viernes, noviembre 03, 2006
Tensiones de estudio y examen (parte 1)
Primero y principal, debo aclarar que tras cuatro largos y tediosos años de carrera universitaria "casi" completa (con el trabajo final pendiente, a cambio del título, por supuesto), hacía dos que no me hallaba en situación de estudio de nada. Y uno se oxida...
Teniendo en cuenta que el entrenamiento comienza aproximadamente a la tierna edad de 5 años, y asumiendo no haberme tomado ningún año sabático, mi cuenta da un total de 17 años ininterrumpidos (bue, salvo por los 3 meses de vacaciones) de letras, números, libros, apuntes, lápices negros, papel glacé y resaltadores, entre otras cosas. Llegué a pensar que nunca perdería el hábito y la facilidad para absorber conocimientos... pero no era así! Se va volviendo complicado, y más cuando uno tiende a ocupar su tiempo en otras cosas mucho más placenteras...
Y bien, aquí estoy nuevamente, frente a un piloncito de fotocopias nuevas que me traje en la mochila al trabajo, con la firme intención de leerlas y que aún descansan sobre el escritorio sin haberse tocado. Hoy faltan 14 días para rendir la primera parte del examen... y puedo decir que todavía estoy tranquila. 14 días son bastante tiempo... o no? Ah... NOO??!!?!? Hace medio mes dije: "A partir de hoy estudio mínimo una hora por día de lunes a viernes, y los fines de semana, cuatro horas mínimo!" La semana pasada me lo volví a repetir. Esta semana ya no dije más nada... para no auto-decepcionarme.
Por suerte, en lo que va del día algo he adelantado... unas líneas celestes, otras amarillas, otras verdes... y pareciera que todo ha sido leído y comprendido! Cuando llegue a casa esta noche, seguiré un poco con eso, recibiré el pedido del supermercado, acomodaré todo y volveré a las fotocopias. Veremos mañana!
miércoles, octubre 11, 2006
Bajo la tierra...
La combinación de líneas subterráneas merece cierto comentario aparte, ya que por lo general, cuando uno necesita llegar a otro punto con una línea diferente, termina caminando más que si se hubiera tomado un colectivo, por los interminables reductos plagados de escaleras y pasillos... que, por suerte, nos conducirán correctamente hacia la línea adecuada. Ahora bien, cómo encontrar la salida exacta a la calle y altura que buscamos... ¡eso es otra cosa! Si tienen una brújula a mano, en la cartera de la dama o en el bolsillo del caballero, quizás puedan orientarse mejor que yo.
Ya comenté anteriormente los trastornos típicos del colectivo, algunos de los cuales serán compartidos por el subte... Pero lo que es especialmente particular es la disposición de los asientos. Bien puedo confundirme y que se trate solamente de una cuestión de altura, pero resulta que los asientos enfrentados al resto del espacio del vagón, en el caso en que viaje sentada, dejan mi cara precisamente a la altura de las entrepiernas... bonito viaje si es hora pico!! ¿Cómo me levanto de mi asiento? ¿Y de dónde me agarro para ponerme en pie? Todas preguntas sin respuesta...
Bien, las horas pico... sí, otra cuestión importante. Breve descripción: gente sentada, gente de pie tomada de pasamanos, gente de pie tomada de otra gente, gente aplastada que no se toma de ningún lado, gente que aparentemente levita... y por supuesto... los desesperados por salir y los desesperados por entrar: un violento segundo en un duelo de miradas a través de las puertas que se abrirán de un momento a otro y nos enfrentarán cara a cara, cuerpo a cuerpo... en la lucha. Cruel... y mucha...
Tomemos estos dos medios comentados como casos, tal vez ya haya dicho suficiente sobre ellos, en lo que a mi experiencia respecta... Pero de todos modos, están invitados a opinar y agregar sus propias vivencias al humilde relato que he hecho hasta aquí.
Se agradece su atención!
miércoles, agosto 09, 2006
El colectivo...
Por suerte, vivo en un área súper metropolitana y casi todas las líneas que necesito tienen parada cerca de casa. Todos los días camino apenas una cuadra para tomarme el que me deja también a pocos pasos de mi lugar de trabajo. Llego a la parada y normalmente ya hay una o dos personas esperando, hace rato, el colectivo que demorará otro rato en vislumbrarse a lo lejos. Los preparativos: me saco los guantes de pleno invierno, busco las monedas e intento sostener todo lo demás en un solo brazo. El otro me lo guardo para levantarlo en el momento mismo en que llego a distinguir el número correspondiente en el cartel. Por razones obvias, si el que viene no tiene la máquina averiada, es demasiado pedir que llegue con lugar... Puedo considerarme afortunada si puedo viajar apoyando ambos pies en el piso!
En fin, subo igual puesto que es mi deber llegar al trabajo, e intento evitar la puerta que ojalá se cerrara a mis espaldas y no sobre ellas... Y justo hoy se me ocurre viajar con esos paraguas que no entran en una cartera, ni mochila, ni bolso! A duras penas me arrojo con todo el peso posible sobre la máquina de los boletos (sólo para no caerme) y luego del "ochenta, por favor", me sumo en la compleja tarea de comprar mi pasaje sin perder ninguna de mis pequeñas moneditas (ahora, ¿por qué razón no las harán un poquito más grandes?). A estas alturas ya comienza el contacto físico, con quienes subieron antes e insisten en permanecer frente a la máquina expendedora o, en su defecto, con aquellos que han subido a los apurones detrás de mí...
Ya puedo acomodarme tranquila entre la gente, como una pieza de rompecabezas. Cuesta, pero al fin lo logro y termino por ubicarme, cómodamente, entre el codo de un señor y un pasamanos. Por supuesto, la gente sigue entrando y nadie baja... Con mucha paciencia me voy desplazando hacia atrás, intentando -sin demasiado éxito- no golpear los talones de nadie con el paraguas, a la par que cuido mi mochila de tentaciones ajenas... Ni qué decir si se me ocurriera escuchar música!
Mientras el viaje transcurre, casi siempre se dan situaciones que muchas veces hacen más llevadera la carga del tiempo que debemos pasar allí adentro... Incluso, quizás tras algunos años de vivir estas experiencias, pueden identificarse algunos personajes característicos. Veamos algunos ejemplos...
- Los claustrofóbicos de siempre: no suelen ser capaces de viajar tranquilamente si se dan cuenta que todas las ventanillas están cerradas. Claro que, no cuentan con que existan personas completamente distintas a ellos, que no toleran viajar si alguna de tooooodas las ventanillas produce un "chiflete" que acaso mueva alguno de sus cabellos en dirección equivocada. Establecidas estas diferencias podemos deducir las situaciones que se dan entre ambos personajes (si es que no han vivido alguna...)
- Los que confunden dimensiones espaciales: generalmente se trata de aquellos que no son conscientes del espacio que ocupan, ya sea porque creen que ocupan menos o porque están convencidos de que son seres inmateriales!!! (sí, sí, hay de este tipo también...). Consecuentemente, viajar acompañado de este tipo de personas puede resultar una aventura físicamente riesgosa.
- Los fóbicos del movimiento: para ellos sería ideal la teletransportación, ya que no se encuentran para nada a gusto en ningún medio de transporte, ni de pie, ni sentados... Suelen identificarse a partir de actitudes como la de tomarse de todos los pasamanos y asientos disponibles sin importar que estén ocupados por otras manos, y /o no levantar el trasero del asiento aunque deban dejar pasar a quien tuvo la mala suerte de sentarse al lado. Gente de edad perteneciente a este grupo, suelen viajar tomados de codos u hombros ajenos también, previa autorización de su dueño, probablemente derivada de una violenta frenada.
- Los que se comunican por señas: por motivos que aún ignoro, no emiten palabra durante el trayecto y cuando quieren ceder un asiento, levantarse, pasar o bajar del colectivo, lo expresan a través de miradas inquisitivas o movimientos de las manos. El contenido de sus mensajes es siempre dudoso y siempre concluye hablando el otro, quien frecuentemente se expresa a gritos, compensando tanto silencio.
Seguramente conozcan algunos tipos más de estos individuos, pero creo que los ejemplos mencionados sirven para ilustrar simplemente la experiencia, sobre todo para aquellos que no viajan en este medio o han dejado de hacerlo hace tiempo.
martes, julio 18, 2006
Permiso, por favor! Perdón! Gracias!
Este tipo de vivencias -nada sanas, por cierto- pueden comenzar a manifestarse a una edad muy temprana o incluso cuando hemos llegado a una madurez suficiente como para empezar a analizarlo. De cualquier modo, el caso es que cualquier día uno puede despertar alrededor de las 7 a.m. y rutinariamente tomarse un colectivo... o estoicamente enfrentar problemas técnicos, una inesperada suba de peso, o tiempo de sobra y decidir: "Hoy, dejo el auto en la cochera!" (Bieen! Valiente...). En resumen, la odisea tiene origen en ese tipo de decisiones que, aunque debidamente razonadas, nunca son suficientemente satisfactorias y suelen derivar de necesidades que escapan a nuestras posibilidades reales.