos un adaptador para el cargador de batería de la cámara.
Alrededor de las 11 ya estábamos en camino hacia Iruya. Al rato de comenzar el viaje hicimos una parada en el pueblo de Iturbe, a unos 40 km de Iruya. Los paisajes del camino eran increíbles, sacamos pilas de fotos. Sentí un leve dolor de cabeza seguramente por la altura (por el camino se pasa por Abra del Cóndor a 4000 msnm), pero masqué un poco de hojas de coca y se me pasó enseguida.
Las 3 horas de viaje se nos pasaron volando. El colectivo nos dejó en una bajada del camino, a 2 km del pueblo. Algunas camionetas llevaban gente por algunos pesos, pero nosotros preferimos caminar y disfrutar del paisaje a nuestro propio ritmo, aunque tuviéramos las mochilas. Casi media hora después, llegábamos al pueblo, subiendo la cuesta que es su entrada. Ahí una chica nos ofreció hospedaje – Hospedaje Jazmín, a 2 cuadras de la Iglesia - y nos llevó a conocer la habitación. Nos gustó, estaba todo super nuevo, y decidimos quedarnos ahí.
Dejamos todas nuestras cosas yo nos dimos una ducha reparadora... No tan reparadora para mí, porque como salía apenas un hilo de agua caliente de la ducha eléctrica, me lavé el pelo con agua helada en el patio. Se me congeló el cerebro por unos momentos… Salimos a recorrer un poco. Después de la noche de mal dormir y lo empinado de las calles de Iruya, se me hacía difícil pasear sin agitarme. Al rato, volvimos a nuestra habitación y nos tiramos un rato a descansar. Alrededor de las 8 de la noche, emprendimos la búsqueda de un lugar donde comer… Cenamos en el Comedor de Tina, una señora divina y que cocina como los dioses, que a cada cosa nos decía “gracias”, como si le estuviéramos haciendo favores. Comimos tamales de entrada, tortilla de quinoa con papas andinas y cazuela de cordero, platos que compartimos para probar todo. Unas porciones enormes!!! … Qué bien dormimos esa noche!