miércoles, abril 15, 2009

DIA 8: DIA DE RELAX

Nos levantamos alrededor de las 8.00 y bajamos a desayunar. No tenemos tanta variedad de comida como en Abraão, pero tomar un café con la vista perdida en el mar, digamos que suma unos cuantos puntos. De todos modos, comimos de todo un poco, dulce y salado, como siempre.

Después de algunas averiguaciones, salimos con un pequeño bolso hacia Lagoa Verde, por una trilha poco señalizada y repleta de insectos famélicos. Tan poco señalizada, que a pesar de las claras indicaciones que nos habían dado, no llegamos. En un momento el camino se dividía en 3, seguimos un poco uno de los caminos y terminamos en propiedad privada. Lentamente retomamos el principal, e íbamos a seguir otro de los caminos pero… resulta que no habíamos llevado agua, elemento que se estaba volviendo esencial en aquellos momentos en que el calor nos estaba ahogando. Así que, algo frustrados, pegamos la vuelta. En compensación por el final trunco de nuestro paseo, fuimos recompensados al ver una pequeña ardilla en el camino, que nos vio llegar, y después de unos segundos en que tanto ella como nosotros permanecimos inmóviles y sorprendidos, subió a toda velocidad a los árboles. La seguimos con la vista un poco más, pues no se escondió, sino que desde allá arriba nos miraba curiosa, tal como nosotros a ella.

Apenas llegamos a la playa grande, justo detrás de una enorme roca, vimos que el mar traía un cangrejo bien grande y rojo. Lo vimos caminar unos segundos sobre la arena, y luego volvió a irse con la ola siguiente. Seguimos caminando un poco más y finalmente nos tiramos bajo la sombra de una palmera, frente a lo de Tony Montana. Tomamos una guaraná bien fría, comimos nuestros snacks de cebolla y nos dimos un hermoso chapuzón en el mar.

De camino, paramos una vez más, en Bar da Nena, un lugar muy pintoresco. Tomamos unas cervezas, mientras veíamos que llegaban a Araçatiba unos músicos, que ahí mismo en ese bar, comenzaron a juntar mesas y a consumir grandes cantidades de alcohol.

Al final volvimos a nuestra posada, donde comentamos con el dueño, cómo nos habíamos perdido. Mientras almorzábamos unas papas fritas con rabas, Gabriel arreglaba con el hijo, a ver si esa misma tarde nos podía llevar hacia Lagoa Verde. Luego de almorzar y ver cómo el día se iba poniendo nublado, arreglamos con él para salir al día siguiente, por la mañana.

Disfrutamos una siesta y más tarde salimos a caminar por la playa grande. Nos detuvimos en la pousada Encanto da Ilha, en el restaurante. En una mesita frente al mar, tomamos unas cervezas y un delicioso jugo de abacaxi.

Caminando por la playa, en el camino de vuelta a la posada, vimos que estaban armando una pequeña tarima, con bancos y sillas de espaldas al mar. La música que sonaba por unos parlantes indicaba que se trataría de alguna celebración religiosa. Luego de la ducha ordenamos un poco, descansamos otro poco y luego bajamos a cenar.

La cena fue bestial y abundante: pescado a las brasas acompañado de ensalada, arroz, feijão, farofa (harina de mandioca tostada o frita en el mismo aceite de la comida) y un caldo con camarones. Cuando terminamos, no nos podíamos ni mover. Después caminamos un cachito por la playa, pero volvimos enseguida, mientras escuchábamos los efusivos cantos y rezos de la celebración más allá. Casi todos los restaurantes de las posadas estaban cerrados. Volvimos con Gabriel, le compramos unas latas de cerveza y un agua grande, y subimos a disfrutar de nuestro balcón. Mientras hacíamos tiempo esperando digerir un poco antes de acostarnos!

DIA 7: AL OTRO LADO DE LA ISLA

Luego de una noche agitada por las olas imaginarias de los sueños, nos levantamos muy temprano. A las 7.00 ya estábamos saliendo de la posada, con todas nuestras cosas. Compramos agua y unas galletitas, y nos quedamos en el muelle, esperando subir al barco que nos llevaba hasta Angra dos Reis. Con mucho sueño, fue una larga hora y media de viaje, en el que nos sirvieron un sorbito de café negro. Más barco, pero se aguantaba bien.

Llegamos a Angra, después de dar varias vueltas, sin saber dónde encontrar un barco que nos llevara a Araçatiba, volvimos al muelle en el que habíamos desembarcado (el de pescadores). Todos los barcos que iban hasta allí habían salido más temprano, apenas media hora antes de nuestra llegada. Parecía que íbamos a tener que esperar hasta el mediodía para que alguien pudiera alcanzarnos; ya habían pasado 2 horas desde nuestra llegada al continente. Después de tener a todo el muelle de pescadores informado sobre nuestras intenciones de viaje, conseguimos, gracias a un pescador amigo que encontró un barco para nosotros, un pequeño barquito pescador que ya estaba saliendo. Pastel en mano, subimos contentos.

Una hora después, disfrutábamos de nuestra primera vista de Araçatiba. Pagamos nuestro viaje (R$ 20 cada uno) y desembarcamos. Por recomendación de nuestro amigo pescador de Angra, nos hospedamos en la Pousada do Gabriel. Bien simple, sin ningún lujo ni nada parecido, Don Gabriel nos dio un cuarto enorme, con otras dos camitas, y un hermoso balconcito que daba al mar, con hamaca y todo. No tiene frigobar ni lugar donde poner ropa, aunque nosotros usamos las camas y los dos percheros. Nos dio un pequeño ventilador de pie, pero la brisa marina es más que suficiente la mayoría de las veces. La tarifa de R$ 120 nos incluye también el café da manhã y una comida (elegimos la cena).

Ahí mismo en la posada, una vez que desparramamos todas nuestras cosas por el cuarto, bajamos a almorzar unas riquísimas rabas con salsa. Después fuimos caminando hacia Araçatibinha, en una trilha corta y sin esfuerzo. Mientras caminábamos íbamos viendo otras posadas y campings (todos en lugares un poco más incómodos para llegar, mucha pendiente).

Araçatibinha es una pequeña playa de arena gruesa y anaranjada, que apenas tiene un muelle con plantas crecidas en todas partes, y un parador abandonado. Además había una estructura de madera, alguna vez flotante, evidentemente abandonada también. Nos tocó compartir la playa con una mamá y niños que saltaban desde el muelle, y los cangrejitos de siempre que merodeaban por allí. Nos bañamos un rato, el agua es cálida y bastante transparente, una pena que nos tocara un día en que había mucha suciedad (natural, de vegetación) llevada por el mar.


Un poco más tarde volvimos a la posada, dedicamos una hermosa siesta a la tranquilidad que nos rodeaba, nos duchamos y salimos a caminar, esta vez hacia el otro lado. Hicimos nuestra parada en lo de Tony Montana, donde tomamos unas cervezas mirando el mar. Allí había otros turistas argentinos, los primeros que veíamos hasta ese momento. En Araçatiba no hay demasiada gente por el momento, desde lejos se nota que es un lugar donde hay muchísima tranquilidad. Un placer haber venido acá después de Abraão, y no haber hecho al revés.

Volvimos a la posada para la hora de la cena. Nuestro menú: ensalada (lechuga, tomate, pepino, huevo, jamón, etc), pescado frito con papas, arroz y feijão. Muy rico. Mientras, veíamos cómo las lagartijas salían también a cenar, cerca de la luz. Después intercambiamos unas cuantas palabras en portuñol con el dueño y su hijo (que más o menos rondaba nuestra edad). Les compramos un agua para la noche y subimos a nuestro cuarto. Aún no eran las 9.00 pero nosotros estábamos muy cansados de las vueltas y viajes del día… Dormimos acunados por el sonido del mar, algo impagable.

lunes, abril 06, 2009

DIA 6: LICUADORA MARINA

Poco después de las 8 ya estábamos levantados, desayunados y listos para salir. Al lado de nuestra posada alquilamos unas máscaras de snorkel y partimos hacia el muelle, ya que debíamos estar a las 9.30 para saber si salía el paseo “Super Sul” que habíamos contratado en “Agua Viva”. Tuvimos suerte pues era un hermoso día.

A las 10.15 ya pudimos subir a la escuna, antes pasando por otras tres escunas para llegar a la nuestra. Fue el barco más grande en el que hicimos un paseo.

Salimos del muelle. Pasamos por Abraaozinho y encaramos hacia la Ilha Jorge Grego. Tardamos aproximadamente una hora y media en llegar. Pasamos por el Farol da Ponta dos Castelhanos y también vimos una piedra enorme que daban en llamar Pedra da Baléia (por su forma similar a una gran ballena). El barco daba unas grandes sacudidas, justo después de pasar por la piedra de la ballena, pues esa zona es mar abierto (cuando continúa un océano).

Finalmente llegamos a Ilha Jorge Grego, en una parada para mergulhar, sin desembarcar pues no había playa. Luego de luchar contra mi máscara de snorkel, pudimos ver unos cuantos peces de diferente tamaño y colores, y más tarde volvimos a subir al barco.

Otra vez las sacudidas del mar, unos 40 minutos hasta llegar a Dois Rios, una hermosísima playa grande, en la que desembocan dos ríos, uno en cada extremo. La escuna se detuvo cerca de la playa pero antes del rompimiento de las olas. Así es que tuvimos que nadar (ayudados por los “espaguetes” flotadores, quien quisiera) hasta la orilla, un trecho grande aunque no demasiado. Mientras tanto, nuestras cámaras de fotos viajaban en el bote a motor de la escuna, junto con aquellos que no supieran o no quisieran nadar todo eso. Nuestros sandwiches para armar, quedaron en el barco.

Había sido un viaje muy movido y ahora el sol terminaba de freír nuestros cerebros, así que buscamos al menos una leve sombra mientras nos refrescábamos en uno de los ríos. Después de un minúsculo descanso, caminamos casi hasta llegar al otro río.



Pasamos por enfrente del antiguo presidio. Tuvimos la intención de acercarnos pero descalza se me complicó bastante, pues había mucha vegetación espinosa. Dimos media vuelta regresando al punto de encuentro, donde subiríamos a la escuna.

Aquí se juntaban todos, para subir al bote a motor, y finalmente al barco. Pudimos armar nuestros sandwiches y lo comimos a duras penas, largamente zamarreados por las enormes olas. Para quien no estuviera acostumbrado a viajar con tanto movimiento, o a pasarse el día en el agua, la experiencia se estaba haciendo difícil.

Pasaron cerca de 20 minutos, hasta que llegamos a Caxadaço, playa de 15 metros de largo, antiguamente utilizada por piratas para esconderse y aprovisionarse. Apenas uno llega, comprende exactamente por qué razón la utilizaban de este modo: es notable cómo la playa no se ve hasta casi estar entrando en ella. Había también grandes piedras a un costado, donde todos trepaban para sacar fotos. Nosotros mergulhamos un poco, pero de trepar piedras no tuvimos muchas ganas. El sol ya estaba bajando su intensidad, y el agua estaba fresca. Por esto, pronto estuvimos arriba del barco una vez más.

La última parada de nuestra excursión fue sobre un lado de la gran Lopes Mendes, para otro rato de mergulho bajo el cielo que ya comenzaba a nublarse. Nosotros ya teníamos muy pocas ganas, además de que nos había dado un poco de frío, así como otras personas que también quedaron en la escuna por esas razones o porque se sentían mal por el viaje. Pero hubo quienes, emocionados por la probabilidad de ver tortugas marinas, no lo pensaron mucho y saltaron a nadar.

Un hombre de la tripulación del barco, que anteriormente había jurado y perjurado que allí veríamos las esperadas tortugas, se lanzó en búsqueda de alguna, frente a al poco éxito de los pasajeros. Lamentablemente para el pobre animal, encontró una y no tuvo mejor idea que acercarse al barco, tortuga en mano, levantándola en alto como si fuera un trofeo, para que todos pudieran sacarle fotos. A pesar de la emoción de muchos, fue muy triste ver cómo la asustada tortuguita cabeceaba y movía desesperadamente las aletas, intentando volver al agua. Cuando finalmente la soltaron, se alejó de nosotros a gran velocidad. Sinceramente creo que no hay necesidad de molestar de esta forma (o de ninguna otra) a un animal, por el simple hecho de agradar a un grupo de turistas, para que tengan su foto del animalito exótico… Este tipo de actitudes nos aleja cada vez más de la conciencia ecológica que deberíamos tener, si en verdad nos interesara conservar un paraíso como Ilha Grande o cualquier otro. La observación de animales en su hábitat natural, el aprendizaje y el placer obtenido de esto, es perfectamente posible, pero evitando un contacto abusivo que pueda dañar o traumatizarlos de algún modo y conservando el mayor respeto por la naturaleza. Un respeto que durante muchos años, incluso hasta el día de hoy, lamentablemente no resulta fácil de encontrar en todas las personas.

Una vez que estuvimos todos nuevamente arriba de la escuna, pegamos la vuelta hacia Abraão. Esta vez el barco se sacudió todo lo posible, era como viajar en una coctelera o licuadora. Muchas personas se sintieron mal o mareados, ya que la escuna se movía de adelante hacia atrás, de un costado a otro, y no era nada fácil mantener el estómago en su lugar… Durante una hora, aproximadamente, viajamos así. Por suerte no me sentí mal, aunque de todos modos se tornaba molesto viajar tanto tiempo a los sacudones.

Al fin llegamos a Abraão, pisamos tierra firme después de un largo viaje, ya que llegamos a las 18.30. Fuimos directo a darnos una tranquilizadora ducha en la posada, pero antes compramos los pasajes en el mismo puesto “Agua Viva”, para retornar al continente mañana, a Angra dos Reis. De esta manera podríamos visitar el otro poblado que nos interesaba: Araçatiba.
Salimos por Abraão, intentamos hablar por teléfono pero no había conexión con el satélite, y no pudimos. Fuimos a despedirnos de nuestro restaurante preferido, Pizzaria da Praia, y cenamos filet de pollo. Luego paseamos un poco, compramos algunas cosas más. Vimos un caracol enorme y tuvimos que ayudarlo a llegar a las hojas, pues estaba justo en medio del paso de la gente, en plena oscuridad! Estábamos tan mareados por el largo viaje en barco, que sentados inmóviles sentíamos que todo se movía a nuestro alrededor. Por eso nos fuimos a dormir temprano esa noche, ya que al día siguiente nos esperaban más viajes.

DIA 5: CAMINATA A LA ARGENTINA

Esta vez nos levantamos un poco más tarde, a las 8. Para no perder la costumbre, desayunamos comiendo un poco de cada cosa, y más tarde nos preparamos para un día de caminata, llevando algunas provisiones y agua.

Hacia la izquierda de Abraão (izquierda mirando el mar), tomamos el camino que lleva al Circuito de Abraão y más adelante a la Cachoeira da Feticeira (“cascada de la hechicera”). A la entrada de la trilha ya nos moríamos de calor… Un señor que en la entrada juntaba hojas, nos explicó muy amablemente con un dibujo sobre la tierra, cómo tomar el camino hacia la Cachoeira, que aparentemente no era tan fácil como parecía. Creyendo que habíamos entendido algo de lo explicado, partimos.

A los pocos minutos de caminata llegamos a Poção, un bellísimo pozo natural de agua (calculo que procedente de la cascada, o de su misma fuente), en el que bañaban a los esclavos en tiempos antiguos. Ahí nos dimos un reparador chapuzón. El agua estaba helada pero hacía tanto calor que no nos importó.

Seguimos camino hacia el Acueducto. Muy pronto lo encontramos: una gran estructura de piedra, en gran parte cubierto por enredaderas. Digno escenario de cuentos.

A partir de allí, el camino hacia la Cachoeira comenzó a hacerse más difícil, pues había varias subidas que quitaban el aliento, sobre todo por el calor que hacía y la humedad agobiante. Luego de una hora y media de caminata, descubrimos que encontrar la cascada no era tan fácil como pensábamos. Después de una subida de aproximadamente 100 m pero muy empinada y a pleno sol, nos encontramos con dos o tres grupitos de personas (en su mayoría, argentinos) que tampoco daban con el camino correcto, ya que había varios caminos que parecían marcados pero no llevaban a la cascada. Como si eso fuera poco, escuchábamos ruido de agua… Cuando estábamos casi todos a punto de decidir dar media vuelta y tomar el camino a la playa, fuimos “rescatados” por un guía de otro grupo que pasaba por ahí. Muy amablemente nos fue guiando a nosotros también.

Finalmente, media hora después y luego de ser reagrupados como dos veces más por desviarnos del camino (cual ganado vacuno), llegamos a la bendita cascada. Sinceramente, para todo lo que nos había costado llegar hasta allí, no me pareció ni tan imponente ni tan linda… Intenté entrar al agua pero, a pesar del calor, estaba helada y la cantidad de personas que había y de piedras resbalosas en el fondo, me hicieron salir enseguida. Solamente nos refrescamos un poco. Comimos nuestros snacks mirando cómo algunas personas hacían rappel desde arriba de todo, y cómo otras se acercaban al pie donde caía el agua para sacarse alguna foto.

Nos fuimos de allí siguiendo al mismo guía que con su grupo iban hasta la playa Feticeira y luego tomaban un barco hacia Saco de Ceu. Nosotros los seguimos hasta la playa y ahí nos quedamos… esperando algún barquito que saliera hacia Abraão. Se podía volver a pie hasta la villa, pero eso significaba otra hora y 40 minutos más de subidas y bajadas, que no estaba segura de aguantar sin pasarlo mal. En la playita descansamos y nos refrescamos miles de veces en el mar, porque hacía mucho calor. Almorzamos unos sandwiches de atún y de pollo que vendían allí unas personas con sus heladeritas, unas cervezas, y también probamos el refresco helado de açai (frutal con algunos cereales y miel). Muy rico!

Alrededor de las 15.30 salimos de la playa en un barquito y muy pronto llegamos a Abraão. Compramos unos sandwiches en Pães & Cia, que llevamos hasta la posada y comimos allí. Más que deliciosos! Luego ducha y un poco de televisión, mientras afuera caía una lluvia que parecía no querer parar jamás. Vimos el Pájaro Loco en portugués, hasta que llegó la hora de la cena (20.00 hs), nos pusimos nuestros pilotines y salimos a comer. Fuimos a Dom Pepe (el restaurante de la posada del mismo nombre). Comimos una pizza entre los dos, mitad pollo con queso catupiry y la otra mitad con bacon, champignon y ajo. El grosor de la pizza es cercano al de una hoja canson, pero hay que decir a su favor que está condimentada a las mil maravillas, con cantidades generosas de cada ingrediente. Acompañamos con soda y más tarde una caipirinha rica pero a temperatura natural… Matadora.

Nos fuimos a la posada a dormir… Tal vez por el día difícil, me tocó tener una noche entrecortada, y se ve que la pizza no fue suficiente para mi estómago, ya que en plena madrugada tuve que atacar uno de los pancitos de nuestro frigobar.

jueves, abril 02, 2009

DIA 4: “LA” PLAYA

Nuevamente nos levantamos temprano, a las 7.30, y nos preparamos los sándwiches para la excursión del día. Desayunamos, preparamos el bolso y salimos a buscar un paseo que nos convenciera… y encontramos justo la que estábamos buscando: el paseo a Lopes Mendes.

Casi puntualmente a las 9.30 salimos en un barco (mucho más pequeño que el anterior), y luego de unos 45 minutos llegamos a Pouso, una playa desde la que había que caminar hasta llegar a Lopes Mendes (las olas son muy grandes aquí, por lo cual los barcos no pueden detenerse demasiado cerca). La trilha Pouso – Lopes Mendes es corta y relativamente fácil, diría que apta para todo público. En el camino vimos diversas plantas hermosas, mariposas gigantes y pequeñas, de varios colores, entre otros bichos menos agradables pero impresionantes también (arañas y hormigas, de inusitado tamaño). Después de aproximados 25 minutos (contando los demorados en sacar alguna foto) de caminata y extremo calor, llegamos…


Nos recibió una vista espectacular de una de las playas más lindas que vi en mi vida, una extensión imponente se abría ante nuestros ojos… Agua turquesa transparente, enormes olas y arena blanca y fina como si fuera harina. Muchas personas se dedicaban a surfear, pero de todos modos, no era una playa llena de gente… sino de miles de pequeños cangrejos amarillos que huían de la gente escondiéndose en sus agujeros, pero que salían después de un rato, como para espiar. A algunos pequeños temerarios pudimos fotografiarlos, con buen zoom para no asustarlos demasiado.

Nota: a modo de sugerencia, cuando fotografiemos animales en su ambiente natural, tratemos que sea desde lo más lejos que ellos decidan y sin flash para no molestarlos tanto. Además de provocar una desubicada e inconveniente invasión a la naturaleza, hay algunos animales que pueden llegar a reaccionar mal ante el flash o la presencia humana, por más acostumbrados a nosotros que estén. Respetemos el paraíso y conservémoslo para todos.

El mar es bastante más fresco que las aguas de playas más al norte de la isla, pero igual con el calor que hacía, nos metimos bastante. Nosotros elegimos una sombrita natural (algunos creo que alquilaban sombrillas) de algunos árboles frutales que no supimos qué eran, y descansamos allí hasta más o menos las 2 de la tarde. Almorzamos los sándwiches que habíamos llevado y compramos una coca a uno de los que vendían bebidas (entre otras cosas) ahí en la playa (se llevaban las heladeritas hasta allá).

No estuvimos mucho tiempo en la playa pues ya estábamos sufriendo mucho calor, y algún dolor de cabeza… No soy una persona que disfrute mucho de solamente “estar” en la arena bajo el sol porque me aburro un poco y sufro mucho calor; sí disfruto de bañarme en el mar, pero lo hago poco cuando las olas son fuertes y grandes. Por estas razones, después de un par de horas sentados entre los cangrejitos, juntamos nuestras cosas y remontamos la trilha hasta Pouso, esta vez con un paso mucho más tranquilo.

Podíamos regresar a Abraão en tres horarios diferentes, ya incluidos en el paseo, pero el primero de todos salía a las 15.30. A Pouso llegamos alrededor de las 14.30, así que teníamos tiempo para pasar allí. No nos metimos en el mar pues ahí paran muchos barcos y el agua queda con residuos, pero seguro que si caminábamos un poco encontrábamos algún lugar más lindo para bañarnos. De todos modos, apenas salimos de la trilha, un muchacho con un bote nos ofreció traslado, unos 150 metros, hasta un restaurante flotante. Aceptamos casi sin pensarlo dos veces, y subimos al botecito (con cangrejito incluido que nos miraba, asomándose por debajo de un tablón), que fue tirado a través de sogas y polea por el muchacho de la orilla. Para recuperarnos de tanto calor, tomamos unas cervezas bien heladas y comimos un pastel riquísimo de carne.

Luego de un rato nos recuperamos y volvimos a esperar en la orilla bajo un árbol, lleno de tillandsias. Nos devoraron las hormigas durante la espera, pero pronto llegó el barco del regreso. Fue una linda vuelta, fuimos sentados en la proa del barquito, acompañados por el músico del muelle de Abraão, que con su guitarra alegró la tarde con unos reggaes y sambas…

En la posada descansamos un poco, nos duchamos y salimos a pasear nuevamente por Abraão, comimos un pastel en el Lanchonete Aconchego. Muy ricos! Seguimos paseando y más tarde tomamos un helado mirando el mar, que compramos en un local pequeño frente al muelle. Lo venden por peso pero autoservice, es decir, uno elige el vasito, se sirve el helado, le pone por arriba lo que quiera (salsas varias, galletitas, crocantes, cerezas, chips de chocolate, etc.), lo lleva a pesar y paga (R$ 3.30 x 100 gramos). Dimos una vuelta más al pueblo, esta vez por otras callecitas, y nos sentamos un rato en un banco bajo un árbol.

Más tarde ya cenamos, volvimos a Pizzaria da Praia, tomamos unas cervezas, rabas y después unas riquísimas y heladas caipirinhas. También pedimos una piña colada, la más rica que hemos probado hasta ahora. Paseamos un poco por el muelle de noche, y a la vuelta hacia la posada, en un puesto sobre la calle, comimos unas brochettes de pollo con farola (R$ 3 c/u)… que compartimos con un par de perritos luego de que nos observaran largamente comer nuestros pinchos, con unos ojitos que no pudimos resistir… A duras penas pudimos evitar que nos siguieran hasta la posada.

DIA 3: PRIMER PASEO EN BARCO

Nos levantamos otra vez cerca de las 7 y bajamos a tomar nuestro café da manhã. Siendo personas no habituadas a desayunar más que un café en la oficina con alguna galletita, podemos decir que comimos en cantidad: fueron 2 o 3 tazas de café acompañado con sándwiches de jamón y queso, pan con manteca, torta, frutas y jugos. En aproximadamente 30 minutos comimos un poquito de cada cosa. Luego de un veloz paso por nuestro cuarto, salimos para tomar nuestra excursión con Golfo hacia Lagoa Azul (R$ 30 por persona). Antes de subir al barco, alquilamos una máscara de snorkel ahí nomás en algún puestito cercano (por R$10 cada uno, o menos, no me acuerdo).

Eran alrededor de las 10.30 cuando salimos en la escuna Golfo I. El sol estaba fuerte ese día, hacía mucho calor y en el barco había mucha gente, por lo que fue un alivio el viento fresco del mar. Saliendo de Abraão, enfrente del muelle pero lejos, paraba un enorme crucero.


La primera parada fue Lagoa Azul, un precioso lugar de agua azul transparente, donde hicimos un buen rato de snorkel (mergulho) entre los peces que se acercaron al barco casi instantáneamente. Maravilha… Esta fue la primera vez en mi vida que hacía snorkel. Disfrutamos de una hora nadando y descubriendo el fondo lleno de corales y diferentes peces, hasta que nuevamente fuimos llamados al barco.

El siguiente lugar fue la playa de Japariz, a la hora de almuerzo. Anteriormente, en la escuna habían repartido menúes de un restaurante de los que están sobre esta playa, para hacer el pedido via radio para aquellos que quisieran almorzar allí. Nosotros ya nos habíamos preparado unos mini sándwiches, por lo tanto bajamos a la playa y buscamos una sombrita para comer. Disfrutamos de la playa mientras mirábamos los pequeños cangrejos que se escondían de nosotros en agujeros en la arena.

Después de un lindísimo chapuzón en el mar, nos acercamos a uno de los restaurantes y comimos un helado. Un rato más tarde ya todo el mundo subía al barco, por lo que también nosotros subimos.

Momentos después partíamos hacia Saco do Céu, en la Enseada das Estrelas. Un hermoso lugar de aguas color verde claro (pero no demasiado transparentes) donde también mergulhamos un poco, buscando estrellas de mar en el fondo. A pesar de que casi todos los viajeros nadamos a lo ancho y a lo largo de Saco do Céu, con ayuda de “espaguetes” (yo los conocía como “flota-flota”, esos tubos de goma de colores), no encontramos ninguna estrella marina, aunque sí peces de diferente tamaño y color.

Una vez más, se nos acabó la hora de diversión y tuvimos que volver al Golfo I, ya tomando la ruta de regreso hacia Abraão. Justo antes de salir, al lado del barco vimos pasar unos peces verde brillante, finitos y largos. Hermosos! En el barco teníamos frutas de cortesía, que podíamos acompañar comprando alguna bebida del bar. Nosotros brindamos con unas latas de Skol.
Una vez llegados a Abraão, a eso de las 16.30, pasamos por el mercado en busca de posibles provisiones para el día siguiente, pues no sabíamos qué excursión haríamos. Luego de una ducha reparadora, salimos a dar una vuelta por el pueblo, compramos algunos regalos para las familias, dejamos todo en la posada y volvimos a salir, esta vez para cenar.

En una especie de restaurante Fast Food casi al lado de la Iglesia, cenamos un menú de pescado frito, que venía con arroz, feijão y papas fritas. Acompañamos con cervezas bien frías y más tarde nos tomamos allí mismo unas caipirinhas (económicas pero en vaso bien pequeño…), bastante fuertes. Volvimos a la posada, nos entretuvimos un rato con CQC Brasil… y a dormir!

miércoles, abril 01, 2009

DIA 2: LA ISLA

Después de la lucha contra el aire acondicionado, nos levantamos 6.30, preparamos nuestras cosas y partimos en búsqueda del Cais de Santa Luzia alrededor de las 7. Luego de preguntarle a una amable señora que había salido a caminar, llegamos al muelle. Esperamos apenas un ratito el catamarán que salía hacia Ilha Grande a las 8 (R$ 25 por persona).

Subimos al catamarán muy descompuestos por el calor agobiante de la ciudad y la caminata, pero apenas zarpó el aire de mar nos hizo sentir mejor. En apenas 45 minutos llegamos a la isla! Desembarcamos en un nublado Abraão y encaramos hacia Solar da Praia, nuestra primera opción de hospedaje. Pero estaba todo lleno, así que nos dirigimos en búsqueda de nuestra segunda opción: Pousada Dos Meros. Por suerte, encontramos ahí una hermosa habitación en el piso de arriba, por R$ 120 la noche, con ventilador, aire acondicionado y frigobar.

La posada es preciosa, está todo muy limpio, prolijo y bien decorado, con un mix étnico muy bonito (máscaras africanas, pinturas estilo indígena, telas de estilo oriental), y un jardín superpoblado de plantas. Como habíamos llegado un poco temprano, todavía estaban limpiando el cuarto, así que les dejamos nuestras mochilas y salimos a buscar un lugar donde desayunar. Bien cerquita de nuestro nuevo hogar, en Lanchonete Aconchego, tomamos un riquísimo jugo de maracujá y un delicioso tostado de jamón y queso.
Volvimos a la posada y subimos a nuestro cuarto: muy lindo, todo decorado en tonos azules. Acomodamos un poco nuestro equipaje (léase: lo arrojamos por ahí) y salimos nuevamente a caminar.

Con los bolsos hechos tal como venían desde el viaje en avión, fuimos en búsqueda de Abraãozinho, una playa cercana donde no hay tanto barco y uno puede bañarse más tranquilo. En ojotas, sin agua, ni una lona o toallón, ni nada, atravesamos una trilha que podría decirse fácil teniendo el calzado adecuado o cualquier cosa que no se escapara de nuestros pies. Tardamos cerca de 30 minutos en llegar, pasando antes por otras tres playas: da Júlia (llena de gente), Biquinha y Crena.

Finalmente, después de unas cuantas subidas y bajadas en un terreno húmedo, fruta podrida, moscas y una araña enorme en su también enorme tela, dimos con Abraãozinho y pudimos darnos el chapuzón tan esperado. El mar allí estaba muy hermoso, verde transparente, no hay olas y está bien cálido. Chapoteamos un buen rato mientras le echábamos un ojo a nuestras cosas que habíamos dejado en la arena. Pronto comenzaron a caer algunas gotas pero no llegaba a ser lluvia. Momentos más tarde salimos del mar porque se acercaba la hora del almuerzo. Nos sentamos unos minutos en una de las mesitas de un restaurante, pero mientras esperábamos a ser atendidos, se largó a llover con fuerza. La gente del restaurante estaba ocupada en sacar mesas y sillas de la lluvia, gente que se mojaba, así que no nos atendían nunca. Al fin no quisimos seguir esperando, nos levantamos y nos tomamos un taxi boat de vuelta hasta Abraão (R$ 5 por persona). Un viaje veloz y divertido en el que terminamos mojándonos más que si nos hubiéramos quedado en Abraãozinho.

Como en un dejá-vu, volvimos a buscar un lugar donde almorzar, y pronto encontramos un techo y mesas libres en Rei da Moqueca, un pequeño restaurante que da sobre la playa. Comimos unos sandwiches de “tudo” con papas fritas y cerveza helada. Ya comenzamos a desarrollar un gusto por la Skol. En brevísimos instantes se largó el diluvio sobre Abraão. Tanto llovió, en tan poco tiempo, que casi sin darnos cuenta terminamos comiendo con los pies en agua. Después del almuerzo, nos pusimos nuestros pilotines (de bolsa de residuo) y partimos.

De camino a la posada compramos unos nuevos pilotines, provisiones en el mercadito en diagonal a la iglesia (para el almuerzo del día siguiente y para llenar un poco el frigobar). Nos pegamos una linda ducha, descansamos algo así como una hora y salimos a pasear por la villa. Contratamos en un puesto turístico de esos que están frente al muelle principal, la excursión a Lagoa Azul, que haríamos al día siguiente.

A eso de las 7:30 estábamos cenando en Restaurante da Praia (de la Pousada da Praia). Un lindo y buen restaurante, con mesitas en la playa adornadas con velitas, justo al lado del lugar en el que habíamos almorzado. Pedimos unas rabas (lula a doré) y luego un plato que era para compartir entre dos. Pollo a la parmesana (cuatro milanesas de pollo cubiertas con salsa de tomate, jamón y una tremenda capa de queso), acompañado por arroz, feijão (guiso espeso de porotos negros) y papas fritas. Obviamente no pudimos con todo eso y terminamos al borde de la explosión.

Vuelta a la posada, mientras intentábamos bajar la bestial cena, compramos un pareo para la playa y hablamos por teléfono en el ciber que hay apenas pasando la iglesia. Un poco de televisión y unas latas de cerveza Skol, y a dormir.


DIA 1: LLEGANDO

Llegamos a Ezeiza con casi tres horas de anticipación a nuestro horario de vuelo, pues no conocíamos el aeropuerto y queríamos recorrerlo un poco. Desayunamos ahí mismo (el desayuno más caro de nuestras vidas), un café y un tostado.

Subimos al pequeño avión de Gol. El vuelo fue muy bueno, arriba nos dieron un sandwich y unas bebidas a cada uno. Disfrutamos mirando por la ventanilla. Hizo conexión en Sao Paulo, y a partir de allí se puso muy movido e inestable el viaje, pues había muchísimas nubes y algo de lluvia. Bastante incómodo para nuestros desacostumbrados estómagos. De todas formas, luego de aproximadas 3 horas, desembarcamos en el aeropuerto de Rio de Janeiro.

Rio nos recibió con esas lloviznas finas pero constantes, mucho calor y una terrible humedad, por supuesto. Un pequeño micro nos llevó al interior del aeropuerto, donde buscamos nuestro equipaje. A la salida estaba esperándonos el conductor del transfer de Angratours que ya habíamos contratado en Buenos Aires. Nuestro primer contacto con el idioma en su forma habitual: no entendíamos nada, tuvimos que preguntarle todo dos veces.

Finalmente, aproximadas tres horas después, y pasando antes por un parador de ruta a comprar unos snacks para el camino, llegamos a la calurosa Angra dos Reis ya sin luz diurna, alrededor de las 18:30. Nos dejó en la posada que habíamos elegido para pasar esa noche, Pousada Tuiuiu. Pagamos el transfer (R$ 320, ida y vuelta para los dos) y nos dirigimos a preguntar por una habitación y sin demasiadas vueltas, tomamos la que se nos ofrecía, por R$ 120 la noche. Pagamos y luego preguntamos dónde podíamos ir a comer, a sabido riesgo de no entender las indicaciones. Caminamos unas siete cuadras por la avenida principal y llegamos a un restaurant lindo en una esquina, Botequim Santa Luzia. Tomamos unos ricos y fríos chopps y comimos un excelente Combinado Santa Luzia (pollo y cebolla a la plancha, con mandioca frita).

De vuelta en la posada, eran cerca de las 9 de la noche, ya muy tarde para tanto trajín de viajes. Nos dimos una fresca ducha, vimos un poco de Shrek con subtítulos en portugués y nos dispusimos a dormir. A pesar de lo cansados que estábamos, no dormimos nada bien aquella primera noche en Brasil, pues en Angra no refresca ni siquiera de noche, y por si eso fuera poco el aire acondicionado del cuarto (sin ventilador) hacía un ruido infernal.

lunes, marzo 30, 2009

VACACIONES EN ILHA GRANDE, BRASIL

Aquí comenzará, en breves momentos - sean éstos minutos, días o semanas - mi relato habitual de las vacaciones.
Esta vez no visité mi tan amado Noroeste argentino. Elegí un destino bien diferente, que tal vez no pueda repetir en algunos años... pero que valía completamente la pena.
A lectores no habituales de mi blog, que puedan llegar aquí en búsqueda de datos sobre este lugar, advierto sin ánimos de desalentar la lectura:
En este espacio me permito expresar mis vivencias y opiniones, sin influencias ajenas.
No lo hago para otros sino para mí misma, por el placer que me produce escribir, tanto como viajar.
Es por esto que no se encontrarán con datos estadísticos ni hechos irrefutables, sino con los gustos personales de su autora.
Es imposible que dos personas que estuvieron en el mismo lugar, a la misma hora y con los mismos cinco sentidos despiertos, obtengan la misma experiencia. Las diferencias siempre son dadas por el mundo interior de cada uno.
Habiendo aclarado esto, agrego que me alegraré de poder ayudar a quien lo necesite, siempre y cuando tenga el conocimiento.

Resumiendo el viaje:

Fueron las primeras vacaciones en pareja que paso, fuimos con tanto dinero como pudimos ahorrar durante todo el año anterior. Gastamos algunas veces de más, por la no preocupación por el dinero (cuando viajamos, vale aclarar) que nos caracteriza a ambos. Si sentíamos que valía la pena, lo hacíamos sin pensarlo dos veces. Estoy segura de que muchos otros viajeros habrán encontrado precios infinitamente mejores que los nuestros. Nosotros no nos molestamos en buscarlos demasiado.
De 12 días en Brasil pasamos 2 en viaje (el primero y el último), 1 en Angra, 5 en la Villa de Abraão y 4 en Araçatiba.
Conocimos Abraãozinho, Lagoa Azul, Japariz, Saco de Ceu, Pouso, Lopes Mendes, el circuito de Abraão (Poção, Aqueduto), Cachoeira da Feticeira, Praia Feticeira, Ilha Jorge Grego, Dois Rios, Caxadaço, Araçatibinha, Lagoa Verde, Aventureiro (paseando los ojos por Itaguaçú, Vermelha, Provetá y Dos Meros, que quedaron pendientes para alguna otra oportunidad).

NOTA: Todo nuestro viaje fue armado por nosotros mismos, en base a la información recopilada en 3 sitios de Internet. Los comparto (también se encuentran sobre el costado derecho, en la sección de LINKS):

http://blog.deviajeabrasil.com/
http://www.ilhagrande.org/
http://www.ilhagrande.com.ar/

jueves, enero 08, 2009

Mi historia con las orquídeas

Hoy dos orquídeas Phalaenopsis conviven conmigo y decoran mi humilde hogar. Mi historia de amor con estas preciosas plantitas data de muchos años atrás, en mi infancia, alguna vez vistas en dibujos japoneses, de vaya uno a saber dónde… Con sus hipnotizantes pétalos redondeados, aquellas flores que nacían de ramas sin hojas, lograron cautivarme. No fue sino muchos, muchos años después, que vencí la vergüenza de preguntar su nombre en una florería: “¿Ésta? Es una orquídea”, me respondieron. Pero tuvieron que pasar varios años más para que finalmente me decidiera a ser dueña de una de estas plantas tan diferentes a las del balcón de mi mamá. Hace menos de un año me las encontré en algún otro lugar y comencé a investigar en Internet acerca de sus cuidados, gustos y formas de ser.

Y ese momento se dio cuando mi vida comenzó a cambiar drásticamente. A principios de este año, después de terminar de cursar mis estudios universitarios y comenzar a trabajar de manera estable, fue que decidí buscar mi propio lugar donde vivir. Así de sopetón y sin ni siquiera haber ahorrado lo suficiente, encontré el pequeño departamento soñado y me mudé. También de repente fue que llegó mi primera Phal, a fines del otoño, una pequeñita híbrida con sus hermosas y pequeñas flores rosadas con líneas fucsias y un color mucho más intenso en el labelo. Una princesa. Sobrevivió 3 viajes por la capital en el mismo día, dentro de una caja de cartón, luego de lo cual llegó a mi hogar. Le puse por nombre Haiku, bella, de forma curiosa y delicada, como uno de esos poemas japoneses.

Comencé a hacer malabares con la temperatura, la luz, la humedad y los riegos, para que su bonita presencia no me abandonara. Con algunos traspiés, lo logré. Y meses después, luego de intensas charlas en el foro, decidí visitar mi primera exposición de orquídeas… y comprar otra! Así fue que Kotton, de flores blancas como el algodón, llegó a mi casa. Una phal de vara alta y hojas largas, repleta de raíces que salían de la maceta hacia todos lados, con enormes flores abiertas y varios pimpollos. Hoy tiene sus 7 flores abiertas (3 de ellas en casa) y luce radiante.

Sigo en camino, aprendiendo de todo para hacerlas más felices y que no quieran irse! Hasta ahora, todo sale bien y convivimos en paz. Cada día me dan más ganas de una nueva, otros pétalos redondeados, de algún otro color… Todo da a entender que, seguramente en pocos años, termine con varias de ellas ocupando parte de mi casa o, por qué no, un cuarto entero!

miércoles, noviembre 05, 2008

Nueva compañera

Se llama Kotton, como su japonizado nombre lo sugiere, es blanca como el algodón.
Grande y majestuosa... Así era al llegar a casa.






Nueva compañera para la pequeña Haiku y para mí... Una bella presencia más en mi humilde hogar. Así se ve ahora, con sus 7 flores abiertas y radiantes!



HAIKU







Primera flor abierta en casa
Junio





Última flor abierta en casa
Octubre

miércoles, junio 04, 2008

Compañera...

Qué bien... Hace tiempo me puse a leer y a investigar en Internet sobre ellas, tomándome tiempo para descubrir sus gustos, sus necesidades y formas de ser. Hasta que el domingo pasado me llegó una... y ahora está conmigo, compartiendo mi casa. Yo la recibí con mucho cariño...

Después de trasladarla un par de veces, en una caja de cartón, en una tarde muy fría (esperé que no lo hubiera sufrido demasiado), llegó a mi hogar. Había estado pensando un nombre para ella todo el día, algo que sonara hermoso, sutil como ella... En el ascensor me vino a la cabeza, la curiosa y delicada forma de un estilo de poesía japonesa, y la llamé Haiku. Creo que le gustó, acorde a lo curiosa y delicada que es ella misma también.

Ahora me dedicaré a hacer malabares con la temperatura del ambiente, la humedad, la luz... Todo por que ella resista a tanto cambio de lugar, a tanto stress de traslado. A la mañana siguiente me premió con la apertura de un pimpollo, que en estos momentos ya es una flor hecha y derecha...



Anoche la dejé sola, y hoy casi no puedo esperar a verla y enterarme de cómo está, cómo siguen sus hojas, sus raíces, sus hermosas flores... Ha decorado todo mi ambiente con sus colores y su alegría, yo no puedo más que intentar devolverle la belleza con cuidados y atención... Qué planta hermosa!*




*Orquídea Phalaenopsis

lunes, marzo 17, 2008

VACACIONES: DIA 11

26 de Febrero
Atocha, Tupiza y Villazón – Bolivia


Super dormidos y con un frío terrible, nos levantamos en plena madrugada para llegar 5.30 a tomar el micro que nos llevaría hasta Tupiza. A duras penas calentamos agua para el mate, golpeamos todas las puertas del hostel para despertar al sereno y corrimos con todo y mochilas. Un inmenso olor a “absolutamente todo” nos invadió en el micro. Traté de no pensar y sólo dormí mientras las piedras y el ripio me acunaban.
En Atocha, a mitad de camino entre Uyuni y Tupiza, nos hicieron bajar del micro y nos avisaron que debíamos esperar hasta las 10.30, que saldrían camionetas para dejarnos en destino. Creo que rondaban las 9 a.m. Mientras comíamos galletitas y probábamos el intomable mate con agua casi fría de nuestro termo, hicimos migas con una chica, un médico y dos franceses, que venían viajando desde otros lugares de Bolivia. Todos juntos, casualmente, fuimos designados para subir a la camioneta en la que también entraron 3 personas más. Total de pasajeros:10 + conductor. Yo con mis humildes 163 cm, viajé incómoda, con el traste chato en el asiento improvisado de la caja de la camioneta, y el techo pegado a la cabeza… sólo resta imaginar a los más altos que iban ahí conmigo. Cada piedra era un golpe… y eran todas piedras…
Hicimos una breve parada en Salo, para ir al baño (al río, mejor dicho) y comer algo. Una chica y yo compramos pan casero y queso de cabra, para hacernos sanguchitos en la camioneta. Hice malabares con la navaja para abrir el pan y cortar el queso, finalmente estaba muy pero muy rico.
Pero la aventura del viaje no terminó en Tupiza. Digamos que recién comenzaba. Por el camino, por lo que iba preguntando nuestro conductor, nos enteramos de que el pueblo al que íbamos estaba con bloqueos… esto sería “piquetes”… Por lo tanto, la camioneta debería dejarnos en el camino, casi llegando a la entrada de Tupiza, poco antes del primer bloqueo. Terminadas las 3 horas que duró el viaje desde Atocha a Tupiza, nos bajamos, cargamos las mochilas y bolsos, y en media horita ya entrábamos al pueblo, bajo miradas cortantes y algún que otro comentario del estilo: “¡Son gringos! ¡No los dejen pasar!” Sin acusar recibo, pasamos por entre la gente a paso rápido y en completo silencio, mirando hacia el suelo.
La hermosa Tupiza nos recibió con calles casi desiertas de gente, más miradas hostiles, y más comentarios similares: “Ustedes tienen la culpa, gringos”… El aire podía cortarse con cuchillo… Nunca me había sentido tan extranjera como en esos momentos. A pesar de no saber bien por dónde teníamos que ir, seguimos derecho por la calle principal, preguntando de tanto en tanto a alguno que no pareciera estar a la defensiva… Poco a poco nos enteramos que pasando el otro bloqueo, a 5km, desde la “tranca” de Tupiza, salían micros que llevaban gente a Villazón. Caminando rapidito, terminamos de cruzar y pasamos el segundo bloqueo, donde sólo nos acuchillaron visualmente, sin emitir comentarios. Al fin salimos y bordeando un cerro interminable (que para nosotros, se hizo conocido bajo diversos nombres insultantes…), llegamos a la tranca, donde pagamos 20 bolivianos por un pasaje de micro. Fue un total aproximado de 5 horas de caminata, luego de las cuales nos sentamos a esperar el micro que en seguida estaba viniendo, en minutos nomás. Los minutos se hicieron una hora y el micro no venía, la gente que esperaba como nosotros comenzó a impacientarse y a preguntar a la vendedora de pasajes, quien se había ocupado de desaparecer con objeto de averiguar qué pasaba con el micro. Al ratito vuelve y nos comenta que, como había volcado un camión poco antes de entrar, no podía pasar y estaban esperando sacar el camión. Por ende, los pasajeros debíamos caminar 1 km más hasta donde estaba esperándonos. Obviamente, y para coronación de la aventura tupiceña, mientras los boludos caminábamos 1 hora, comenzaron a pasarnos por al lado un camión, 4 colectivos, otros 3 camiones, camionetas, un Scania, una Cat… y nuestro micro! Saludando a toda velocidad! Esperamos a la vera del camino con el resto de los pasajeros, a que nuestro transporte volviera desde la tranca, con los que todavía estaban allí.
Subimos al micro… Un lío inmenso de gente que se quejaba pues se habían sobrevendido los asientos por 2, y hasta por 3 veces. Calmadas las aguas con las tranquilizantes palabras del conductor: “Vamos que si no se apuran no salgo, porque los caminos están en muy mal estado!”, partimos hacia Villazón. Me tocó viajar atrás de todo, mareada, cansada, con hambre… Supuestamente llegábamos a Villazón en 3 horas… que fueron 4.
Bajamos del micro en plena oscuridad y lluvia de la frontera, me tomé unos minutos para recuperarme del mareo y caminamos hasta el Puente Internacional. Luego de casi pasar la noche en “ningún lugar” porque los de migraciones ya habían apagado todo, llamamos a nuestra hermanita que cumplía años desde la frontera, y pasamos a La Quiaca, fuimos a cenar (yo nada, por supuesto) y luego a acomodarnos en el hotel de antes, para finalmente dormir!

viernes, marzo 14, 2008

VACACIONES: DIA 10

25 de Febrero
Salar de Uyuni - Bolivia

Esta vez sí desayunamos en el hostel, con té, pan, manteca y dulce… Luego salimos con los chicos agregados y un colombiano, hacia el Salar, previo paso por el Cementerio de Trenes, donde vimos y trepamos antiguas maquinarias oxidadas de viejos trenes. Hoy el cementerio ferroviario se ha convertido en otro gran atractivo turístico para los visitantes extranjeros. La gran mayoría de lo que se puede ver allí son locomotoras, o restos de vagones, casi todos de trenes ingleses de principios de siglo – los primeros en utilizarse. Impresionante ver las vías interminables hacia la nada, los montículos de chatarra y el sonido del viento entre los hierros cubiertos de óxido, abandonado todo a la merced del tiempo, cuando se dejó de utilizar el carbón como combustible. Admirablemente desolador y nostálgico paisaje a 3.400 y pico de metros de altura sobre el nivel del mar.

Llegamos al Salar… ya al primer vistazo, las palabras que se me venían a la cabeza no eran suficientes para expresar la impresión vivida. Hoy que intento describir algo, vuelvo a pensar lo mismo. No voy a ser capaz de exponer en estas líneas ni un poquito de lo que experimenté y que permanecerá en mi memoria visual por años y años. Tal vez, para siempre. Sus 10.000 km2 de extensión, a 3.650 metros de altura, son los restos de un gigantesco mar, cuando casi toda la superficie terrestre aún estaba cubierta por agua salada. Con varios lugares de espléndida vista, como Laguna Colorada, Laguna verde, volcanes y geisers, representa lo más atractivo del sur boliviano y una de los puntos turísticos más hermosos del mundo.


No pudimos hacer la excursión de 3 días en la que se recorre la mayor parte del salar, pero lo que vimos de todos modos nos impresionó. Paramos primero a ver dos pequeños museos de sal, con artesanías y puestos de feria afuera. Volvimos a subir a la camioneta, ya entrando más, y luego paramos al lado del Hotel de Sal, a almorzar. Un rico arroz con vegetales y pollo, aunque poco abundante para los que éramos. Recorrí lo más que pude, con los ojos detrás de los anteojos de sol para poder ver, con sandalias para no lastimarme los pies con los cristales que se habían formado. Había llovido hacía muy poquito y el salar era casi todo completamente agua.

Empezamos a pegar la vuelta un par de horas después de comer, y viajamos en el techo de la camioneta, para disfrutar más la vista. Fue excelente. Al llegar nuevamente a Uyuni, ya no teníamos demasiado que hacer. Mi hermana y yo nos lavamos los pies en palanganas en la terraza del hostel y salimos para ir a comer algo. El almuerzo nos había llenado sólo el agujero de las muelas. Paseamos por la ciudad, sacamos pasajes para Tupiza la mañana siguiente a las 6, un poco de llamados, Internet y volvimos a comer, esta vez, para la hora de la cena. A dormir temprano… había que madrugar!

VACACIONES: DIA 9

24 de Febrero
Uyuni – Bolivia

Que Uyuni es una ciudad ferroviaria, no escapa a la simple vista. Típicamente establecida en las cercanías de las vías del tren, la ciudad recuerda todos los días las glorias pasadas de principios del siglo XX. El tren llegó a territorio boliviano en 1899, en respuesta a una creciente necesidad de transporte rápido y eficaz, cuando tuvo su auge la minería. Un auge que duró muy poco, luego de lo cual el Estado siguió manejando los trenes, hasta su privatización. Las ciudades a sus costados, han perdido bastante de su anterior importancia, salvo la turística. Uyuni tiene el famoso salar, el más grande y el más alto del mundo. Pero la ciudad, si bien tiene la dejada apariencia fantasmal de un poblado ferroviario de antaño, tiene sus encantos… Un boulevard principal con mercado, Alcaldía y Reloj público, rodeados por los restaurantes y lugares más importantes para el turismo extranjero.

Me despierto. Se me seca la garganta y no puedo respirar. Esa fue la única razón por la cual me levanté temprano y no dormí hasta el mediodía. Miento. La otra razón era porque quería ver si podíamos hacer la excursión al Salar ese mismo día. Lamentablemente no fue posible, porque necesitábamos ser 7 personas para que la 4x4 saliera, y nos faltó quórum… y tampoco desayunar en el hostel, ya que teníamos que avisar la noche anterior para que lo prepararan.
Salimos a comprar galletitas y agua para unos mates de desayuno. Luego a pasear por Uyuni. En el camino nos volvimos a encontrar con unos chicos del tren, que buscaban hacer también la excursión al Salar. Coordinamos con ellos para el día siguiente y los confirmamos en la agencia. Todos juntos fuimos a almorzar a un restaurant que pronto se nos convertiría en hábito… Los spaghetti cuatro quesos estaban muy buenos.
A la tardecita, después de una mini siesta, caminamos todo Uyuni hasta el cementerio, enclavado en un paraje totalmente desolado, donde parecía terminar el paisaje como un escenario de una película. Al volver al hostel, sentí que había caminado extensos kilómetros y no sólo un par… El cansancio se siente más rápidamente a mayor altura, y éstos son 3.365 metros sobre el nivel del mar. Esperé la ducha y disfruté mis 10 minutos de agua caliente. Seguimos paseando. Al caer el sol nos encontramos con los chicos del desayuno en Purmamarca. Unas cuantas botellas de cerveza después (para mí un licuado de banana), partieron para seguir recorriendo Bolivia más al norte, mientras nosotros nos quedábamos. Luego de otro mini recorrido de calles, cenamos en un restaurant algo menos turístico, a dos cuadras del reloj, donde comí un rico sandwich de pollo. Minutos más de paseo y llamados por teléfono… Finalmente me volví al hostel a dormir.

VACACIONES: DIA 8

23 de Febrero
De La Quiaca a Villazón
Bolivia

Me desperté temprano con la partida de mi amor. Algo más dormí pero no demasiado, ya que aparentemente estaba peor del estómago que el día anterior. Fui a despertar a los chicos y desayunamos en la puerta de la habitación, “haciendo cordón”. Después del desayuno hicimos tiempo ahí mismo, guardamos todas nuestras cosas y nos dispusimos a esperar la hora de almuerzo, después de lo cual cruzaríamos a la hermana Bolivia. Sin embargo, adelantamos el almuerzo en seguida, pues se largó a llover lindo.
Al ratito, cargamos nuestras cosas bien cubiertas del agua, y partimos al Puente Internacional. Después registrarnos y de que Aduana nos dijera cualquier tongo acerca de nuestras cámaras de fotos, seguimos derecho a registrarnos en la parte boliviana. En minutos nomás, volví a estar fuera del país… ah, y con dos horas menos que en Argentina!
Recorrimos un poquito las calles repletas de locales que venden de todo, cambiamos moneda y nos tomamos un taxi hasta la estación de tren. Allí tirados, con todos los demás pasajeros, esperamos 2 horas a que saliera el bendito tren. Había gente que estaba peor, de todos modos, ya que habían llegado ese día a las 7 de la mañana y desde ese momento esperaban el tren. Nos pusimos a leer y escuchar música, y así pasamos el rato, hasta que nos avisaron que podíamos ir a despachar los bolsos. Con gran alegría y algo entumecidos, nos levantamos y llevamos nuestras mochilas. Al ratito estábamos ya en nuestro vagón. Buen tren, prolijo y limpio, con televisión incluida, baño, mozo de a bordo que iba ofreciendo cosas y un salón comedor.
Una vez pasadas las 3 primeras horas de hermosos paisajes, montañas, precipicios, cielos increíbles y fotos sacadas a través de la ventanilla, es cuando comienza a hacerse lento el viaje, y a uno empieza a molestarle el asiento acolchado pero que no se reclina, el pasajero de adelante, el de atrás que abre la ventanilla hasta arriba y te hace comer tierra, el mozo de a bordo que no para de ofrecer cosas y la televisión que pasa música que en tu vida se te hubiera ocurrido escuchar. Así fue que después de una película con mucha violencia y tiros, siguió el compilado de Raphael, Tormenta y los Pimpinela. Más tarde otra peli llamada “Bubble Boy”… un triste delirio, para terminar con “El tesoro perdido”, Disney con el pancho de Nicolas Cage.
A la noche apagaron, gracias al cielo, todas las luces y pude descansar, no sin antes haber comido un rico sanguchito de jamón y queso, semitostado. A lo lejos se veia el cielo iluminado por varios relámpagos. Hubo una pausa de 15 minutos parado el tren en el medio de la nada, en plena oscuridad… algo tétrico. Y cuando llegamos a la estación de Atocha, alguno que pasaba golpeaba los vidrios del tren, queriendo asustar…
Pasada la medianoche llegamos a Uyuni, rastreamos nuestros bolsos en un gran pasillo donde los habían tirado todos, y salimos de la gran estación para dirigirnos al Hostelling International, donde nos íbamos a hospedar, según referencias que nos habían dado antes. Pagamos la habitación y nos arrojamos en las enormes camas de plaza y media, con resortes metálicos en el elástico… Un placer dormir así.

VACACIONES: DIA 7

22 de Febrero
La Quiaca – Jujuy


Partí temprano, alrededor de las 9, hacia La Quiaca… yo sola, pues iba a reencontrarme con mi amor, después de no vernos por 3 semanas, y quise ganar tiempo. Él ya estaba en su tramo de regreso a Buenos Aires, luego de recorrer gran parte de Bolivia. Me recibió en la terminal, nos registramos en el hotel, almorzamos y después de una gran siesta, ya se hacía la hora en que venía mi hermana con uno de los chicos del cuarteto estable (el otro volvía a Bs. As.) y fuimos a buscarla. Mientras ellos se registraban y paseaban por la ciudad, nosotros cruzamos a Villazón (ciudad boliviana, melliza de La Quiaca) y fuimos a comprar los pasajes de tren que al otro día nos llevarían a Uyuni a los tres que seguíamos viaje. Esta fue la primera vez que salí del país… Una experiencia divertida, si tenemos en cuenta que salí caminando y que a los 10 pasos ya estaba en Bolivia… y al rato ya estaba de vuelta en la Argentina!
La Quiaca nació bajo el nombre de La Florida, como posta en el camino al Alto Perú, pero recién comenzó a delinearse como “pueblo” en 1772. Luego de varias discusiones sobre dónde terminaba la jurisdicción de Buenos Aires y dónde comenzaba la de Potosí, comenzó a constituirse como población alrededor de 1900. Su fecha de fundación exacta es el 28 de Febrero de 1907.
No tengo mucho más que decir sobre esta parte de mi viaje. Este fue para mí un día de tranquilidad, reencuentro y paseos que no hicieron más que ayudar a que pudiera olvidarme un poco de mi malestar (mi estómago parecía no querer curarse) . Viví un precioso día de sol y nubes, una tarde fresca y descansé todo lo que necesitaba… tal vez hasta un poquito más que eso.
Cenamos en una parrilla. Yo sólo comí un poco de pollo, que como estaba tan salado, no tuve el gusto de disfrutar. Pero a los demás pareció encantarles la gran parrillada!

VACACIONES: DIA 6

21 de Febrero
Humahuaca – Jujuy


No dormí nada bien. Aparentemente las empanadas de la cena me cayeron como piedras, y me intoxiqué… por eso el dolor de cabeza tampoco se me pasó en toda la noche… A mi hermana tampoco le cayeron muy bien, pero estaba mejor que yo. Tanto era así que se me confundieron desayuno y almuerzo: para ambos fue galletitas de agua con dulce de membrillo, acompañadas por un té. Dormí una pequeña siesta después de almorzar.
Más tarde llegaron los chicos desde Purmamarca y se instalaron en la misma casa. Fuimos a pasear por Humahuaca y de paso compramos comida para cocinar. Estuvimos visitando el monumento de la plaza y conociendo un poco de su historia, a través de los niños que por unas monedas o caramelos, insistían en contárnosla. Comparto aquí un poco: el impresionante Monumento a los Héroes de la Independencia se encuentra en la Colina de Santa Bárbara. Se trata de 70 toneladas de bronce trabajado de modo espectacular, en homenaje al Ejército del Norte y sus batallas en la Quebrada. Las imponentes figuras representan al indígena norteño que participó de estos enfrentamientos por la independencia (algunos dicen que Pedro Socompa, otros que Viltipoco…). Lo importante es el trabajo increíble del artesano, y lo impresionante que es visto desde abajo. Al llegar a sus pies, tras escalinatas de piedra anchísimas, donde tiene lugar la feria, se tiene una vista panorámica de la ciudad de Humahuaca. A la izquierda del monumento, hay una pequeña torre de adobe. Es la torre de Santa Bárbara, parte de una capilla jesuita que hoy ya no existe a su lado.
Volvimos a la casa a cocinar. Yo cené arroz con queso, como para ingresar algo más copado a mi estómago. Menos mal que no compartí los fideos con los chicos, porque les quedaron espantosos! Era como un gran engrudo con colorante y fideos… A pesar de que había dormido de a ratos durante todo el día, seguía teniendo ganas de dormir… Acopié un poco de energías para acompañar a mi hermana que tenía ganas de visitar alguna peña, pero las que vimos estaban cerradas, y mientras los chicos seguían caminando y se largaba a llover, las dos volvimos a dormir a la casa… casi corrimos por las escalinatas del monumento cuando empezó a cortarse la luz de toda la ciudad, un ratito y volvía… tétrico!

jueves, marzo 13, 2008

VACACIONES: DIA 5

20 de Febrero
Humahuaca – Jujuy


Alrededor del mediodía partimos desde Tilcara en micro, para llegar a Humahuaca, después de repetir el almuerzo de los sandwiches de lomito. Sólo fuimos mi hermana y yo aquel día a Humahuaca, ya que los chicos habían decidido volver a pasar un día más en Purmamarca.
Esta ciudad cuyo nombre deriva de los indígenas que habitaron toda la zona de la Quebrada, está situada a 2.940 metros sobre el nivel del mar. Su población local resistió la conquista española hasta el siglo XVI. Hoy todavía es una ciudad de aspecto colonial, con enormes faroles que iluminan las empedradas calles. Su estructura no llega a ser del todo prolija como otras ciudades, las manzanas son irregulares, pero eso le da un toque rústico que la hace única. Quien dice que no es hermosa es porque no la conoce bien, o se ha dejado avasallar por su amplitud en lugar de disfrutar su tranquilidad y humildad.
Una vez llegadas, caminamos un poco hasta que encontramos un local de artesanías que promocionaba hospedaje con un cartel en la puerta. Preguntamos y un pequeño niño nos condujo a la casa, muy bonita y económica, con varias camas, a 2 cuadras de la terminal y a 2 del monumento. Nos instalamos, charlamos un poco con quienes ya estaban ahí parando. Al rato nos encontramos con unos chicos que habíamos cruzado en Purmamarca, y junto con algunos recién conocidos en la casa, partimos a una excursión llamada Peña Blanca.
Podría decirse que la excursión así llamada, fue un paseo frustrado, al menos para mi hermana, uno de los chicos y yo… No nos perdimos, pero terminamos caminando por otro lado, rodeando la gran Peña Blanca a la que había que subir (en caminata de aproximados 3km) y ver alguna que otra construcción omaguaca… De todos modos, terminamos yendo por detrás de la Peña y subimos hasta un lugar desde donde también podía verse Humahuaca completa de un lado, montañas quebradas del otro… Hermosísimo! Al regreso a la ciudad nos fuimos encontrando con todos otra vez, nos abrigamos un poco e hicimos plaza, con mate, grisines y perros, entre ellos uno que daba un espectáculo jugando con la comida antes de comerla! Después de un rato de sociales en la casa, fuimos a cenar, con uno de los chicos de Purmamarca y su amigo suizo, a un restaurant cerquita en el que a los chicos que volanteaban en la calle, les daban una empanada si los clientes presentaban el volante al hacer el pedido. Minutos después de estar comiendo, empezó a llover y nos fuimos… Para mí fue una especie de alivio, ya que me había empezado a doler la cabeza, tal vez de todo el sol y el calor del día… A dormir!