miércoles, marzo 31, 2010

DIA 8: Segundo día en Tilcara

Por alguna razón dormimos casi 12 horas (será que las necesitábamos). Me levanté sintiéndome mucho mejor. Ese día era el Festival del Durazno y la Humita en Juella, un minúsculo pueblo a 8km de Tilcara. Desayunamos en el hostel y salimos a averiguar cómo podíamos ir… Se suponía que medio Tilcara iba a ir, pero como salimos temprano, no había nadie yendo. Desde la terminal iban a salir algunos micros pero cuando fuimos todavía no sabían el horario. Así que preparamos algunas cosas y fuimos a la plaza a esperar las camionetas o remises que se suponía salían desde allá. Una de las camionetas ya había salido a las 10.20 y la siguiente salía a las 11. Esperamos y esperamos hasta esa hora pero pasaban los minutos y no venía la dichosa camioneta. Justo escuchamos que pasó un señor juntando gente para un remis a Juella, y una señora al lado nuestro le dijo que sí, así que ahí nos unimos.
Mientras llegábamos a Juella, los pasajeros (locales) nos contaban las atrocidades sobre la minería química y la explotación de uranio que quieren hacer en los cerros que nos señalaban por la ventanilla. Sumamente triste, sobre todo porque son pocas las voces… Espero que se vayan sumando más y más, antes de que sea tarde y nuestros nietos y bisnietos se queden sin esa maravillosa vista de cerros de colores.
Llegamos a Juella y por un caminito de tierra nos dirigimos al galpón donde se daba la fiesta. Afuera había puestos de comida (asado de cordero, tamales, “salchi-papas”, y duraznos y humitas, por supuesto!). Llegamos justo cuando todo comenzaba: izaban la bandera y luego cantamos el himno, en su versión de música con instrumentos norteños… y compartir ese momento con los dueños de casa fue inigualable, se me puso la piel de gallina. Allí estábamos, cantando todos juntos el himno nacional como en un acto escolar, mirando la bandera que nos une a pesar de las diferencias, en un pueblito mínimo rodeado de cerros de colores y perdido entre los cerros de la Quebrada de Humahuaca. No tiene precio…
Nosotros habíamos llevado sándwiches pero también compramos unas humitas para probarlas. Íbamos a ser los más idiotas si en la fiesta en su honor, no probábamos una!! Estaban deliciosas! Entramos al galpón, buscamos lugar en un tablón y comimos ahí. Los duraznos los probó mi novio… Toda la tarde pasaron copleros y copleras, bandas musicales y se armaba baile cada dos por tres. Incluso bailamos un poco, hasta que estuvimos agotados. Un rato antes de las 8 de la noche, casi cuando terminaba el espectáculo de músicos, nos volvimos para Tilcara. Pero el baile arrancaba a las 10 de la noche, aunque ya no teníamos fuerzas para regresar. Encontramos un remis en la entrada del predio, con más gente que volvía a Tilcara.
Cenamos en un restaurant en Tilcara, muy elegante y en medio de una galería de compras, esperando que pudieran cobrarnos con tarjeta de crédito. Pero el lector dio error y tuvimos que pagar en efectivo, sin opción. Apenas pude cenar una pechuga de pollo a la plancha… el estómago seguía sensible.Más tarde volvimos al hostel, jugamos a las cartas, cocinamos una pizza para el día siguiente, de nuevo jugamos a las cartas y enseguida se hizo la 1 de la madrugada. Nos fuimos a dormir, o al menos eso intentamos. Había tantos mosquitos que cuando nuestras compañeras de cuarto (3 chicas que habían llegado ese día) volvieron a las 5 a.m., nos encontraron despabilados buscando los molestos bichos. Por suerte, las chicas nos prestaron repelente, nos embadurnamos todos y pudimos dormir.

martes, marzo 30, 2010

DIA 7: Tilcara

Nos levantamos temprano. Yo desayuné solamente un té de manzanilla, los días de calor que pasamos, las caminatas al sol, me afectaron un poco el estómago. Durante el resto de la mañana, sólo me mantuve en pie con agua mineral. Preparamos todas nuestras cosas, dejamos las mochilas en el patio del hostal y salimos a caminar.
Subimos al cementerio de Humahuaca, a ver la tumba de Vilca. También ahí pudimos ver la de Edmundo Zaldívar, el creador del carnavalito “El Humahuaqueño”. Después bajamos y compramos un par de cosas básicas, caminamos un poco más y volvimos al hostal. Al llegar el mediodía comimos lo mismo de la noche anterior e hicimos algo de tiempo en el patio del hostal. Finalmente fuimos a sentarnos en la plaza frente a la terminal, a esperar nuestro micro de las 14.
Después de una horita de viaje, estábamos en Tilcara. El sol y el calor se sumaban a mi malestar. No quisimos caminar mucho, así que averiguamos por hospedajes económicos en la Dirección de Turismo. Terminamos en el hostel Tilcara. Más tarde recorrimos averiguando otros hospedajes, en La Albahaca (recomendado por La Churita) no tenían lugar, y la cocina era una cajita de zapatos. Pero visitamos un departamento enorme que tenían arriba, hasta con terraza! De todos modos, ya estaba alquilado y era más caro. También averiguamos en La Rosa, para la tercera noche en Tilcara (en el hostel habíamos pagado dos), pues ahí tenían una habitación sólo para nosotros.
Volvimos al hostel y descansamos un poco. Después de un rato me sentí bastante mal y esa noche no cené, directamente me fui a dormir después de unos paños fríos en la frente. A las 9 ya me quedaba dormida…

DIA 6: Tarde en Uquía

Me desperté con una alergia que me acompañó durante medio día. Apenas nos levantamos y vimos el termo lleno de café que había dejado Olga en la cocina, fuimos a comprar la cena de esa noche y el desayuno: leche, pan y manteca. Después de desayunar, emprendimos camino a la excursión de Peña Blanca. Imposible parar de estornudar, tenía la nariz como un tomate al llegar al pie de la peña. Un perro peludo que nos siguió desde el puente, nos hizo de guía. Subimos a la Peña, tomamos una merienda de bananas y agua, que compartimos con el perro (además de darle también unos biscochos que nos habían quedado del día anterior) en premio por su esfuerzo y por el calor que hacía, pobrecito. A pesar de la vista increíble que se tiene de Humahuaca desde allá, no estuvimos mucho tiempo porque el sol estaba insoportable y el calor nos estaba asando el cerebro.
Almorzamos el revuelto de papa, huevo y salchicha en el hostal e hicimos una breve siesta. Antes de las 3 de la tarde nos fuimos a averiguar cómo podíamos visitar el pueblo de Uquía (a 10 km de Humahuaca). Salían camionetas de la terminal pero finalmente pagamos un pasaje (o fracción de pasaje, mejor dicho). En 10 minutos estábamos bajando en Uquía. No demoramos más de 1 hora y media en recorrer todo el pueblito, mirar las artesanías en los dos puestitos de feria, y entrar en su iglesia. La iglesia fue lo más lindo, es pequeña y simple pero alberga un hermosísimo altar tallado en madera y con una cubierta dorada e impresionantes pinturas cuzqueñas de la época colonial, restauradas: los Arcángeles Arcabuceros.
Al regreso agarramos justo un colectivo que nos dejaba en Humahuaca y apenas llegamos fuimos a tomar un café con leche con biscochos, manteca y mermelada en el cafecito “Ser Andino”. Volvimos al hostal y nos fuimos al patio a jugar a las cartas. Olga estaba con la puerta de su casa abierta (vive ahí, pero en un departamentito separado del resto de los lugares comunes) y puso música de nuestro queridísimo Ricardo Vilca (importante músico humahuaqueño que tuve la oportunidad de conocer personalmente meses antes de su muerte en 2007…). Le preguntamos por él, si lo conocía… y comenzó a contarnos montones de cosas sobre él, cuando era chico, cuando empezó a enseñar música, cuando iba a su casa a enseñarle al marido de Olga a tocar la guitarra, etc. Nos compartió sus hermosos recuerdos sobre una gran persona, humilde, inteligente y excelente músico… Salimos a comprar un vino para la cena y a llamar a nuestros familiares. A la vuelta cocinamos unos fideos con crema y pollo. Nos quedamos hablando bastante con un viajero francés y con una pareja de porteños como nosotros. Un poco más tarde nos fuimos a preparar las cosas para el día siguiente y a dormir.

DIA 5: Humahuaca otra vez

Nos levantamos apenas pasadas las 9, preparamos nuestras cosas y salimos. Nos fuimos a comprar unas galletitas para acompañar el mate que, por supuesto, tomaríamos en nuestra queridísima plaza, mientras admirábamos los cóndores que ya volaban por allá en las alturas. Pasaron las horas… Le dejamos el equipaje a la dueña del hospedaje donde nos habíamos quedado, en su almacén que quedaba ahí al lado. Compramos nuevamente fiambre y pan, para otros sándwiches riquísimos en la plaza, para después ir hasta el puente, a esperar la salida de nuestro micro hacia Humahuaca a las 13.45.
El viaje de vuelta a Humahuaca resultó larguísimo, mucho solo y mucho calor. Traté de dormir un poco, pero lo logré apenas un rato. Llegamos y buscamos un nuevo hospedaje, porque no íbamos a volver a Río Grande después de aquella noche mala… Nos hospedamos en La Churita, en la calle Buenos Aires. Olga, la señora que lo maneja, nos compró con su modo de ser… es como una abuela. El hospedaje estaba hermoso, todo adornado con motivos norteños, con una cocina comunitaria bien grande, completa y cómoda para usar en el momento que se necesite… y teníamos una habitación preciosa y grande con baño privado, con aroma a recién limpio cada vez que entrábamos. Un placer.
Nos dimos una ducha eterna e histórica… Dejamos nuestras cosas y salimos a la feria y a los locales de artesanías, para comprar recuerdos, encargos, regalos para nosotros… Compramos de todo y llenos de bolsas volvimos al hostal para salir de nuevo pero esta vez a comprar comida para esa noche. Cenamos salchichas con ensalada de papa y huevo. Para el mediodía siguiente nos quedó un buen resto para hacernos un revuelto.
Medio abombada por el calor del día y con la cabeza fatal, nos fuimos a dormir…

DIA 4: segundo día en Iruya

Esa madrugada llovió, y durante bastante tiempo, según recuerdo. A las 8 ya no llovía, pero el clima estaba muy húmedo y algo frío también. Nos levantamos a las 10 y desayunamos en el comedor “Tu Sabor”, a una cuadra, unas riquísimas tostadas y café con leche.
Después del desayuno, paseamos por Iruya, estuvimos un rato largo en la plaza detrás de la Iglesia. Los nenes de la escuela estaban en clase de gimnasia. Se acercaba el mediodía y fuimos a buscar un almacén donde comprar fiambre y pan. Con el pan casero nos hicimos un sándwich gigante de mortadela y queso, que dividimos en dos. Almorzamos en la plaza y después de comer paseamos un poco más, visitamos la Iglesia y nos volvimos al hospedaje a dormir una siesta.
A la tarde preparamos unos mates y nos fuimos a la plazoleta al lado de la iglesia, donde unos perros acompañaron nuestra merienda con biscochos. Cuando terminamos los mates, subimos la calle Belgrano hasta arriba, bajamos y fuimos a ver el río Milmahuasi, del otro lado del pueblito. Justo ahí, donde hay unos corrales con chanchos, comienza el camino para ir a San Isidro. Dimos media vuelta, compramos una coca y chocolates y volvimos por tercera vez en el día a la plaza. Ahí nos pusimos a jugar con unos chicos que se nos acercaron y quisieron sacar fotos con nuestra cámara. También estuvimos un buen rato entretenidos en sacarles fotos a los ocho cóndores que sobrevolaban en la montaña en frente de la plaza. Hermoso!!
Se hicieron las 7 de la tarde, los chicos volvieron a sus casas y nosotros al hospedaje. Jugamos un poco a las cartas, fuimos a comprar los pasajes para volver a Humahuaca al día siguiente, y más tarde volvimos al Comedor de Tina, donde esta vez cenamos una sopita de quinoa como entrada, pastel de choclo y carbonada con queso de cabra. Una vez más, delicioso! Otro juego de cartas y a dormir.

DIA 3: Iruya

Después de una pésima noche gracias al encierro de la habitación sin ventanas, las alergias de ambos, un par de mosquitos ensañados con zumbarme en la oreja y un colchón que nos destruyó la columna… gracias al cielo salimos a la calle.
Se veía con más vida Humahuaca un lunes… Compramos queso de cabra en el mercado y fuimos a la plaza frente a la terminal a desayunar unos mates y galleta con queso de cabra. Delicioso desayuno. Mientras tanto, esperábamos la hora de partir a Iruya. Después de haber usado la lima del alicate para cortar el queso, decidimos que era muy trabajoso y fuimos a comprar un cuchillo, además de otras cositas de necesidad básica. Por último, tras esperar que el ferretero se levantara y abriera su ferretería, conseguimos un adaptador para el cargador de batería de la cámara.
Alrededor de las 11 ya estábamos en camino hacia Iruya. Al rato de comenzar el viaje hicimos una parada en el pueblo de Iturbe, a unos 40 km de Iruya. Los paisajes del camino eran increíbles, sacamos pilas de fotos. Sentí un leve dolor de cabeza seguramente por la altura (por el camino se pasa por Abra del Cóndor a 4000 msnm), pero masqué un poco de hojas de coca y se me pasó enseguida.
Las 3 horas de viaje se nos pasaron volando. El colectivo nos dejó en una bajada del camino, a 2 km del pueblo. Algunas camionetas llevaban gente por algunos pesos, pero nosotros preferimos caminar y disfrutar del paisaje a nuestro propio ritmo, aunque tuviéramos las mochilas. Casi media hora después, llegábamos al pueblo, subiendo la cuesta que es su entrada. Ahí una chica nos ofreció hospedaje – Hospedaje Jazmín, a 2 cuadras de la Iglesia - y nos llevó a conocer la habitación. Nos gustó, estaba todo super nuevo, y decidimos quedarnos ahí.
Dejamos todas nuestras cosas yo nos dimos una ducha reparadora... No tan reparadora para mí, porque como salía apenas un hilo de agua caliente de la ducha eléctrica, me lavé el pelo con agua helada en el patio. Se me congeló el cerebro por unos momentos… Salimos a recorrer un poco. Después de la noche de mal dormir y lo empinado de las calles de Iruya, se me hacía difícil pasear sin agitarme. Al rato, volvimos a nuestra habitación y nos tiramos un rato a descansar. Alrededor de las 8 de la noche, emprendimos la búsqueda de un lugar donde comer… Cenamos en el Comedor de Tina, una señora divina y que cocina como los dioses, que a cada cosa nos decía “gracias”, como si le estuviéramos haciendo favores. Comimos tamales de entrada, tortilla de quinoa con papas andinas y cazuela de cordero, platos que compartimos para probar todo. Unas porciones enormes!!! … Qué bien dormimos esa noche!

DIA 2: Primera noche en Humahuaca

Bien temprano nos levantamos y desayunamos en el hostal a las 8. A eso de las 9.30 estábamos yendo a la terminal, dejando atrás Salta y mi par de zapatillas negras bajo la cama del hostal… :P Después de 4 horas y media de viaje, llegamos a Humahuaca, pasadas las 3 de la tarde. Almorzamos arriba del micro, unos sándwiches que compramos a un vendedor que subió en la parada en San Salvador de Jujuy. Buscamos hospedaje por las calles principales, y elegimos quedarnos en el hostal Rio Grande, sobre la calle Corrientes.
Un rato después, recorrimos un poco Humahuaca. No había nadie por las calles porque era domingo, además porque al sol hacía muchísimo calor. Nos sentamos en la plaza a ver los perros que van buscando gente que les tire un pedazo de pan o algo. En Humahuaca lamentablemente hay muchos perros callejeros…
Antes del anochecer, pasamos por la terminal de ómnibus y compramos nuestros pasajes para ir a Iruya la mañana siguiente. Nos avisaron en la boletería que los micros salían solamente en el horario de las 10.30 y que además nos dejaban a 2km del pueblo. La semana anterior había habido temporal en Iruya y cada vez que eso pasa, se desmoronan los caminos y no se puede cruzar el pequeño río más que a pie, hasta que lo arreglen.Preparamos unos mates y volvimos a salir a caminar. Más tarde nos abrigamos un poco (a la noche baja considerablemente la temperatura) y cenamos unos sándwiches en la sandwichería pegadita al hostal. Dimos una vuelta por ahí y volvimos a nuestra habitación a acomodar nuestro equipaje.

DIA 1: La ciudad de Salta

A las 13.55 nuestro avión aterrizaba en la ciudad de Salta. En el aeropuerto, nos costó un poco conseguir traslado al centro de la ciudad. La fila de espera para los remises era larguísima, las camionetitas de pasajeros, llenas. Caminamos un poco hacia la salida del aeropuerto, hacia la ruta, para tomar algún colectivo. Por suerte, antes de llegar a la ruta, nos hizo señas un taxi que justo entraba al aeropuerto a ver si conseguía pasajeros.
Fuimos en taxi hasta la terminal de ómnibus de Salta, que queda en el centro, así aprovechábamos para comprar los pasajes para ir a Humahuaca el día siguiente. Los compramos y empezamos a caminar buscando hostel o algún hospedaje no muy caro. En el camino cruzamos el enorme parque San Martín y almorzamos en un puestito de comidas, unos sándwiches de milanesa completitos, antes de seguir caminando. Hacía mucho calor y el sol pegaba fuerte, así que tampoco caminamos demasiado. Nos quedamos en Paila, un hostal en las calles Córdoba y Mendoza, a unas cinco cuadras del centro.
Nos dimos una ducha antes de salir a caminar un poco. Llegamos a la Plaza 9 de Julio, la plaza central de la ciudad, pleno centro de Salta. Allí frente a la plaza se encuentra el Museo Arqueológico de Alta Montaña, que visitamos en ese momento, pues sabíamos que se encontraba en exposición alguno de los Niños del Llullaillaco. Ahora que encontraron la manera de exhibirlos sin que sufran daños por la temperatura, bacterias o luz, los turnan cada 6 meses para que la gente los pueda ver. En aquel momento, estaba en exposición el Niño… Recorrimos todo el museo, en el que también se puede ver los objetos que encontraron con los niños. Cuando llegamos a la sala en que podíamos verlo, fue algo realmente impactante, impresionante.
MAAM - Los niños del Llullaillaco: http://maam.culturasalta.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=14&Itemid=18
MAAm – La Ceremonia:
http://maam.culturasalta.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=10&Itemid=13
Al salir del museo, recorrimos la plaza, sacamos las fotos de rigor: el Cabildo, la Catedral. Después fuimos hasta la basílica de San Francisco, también parte del casco histórico de la ciudad, y finalmente al Convento San Bernardo. Agotados (para ser el primer día, ya estaba bien de caminatas), volvimos al hostal con intenciones de descansar un poco. Pero nos ganaron las ganas de tomarnos unos mates, lo preparamos y disfrutamos un ratito en el patio. A eso de las 8 fuimos caminando hasta la calle Balcarce, zona repleta de bares, peñas, boliches. Buscábamos algo folklórico, así que después de pasar por la puerta de cada una para ver qué había, nos decidimos por Aruma (significa “noche” en lengua aymara). Cena y show: comimos unos tamales, humitas y empanadas, acompañando todo con un riquísimo vino. Más tarde postres regionales y cerveza… Todo mientras disfrutábamos de dos espectáculos musicales, con bailarines y todo. Bien "machaditos", volvimos al hostal, apenas pasada la medianoche…

viernes, marzo 12, 2010

Movement

Una piedra en el zapato con gusto,
porque un tropezón no es caída…
Voy por más, mucho más.
Arriba,
un paso en la montaña
no es simplemente un paso más.

lunes, agosto 31, 2009

CHEDDAR: la quesita que llegó después

Cheddar nació el 5 de diciembre de 2008, hija de una gata casera “tamaño de bolsillo” y de un gato birmano. A su madre la hicieron tener una camada antes de castrarla, porque querían que fuera lo más natural para ella (debo admitir que yo opino diferente… pero cada quien con su modo).

Fue la tercera y última de su camada. Sus hermanitos (2 machos) tuvieron por nombre, Fontina y Roquefort, mientras que a ella le tocó Cheddar. Ella era la más pequeñita y la que más luchaba por conseguir mamar. Luego también tuvo que luchar cuando los destetaron, por comer suficiente, ya que los hermanitos no le dejaban nada. Rápidamente dieron en adopción a los otros “quesos”, Fontina y Roquefort, a sus 45 días, y decidieron quedarse con Cheddar, pues la niña de la casa quería un gatito para ella, además de la gata madre.

Sin embargo, ese no era su destino, ya que empezaron a llevarse muy mal las dos gatas, la peque quería jugar con ella todo el tiempo (le habían quitado sus compañeros de juego) y la madre no quería saber nada de eso y se enojaba con ella. Muy a pesar de la pobre niña que quería que se quedara su gatita, en la casa decidieron darla en adopción, pues ya no soportaban las peleas (y creo que tampoco había paciencia suficiente para criar un gatito pequeño) de las gatas. Pero no encontraban quién quisiera adoptar una gatita de 4 meses…

Resulta que en aquella época yo estaba buscando un gatito más, para que fuera compañero de Amón pues él estaba muy solo todo el día y se estaba volviendo extremadamente cargoso cuando yo volvía a casa, a la par que muy travieso pues no tenía a nadie para jugar… Consulté en varios lugares y con bastantes personas hasta que me decidí por buscar una gatita hembra, menor que él en lo posible. Cheddar iba justo con lo que yo buscaba!

Por mi hermana (amiga de la dueña) me enteré que estaba en adopción, así que hablé con la dueña y luego de 15 o 20 días de castrar a Amón, la fuimos a buscar… La dueña tuvo ligeros problemas para atraparla y meterla en nuestro bolso de viaje, pues se escabullía por todos lados. Finalmente estuvo en el bolso y la llevamos en ómnibus hasta casa. Fue casi 1 hora de viaje en la que la pobrecita se la pasó con un lloriqueo afónico cada 10 minutos… Mientras le hablábamos y metíamos la mano para hacerle mimos y que se calmara. Estaba muy asustada, se le notaba en los ojitos y además se había hecho un ovillo en un rincón del bolso…


Llegamos a casa, donde dejamos el bolso cerrado por un rato, mientras Amón le daba vueltas olisqueando… Luego la sacamos y la llevamos al cuarto, donde pasó sus primeros días. Le hicimos muchos mimos esos primeros momentos, pero ella prefirió esconderse. Se ocultó bajo el acolchado de mi cama, sobre el colchón, y ahí se quedó toda la tarde y toda la noche. Ese primer día no salió de allí ni para comer, ni para beber, ni para ir a su caja. Al principio intentamos que saliera, la pusimos cerca de los cuencos y la caja, para que supiera dónde se encontraban… y a los pocos segundos ella volvía a su escondite. Lo comprendimos y no la forzamos a salir más.

A la mañana siguiente, bien tempranito, me despertó un movimiento a mis pies. Era Cheddar que salía, fue a la caja y comió un poquito, también bebió mucha agua. Luego volvió a esconderse en mis pies. Pero ahora ya me quedé tranquila… Ese día más tarde, salió varias veces y finalmente ya no se escondió más y se entretenía haciéndole frente a Amón del otro lado de la puerta…

Los dos se conocieron de a poco, y recién al cabo de un mes se acostumbraron el uno al otro, pues los dos tienen su buen carácter y personalidad bien definida. Se llevan bien, comen del mismo cuenco, duermen en el mismo lugar, y de vez en cuando se lamen entre ellos. También a veces se pelean… pero sé que en el fondo se quieren!

jueves, agosto 27, 2009

AMON: su llegada

Amón nació en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires, alrededor del 25 de Octubre de 2008 (creo que 1 semana después debe haber sido, en realidad…). Yo hacía poco había empezado a buscar un gatito, luego de conversar con mi novio (pues sabíamos que algún día se convertiría en su mascota también). En mayo me había mudado sola y extrañaba la compañía de una mascota (en casa de mi mamá, desde mis 15 tenemos gatos – hubo hasta 3. Hoy queda 1 gato y 1 perro en su casa).

Como tengo unos cuantos espasmos bronquiales y la mayoría de ellos se deben a alergias, decidí buscar un gatito de pelo corto (para que no perdiera tanto pelo), en lo posible atigrado. Con tantos gatitos en la calle, ni se me ocurrió comprar uno, quería darle la oportunidad a alguno que no la tuviera fácil… Así que empezamos a recorrer veterinarias.

En una de esas recorridas, un mediodía vimos un gato de 3 meses color gris plomo, junto con otros gatitos pequeños de pelo más largo. Me había gustado mucho el gris pero a la salida de la oficina, se lo habían llevado. Sin embargo, apenas un par de días después, el 1 de diciembre, mi novio me llamó durante su hora de almuerzo pues había pasado por una veterinaria y había visto 2 gatitos atigrados minúsculos en una jaulita. Les sacó fotos y todo!


Entusiasmadísima, le pedí que averiguara si alguien ya los quería. Nos dijeron que una chica quería uno de ellos, así que esta vez sí, a la salida del trabajo pasamos por ahí para llevarnos uno. Nos parecían muy pequeños pero no teníamos ni idea y nos aseguraron que tenían 45 días, vimos que sabían ir a la cajita sanitaria solos y también comían alimento seco para cachorros, así que no lo pensamos más y abrimos la jaulita. De los dos gatitos, él fue el primero que llegó a la puerta (otra vez, porque había hecho exactamente lo mismo cuando mi novio los había visto al mediodía), a trotecito torpe, a subirse directamente a su mano. Era el elegido…

Fue su primer viaje en transporte público (pero no el último), lo llevamos en el ómnibus escondido bajo mi campera… El muy curioso ni miedo tenía, asomaba su carita para observar todo. Me transpiraban las manos de los nervios y la emoción, así que cuando llegó a casa tenía todo el pelito húmedo! En la veterinaria le habíamos comprado el alimento que comía, para bebés, una caja sanitaria y unas piedritas. Todo lo demás, lo tuvimos que improvisar: la comida y el agua en unos ceniceros de vidrio, su camita esa noche fue una caja de zapatos, acolchada con mis polainas de lana de llama cubiertas por mi camisón. Durmió allí toda la noche. Pero sólo la primera! La noche siguiente durmió sobre mi mano, hecho un bollito igual que en la caja de zapatos. Y a la tercera noche durmió en mi cuello, supongo se habrá acostumbrado a dormir enroscado con su(s) hermanito(s)… Es el día de hoy que aún busca dormir cerca de mi boca o nariz, sobre la almohada (cuando lo dejo, tal vez una siesta…).



Días después de su adopción lo llevamos a que lo viera un médico veterinario, lo revisó todo y por el tamaño de sus dientes nos dijo que seguramente tuviera 35 días como mucho, pero que era imposible que tuviera 45!

Siempre me apasionó la historia y la cultura egipcias, y en cuanto comencé a compartir mi vida con gatitos, también me apasionó el culto que tenían los egipcios por ellos. Por eso fue que había decidido que el gatito llevara un nombre egipcio. Con mi novio leímos esa noche un libro de los que tenía sobre cultura egipcia y nos decidimos por AMON. Ese era el nombre que los egipcios le daban a uno de sus dioses, uno de los principales y que más tarde se asoció con el de Ra (el dios del Sol). Significa “el oculto”, “el eterno” y se asocia con conceptos de aire, el que está en todo lugar y en todo momento.


jueves, mayo 07, 2009

DIA 12: HACIA BUENOS AIRES OTRA VEZ

Nos levantamos con tiempo para dejar todo listo y desayunar tranquilos. No dábamos abasto con la cantidad de comida que tenían en ese lugar… Un mínimo de 5 jugos diferentes, también panes diferentes, masas y tortas dulces, jamón y queso, manteca y mermeladas, etc.

A eso de las 11 ya estábamos afuera esperando la camioneta del transfer que nos llevaría a Rio. Esta vez el viaje no se nos hizo tan largo, pero las vueltas para salir de Angra fueron demasiadas para mi estómago matutino, que en los años que lleva vividos jamás pudo acostumbrarse a los viajes en automóvil… Me bajé en el aeropuerto con una espantosa migraña y un mareo fatal. Lo único que conseguimos fue aspirina (carísima) en una farmacia del aeropuerto.

El aeropuerto de Rio de Janeiro es enorme, pero en comparación con Ezeiza, casi no hay locales para recorrer… Nos pasamos las 2 horas anteriores al vuelo, pasando por los mismos lugares una y otra vez. Almorzamos algo en un restaurante de hamburguesas local, Bob’s Burger, muy rico!

Finalmente pasamos con gran velocidad por el free shop, pues a último momento decidieron adelantar el vuelo, y ya casi habían subido todos los pasajeros. Volamos casi todo el tiempo de noche, el vuelo fue muy tranquilo y lo pasamos mirando por la ventanilla las luces de las ciudades… hasta que vimos las luces de Buenos Aires, y sentimos el alivio de llegar al hogar después de unas hermosas y descansadas vacaciones… y a pesar de las ganas de quedarse a vivir en la isla.

DIA 11: ULTIMO DIA EN BRASIL

Esta vez nos levantamos un poco más temprano, alrededor de las 7. Ya le habíamos avisado a Gabriel que íbamos a desayunar más temprano porque nos íbamos, así que estaba todo preparadito a las 7.30, sólo para nosotros. Por suerte, pudimos tomarnos nuestro tiempo.

Esperamos el Sea Blue en el muelle, pues pasaba por ahí a las 9, subimos y viajamos nuevamente a Angra. Por las ventanillas mirábamos cómo nos alejábamos de la isla. Pronto llegamos a Angra, y como se me había ocurrido dejarme las ojotas puestas en lugar de cambiarlas por zapatillas porque hacía calor, me hice unas hermosas ampollas, caminando hacia la posada.

Fuimos a la misma posada que la vez anterior, sólo que esta vez tuvimos más suerte y nos tocó una habitación más grande, con una cama increíblemente cómoda y un aire acondicionado silencioso! Luego de improvisar unos “colchones” de algodón para mis ampollas, nos tomamos un colectivo hacia el centro de la ciudad.

Recorrimos las callecitas pintorescas de Angra, compramos algunos regalitos más, cosas dulces, bolsas llenas de bombones que nos hicieron pensar en la tonta posibilidad de que nos demoraran en el aeropuerto… Almorzamos en un local que servían comida por peso, bastante económico y con buena variedad de comida, sobre una callecita angosta, muy cerca de la iglesia. También volvimos en colectivo, descansamos un poco, nos dimos una ducha y seguimos descansando mientras mirábamos Animal Planet, que terminó siendo el único canal que pudimos ver y entender en portugués.

Más tarde salimos a cenar y regresamos al Botequim Santa Luzia de la primera noche. Comimos un plato de pollo, longaniza y carne, todo a la plancha, con papas fritas. Obviamente, unas riquísimas cervezas. Volvimos a la posada bien temprano, vimos un poco más de tele y nos dormimos, con la ligera depresión y ansiedad de quien sabe que ya está de regreso…

martes, mayo 05, 2009

DIA 10: LA PLAYA DE LA PALMERA

Una vez más nos levantamos alrededor de las 8, tomamos el desayuno y preparamos nuestras cosas para la excursión del día. En este día hemos tachado la última playa de la lista de playas que queríamos visitar: Aventureiro.

Llegamos al muelle de Araçatiba a eso de las 9.30, donde atracó un barquito pequeño con dos hombres, quienes estuvieron juntando gente hasta más o menos las 10.15. Nosotros tomábamos sol en el muelle, mientras observábamos los peces que venían en cardumen a alimentarse de los moluscos adheridos al fondo del barco. Después de varias idas y vueltas – los argentinos que el día anterior se quejaron porque no salía el paseo a Aventureiro, esta vez no quisieron ir – y después de charlar un rato con el muchacho que nos llevaría de paseo, zarpamos de Araçatiba, una pareja más y nosotros. Un poco más adelante se sumó otra pareja, que embarcó desde el muelle de la Pousada Cruzoé. Ahí mismo, bajo ese pequeño muelle, había un hombre haciendo snorkel que sacó del agua una enorme estrella de mar, para que otro desde el muelle le pudiera sacar fotos. Nuestro “capitán” del barquito – biólogo marino – le daba instrucciones sobre no dejar a la estrella en casi ningún momento fuera del agua, pues mueren en menos de un minuto… Menos mal!

En el camino fueron preguntando en las playas siguientes (Araçatibinha, Itaguaçu y Vermelha), si alguien más quería subir y hacer el paseo… pero nadie subió. De camino a Praia Vermelha nos mostraron un cultivo acuático, repleto de algas, donde viven cerca de 12 tortugas marinas. Tuvimos la suerte de ver unas cuantas de ellas nadando por ahí, bien cerca del barco. Una de ellas era bien grande! También por ese lugar pudimos observar un gavilán que nos pasó volando cerquita. Precioso!!

En Vermelha se bajó uno de nuestros guías, el padre del que quedó, pues ellos vivían allí. Seguimos rumbo, pasando por otras playas. Disfrutamos mucho el viaje, pues mientras las otras parejas viajaban en la parte de atrás, nosotros nos sentamos al sol, justo delante de la cabina, por lo cual nuestro guía hablaba siempre con nosotros. Pasamos por Provetá y Dos Meros (a la que solo se puede llegar por barco, ya que no existe trilha). Exactamente detrás de Provetá, se encontraba nuestra ansiada Aventureiro.

En un momento del viaje, el guía se asoma desde su cabina y le pide a mi novio si no podía mantener un poco el rumbo mientras él iba al baño. Con poca explicación mediante y muchos nervios, se puso al timón. La cara de pánico inicial está registrada en fotos. Por suerte, pronto vio que era fácil (aunque a lo lejos había grandes olas que chocaban contra las piedras) y el guía regresó a su puesto en breves minutos. Toda una experiencia!

Lentamente nos fuimos acercando al extremo sur de la isla, a la llamada Ponta do Drago. Cuenta la leyenda que allí vivía un inmenso dragón (especie de iguana grande), que en la época de las conquistas, se dedicaba a escupir fuego sobre las embarcaciones que pasaban por allí, produciendo terribles naufragios. Es pura verdad que en aquellos tiempos hubo muchos naufragios, porque allí se chocan las olas contra la piedra y es mar abierto. Cuando el mar está muy bravo, las olas son gigantescas, además de que por esa zona hay muchas piedras gigantes que no se ven pues el mar las cubre y eso también puede llegar a partir un barco. Gracias a nuestra buena estrella, ese día el mar estaba muy calmo y bajo.

Finalmente dimos la vuelta y entramos a la bahía que contiene las cuatro playas que continúan Aventureiro: Praia do Sul, Praia do Leste y Parnaióca. A la izquierda de todas ellas se encontraba Aventureiro, a la vuelta de una saliente. Momentos después la vimos… Desde lejos intentábamos distinguir la palmera loca que sale en todas las fotos de Internet y en todas las postales, hasta que la descubrimos! Desembarcamos en un muelle medio desvencijado (había que mirar bien dónde uno ponía los pies), y seguimos un caminito entre la mata atlántica – tipo de flora que predomina allí – hasta llegar a la playa.

En mi opinión, esta fue la playa más linda de todas las que vi. Nuestro guía nos contaba que casi siempre estaba repleta de turistas, pero se ve que ese día no quiso ir nadie, tuvimos la suerte de encontrarnos con una playa semidesierta, con apenas un puñado más de turistas que probablemente estuvieran acampando allí. Es una playa enorme, de fina arena blanca, donde se puede encontrar sombra fácilmente entre tanta vegetación.

Luego de sacarnos fotos con la palmera loca (casi me pego el golpe de mi vida entre las piedras… y sí, esa soy yo!), buscamos un lugar para comer algo. Todo lo que era similar a un bar o parador estaba cerrado (tal vez por la menor cantidad de gente en esta parte de la temporada), así que tuvimos que caminar hasta el final de Aventureiro. Allí encontramos el Camping de Luis, un lugar muy grande, un camping muy bien equipado y decorado, con hamacas en varios árboles y repleto de vegetación. Ahí comimos una pequeña porción de pescado frito y otra de papas fritas, que terminamos compartiendo con las moscas que evidentemente estaban tan hambrientas como nosotros. Acompañamos con unas cervezas y luego una guaraná. En el suelo pudimos observar el significado del “trabajo en equipo”, mientras unas veinte pequeñas hormigas se llevaban un gran pedazo de pan frito.

Luego de almorzar fuimos a la playa. Al poco rato empezó a nublarse. Al ser una playa del Sur de la isla, el agua tiene una temperatura mucho más fresca, y como había algo de viento y nada de sol, preferí quedarme en la arena. Mientras mi novio disfrutaba de jugar contra las olas, yo me entretuve sacando montones de fotos, a él y a los cangrejitos que había por todos lados. Vimos un pez moribundo en la orilla, al que intentamos salvar antes de que dejara de respirar completamente, pero el pobrecito estaba ya muy débil y no nadaba, por lo que el agua lo volvía a dejar en la arena… Sobrevolaban las garzas y los albatros, queriendo pescar. Estuvimos ahí hasta aproximadamente las 3 de la tarde, cuando ya las nubes no dejaban pasar ni una gota de sol. Todos fuimos enfilando hacia el muelle.

El regreso fue mucho más relajado, tal vez por influencia de unas cuantas horas en ese lugar paradisíaco. Cuando faltaba poco para llegar a Araçatiba, tuvimos que pasarnos a la parte trasera del barquito, pues se había largado a llover. En Vermelha volvieron a hacer el cambio, nos despedimos del hijo y su padre nos llevó hasta la Praia Grande de Araçatiba. Llegamos y llovía mucho más, así que me despedí del mar (era nuestro último día allí) mojando los pies en el agua cálida. Mientras tanto, el barquito del paseo se alejaba, con unos niños tomados de una soga del barco (cual colita rutera) que luego se soltaban y nadaban otra vez hasta el muelle, muertos de risa.

Subíamos el caminito hasta la posada, cuando comenzó a diluviar. Entramos a pedir nuestra llave, completamente empapados y Gabriel nos dijo que esa noche nos prepararía Strogonoff de Lula para la cena. Subimos, nos duchamos, nos recostamos a descansar un ratito y de repente… se cortó la luz en todo Araçatiba. Como estábamos en pleno descanso no nos importó demasiado, pero luego teníamos que bajar a cenar, así que mi novio fue a pedirle a Gabriel unas velas. Justo cuando estábamos por encender una, volvió la luz! Nuestra última cena en la isla fue tremenda, el strogonoff de calamar estaba fatal de delicioso! Le dijimos la verdad: había sido lo mejor que habíamos comido en la isla. Más tarde, después de mirar algunas fotos en nuestra cámara, nos quedamos un rato disfrutando el mar de noche. Luego salimos a comprar los helados de coco más caros de nuestras vidas, y subimos al cuarto a preparar nuestro equipaje.

DIA 9: EN KAYAK

Nos levantamos más o menos a la hora del día anterior y bajamos a desayunar. Intentamos comer más levemente esta vez, pero no pudimos resistirnos a los huevos revueltos!

Íbamos a salir con Leonardo (el hijo de Gabriel) hacia Lagoa Verde, pero hablando con una pareja de brasileros que también desayunaban ahí, supimos que estaba por salir un paseo en barco, desde el muelle, a las 9.30 y era muy probable que fuera a Aventureiro. Entonces, le avisamos a Gabriel, preparamos nuestras cosas y fuimos a averiguar al muelle a la hora indicada. Sin embargo, como allí todo era tan impredecible, la excursión no era hacia Aventureiro al final, sino a Abraão, Lagoa Azul y Saco de Ceu. Como todos esos lugares ya los conocíamos, dimos media vuelta…

Todavía era temprano como para pensar otra cosa, y nuestros amigos del desayuno ya nos habían dado una muy buena idea: ir en kayak hasta Lagoa Verde. Tony Montana alquilaba unas plásticas, tanto individuales como dobles, que ellos habían usado el día anterior. Nos acercamos y por R$ 30 conseguimos una doble. No llevamos casi nada pues todo lo que lleváramos se iba a empapar, así que dejamos allí también nuestras ojotas, nos pusimos unos chalecos salvavidas (ambos sabemos nadar, pero por las dudas), arrastramos el kayak hasta el agua y subimos, no sin alguna dificultad. Fue complicado coordinar al principio, pero enseguida le tomamos la mano.

La corriente nos hacía girar un poco y perder el rumbo, yo me moría de risa cada vez que había que retomar. Remando y remando llegamos a Lagoa Verde en aproximados 40 minutos, mientras comenzaban a caer algunas gotas de lluvia. En apenas 2 minutos (o menos), entre que bajé del kayak y mi novio intentaba encallarla entre las piedras (casi no hay arena), me pinché los pies con casi todas las piedras del fondo, me caí y me raspé la mano y los talones. Por ahí al lado nuestro había un matrimonio con sus niños… deben haber creído que yo estaba alcoholizada!
Finalmente nadamos un poco con los peces de diferentes colores que había allí. Había apenas algunas otras personas mergulhando cerca. Pronto llovía un poco más, y empezamos a tener fresco así que subimos nuevamente al kayak, pegando la vuelta. Durante la media hora que demoramos en regresar, no paró de llover, aunque era sólo una llovizna. Llegamos pronto a la playa, devolvimos las cosas, buscamos nuestras ojotas y volvimos a la posada.

Nos secamos un poco, descansamos otro poco y luego salimos a almorzar. Elegimos el restaurante de Encanto da Ilha (un lugar decorado casi todo con hojas secas, y con adornos naturales, bien rústico) y pedimos un delicioso risotto de camarón, servido en una hoja. Luego de almorzar pedimos un jugo de maracujá y lo tomamos mientras mirábamos el mar.

Una vez que nos fuimos de allí, pasamos por lo de Tony Montana, pues ahí habíamos visto que vendían remeras. Mi novio compró una para él con el mapa de la isla, pero en mi talle no tenían, así que volvimos para el otro lado. Nos sacamos unas cuantas fotos en la playa y regresamos a la posada y merendar algo. Comimos unos snacks y tomamos una guaraná. Vimos las remeras que tenía ahí Gabriel y, después de revolver entre las remeras fuera de la bolsa y los talles mezclados, por suerte encontré una de mi talle que me encantó, con una tortuga marina!

Después subimos al cuarto, nos duchamos y después de un rato bajamos a cenar. Esta vez, Gabriel nos había preparado pescado frito con papas fritas, ensalada, arroz y feijão, todo lo cual acompañamos con unas frescas cervezas. Después de cenar fuimos al bar de Mar de Araçatiba, donde había como 15 argentinos… En una mesita con vela, sobre la arena y frente al mar tomamos unas caipirinhas, intentando abstraernos del castellano. Al ratito empezaron a caer unas gotas de lluvia, por lo que fuimos a la parte del bar bajo techo, nos sentamos ante otra mesa y nos trajeron otra velita. Minutos más tarde estaba diluviando. Cuando terminamos las caipirinhas, compramos un helado Prestigio (de coco) y corrimos a nuestra posada, bajo la lluvia.

miércoles, abril 15, 2009

DIA 8: DIA DE RELAX

Nos levantamos alrededor de las 8.00 y bajamos a desayunar. No tenemos tanta variedad de comida como en Abraão, pero tomar un café con la vista perdida en el mar, digamos que suma unos cuantos puntos. De todos modos, comimos de todo un poco, dulce y salado, como siempre.

Después de algunas averiguaciones, salimos con un pequeño bolso hacia Lagoa Verde, por una trilha poco señalizada y repleta de insectos famélicos. Tan poco señalizada, que a pesar de las claras indicaciones que nos habían dado, no llegamos. En un momento el camino se dividía en 3, seguimos un poco uno de los caminos y terminamos en propiedad privada. Lentamente retomamos el principal, e íbamos a seguir otro de los caminos pero… resulta que no habíamos llevado agua, elemento que se estaba volviendo esencial en aquellos momentos en que el calor nos estaba ahogando. Así que, algo frustrados, pegamos la vuelta. En compensación por el final trunco de nuestro paseo, fuimos recompensados al ver una pequeña ardilla en el camino, que nos vio llegar, y después de unos segundos en que tanto ella como nosotros permanecimos inmóviles y sorprendidos, subió a toda velocidad a los árboles. La seguimos con la vista un poco más, pues no se escondió, sino que desde allá arriba nos miraba curiosa, tal como nosotros a ella.

Apenas llegamos a la playa grande, justo detrás de una enorme roca, vimos que el mar traía un cangrejo bien grande y rojo. Lo vimos caminar unos segundos sobre la arena, y luego volvió a irse con la ola siguiente. Seguimos caminando un poco más y finalmente nos tiramos bajo la sombra de una palmera, frente a lo de Tony Montana. Tomamos una guaraná bien fría, comimos nuestros snacks de cebolla y nos dimos un hermoso chapuzón en el mar.

De camino, paramos una vez más, en Bar da Nena, un lugar muy pintoresco. Tomamos unas cervezas, mientras veíamos que llegaban a Araçatiba unos músicos, que ahí mismo en ese bar, comenzaron a juntar mesas y a consumir grandes cantidades de alcohol.

Al final volvimos a nuestra posada, donde comentamos con el dueño, cómo nos habíamos perdido. Mientras almorzábamos unas papas fritas con rabas, Gabriel arreglaba con el hijo, a ver si esa misma tarde nos podía llevar hacia Lagoa Verde. Luego de almorzar y ver cómo el día se iba poniendo nublado, arreglamos con él para salir al día siguiente, por la mañana.

Disfrutamos una siesta y más tarde salimos a caminar por la playa grande. Nos detuvimos en la pousada Encanto da Ilha, en el restaurante. En una mesita frente al mar, tomamos unas cervezas y un delicioso jugo de abacaxi.

Caminando por la playa, en el camino de vuelta a la posada, vimos que estaban armando una pequeña tarima, con bancos y sillas de espaldas al mar. La música que sonaba por unos parlantes indicaba que se trataría de alguna celebración religiosa. Luego de la ducha ordenamos un poco, descansamos otro poco y luego bajamos a cenar.

La cena fue bestial y abundante: pescado a las brasas acompañado de ensalada, arroz, feijão, farofa (harina de mandioca tostada o frita en el mismo aceite de la comida) y un caldo con camarones. Cuando terminamos, no nos podíamos ni mover. Después caminamos un cachito por la playa, pero volvimos enseguida, mientras escuchábamos los efusivos cantos y rezos de la celebración más allá. Casi todos los restaurantes de las posadas estaban cerrados. Volvimos con Gabriel, le compramos unas latas de cerveza y un agua grande, y subimos a disfrutar de nuestro balcón. Mientras hacíamos tiempo esperando digerir un poco antes de acostarnos!

DIA 7: AL OTRO LADO DE LA ISLA

Luego de una noche agitada por las olas imaginarias de los sueños, nos levantamos muy temprano. A las 7.00 ya estábamos saliendo de la posada, con todas nuestras cosas. Compramos agua y unas galletitas, y nos quedamos en el muelle, esperando subir al barco que nos llevaba hasta Angra dos Reis. Con mucho sueño, fue una larga hora y media de viaje, en el que nos sirvieron un sorbito de café negro. Más barco, pero se aguantaba bien.

Llegamos a Angra, después de dar varias vueltas, sin saber dónde encontrar un barco que nos llevara a Araçatiba, volvimos al muelle en el que habíamos desembarcado (el de pescadores). Todos los barcos que iban hasta allí habían salido más temprano, apenas media hora antes de nuestra llegada. Parecía que íbamos a tener que esperar hasta el mediodía para que alguien pudiera alcanzarnos; ya habían pasado 2 horas desde nuestra llegada al continente. Después de tener a todo el muelle de pescadores informado sobre nuestras intenciones de viaje, conseguimos, gracias a un pescador amigo que encontró un barco para nosotros, un pequeño barquito pescador que ya estaba saliendo. Pastel en mano, subimos contentos.

Una hora después, disfrutábamos de nuestra primera vista de Araçatiba. Pagamos nuestro viaje (R$ 20 cada uno) y desembarcamos. Por recomendación de nuestro amigo pescador de Angra, nos hospedamos en la Pousada do Gabriel. Bien simple, sin ningún lujo ni nada parecido, Don Gabriel nos dio un cuarto enorme, con otras dos camitas, y un hermoso balconcito que daba al mar, con hamaca y todo. No tiene frigobar ni lugar donde poner ropa, aunque nosotros usamos las camas y los dos percheros. Nos dio un pequeño ventilador de pie, pero la brisa marina es más que suficiente la mayoría de las veces. La tarifa de R$ 120 nos incluye también el café da manhã y una comida (elegimos la cena).

Ahí mismo en la posada, una vez que desparramamos todas nuestras cosas por el cuarto, bajamos a almorzar unas riquísimas rabas con salsa. Después fuimos caminando hacia Araçatibinha, en una trilha corta y sin esfuerzo. Mientras caminábamos íbamos viendo otras posadas y campings (todos en lugares un poco más incómodos para llegar, mucha pendiente).

Araçatibinha es una pequeña playa de arena gruesa y anaranjada, que apenas tiene un muelle con plantas crecidas en todas partes, y un parador abandonado. Además había una estructura de madera, alguna vez flotante, evidentemente abandonada también. Nos tocó compartir la playa con una mamá y niños que saltaban desde el muelle, y los cangrejitos de siempre que merodeaban por allí. Nos bañamos un rato, el agua es cálida y bastante transparente, una pena que nos tocara un día en que había mucha suciedad (natural, de vegetación) llevada por el mar.


Un poco más tarde volvimos a la posada, dedicamos una hermosa siesta a la tranquilidad que nos rodeaba, nos duchamos y salimos a caminar, esta vez hacia el otro lado. Hicimos nuestra parada en lo de Tony Montana, donde tomamos unas cervezas mirando el mar. Allí había otros turistas argentinos, los primeros que veíamos hasta ese momento. En Araçatiba no hay demasiada gente por el momento, desde lejos se nota que es un lugar donde hay muchísima tranquilidad. Un placer haber venido acá después de Abraão, y no haber hecho al revés.

Volvimos a la posada para la hora de la cena. Nuestro menú: ensalada (lechuga, tomate, pepino, huevo, jamón, etc), pescado frito con papas, arroz y feijão. Muy rico. Mientras, veíamos cómo las lagartijas salían también a cenar, cerca de la luz. Después intercambiamos unas cuantas palabras en portuñol con el dueño y su hijo (que más o menos rondaba nuestra edad). Les compramos un agua para la noche y subimos a nuestro cuarto. Aún no eran las 9.00 pero nosotros estábamos muy cansados de las vueltas y viajes del día… Dormimos acunados por el sonido del mar, algo impagable.

lunes, abril 06, 2009

DIA 6: LICUADORA MARINA

Poco después de las 8 ya estábamos levantados, desayunados y listos para salir. Al lado de nuestra posada alquilamos unas máscaras de snorkel y partimos hacia el muelle, ya que debíamos estar a las 9.30 para saber si salía el paseo “Super Sul” que habíamos contratado en “Agua Viva”. Tuvimos suerte pues era un hermoso día.

A las 10.15 ya pudimos subir a la escuna, antes pasando por otras tres escunas para llegar a la nuestra. Fue el barco más grande en el que hicimos un paseo.

Salimos del muelle. Pasamos por Abraaozinho y encaramos hacia la Ilha Jorge Grego. Tardamos aproximadamente una hora y media en llegar. Pasamos por el Farol da Ponta dos Castelhanos y también vimos una piedra enorme que daban en llamar Pedra da Baléia (por su forma similar a una gran ballena). El barco daba unas grandes sacudidas, justo después de pasar por la piedra de la ballena, pues esa zona es mar abierto (cuando continúa un océano).

Finalmente llegamos a Ilha Jorge Grego, en una parada para mergulhar, sin desembarcar pues no había playa. Luego de luchar contra mi máscara de snorkel, pudimos ver unos cuantos peces de diferente tamaño y colores, y más tarde volvimos a subir al barco.

Otra vez las sacudidas del mar, unos 40 minutos hasta llegar a Dois Rios, una hermosísima playa grande, en la que desembocan dos ríos, uno en cada extremo. La escuna se detuvo cerca de la playa pero antes del rompimiento de las olas. Así es que tuvimos que nadar (ayudados por los “espaguetes” flotadores, quien quisiera) hasta la orilla, un trecho grande aunque no demasiado. Mientras tanto, nuestras cámaras de fotos viajaban en el bote a motor de la escuna, junto con aquellos que no supieran o no quisieran nadar todo eso. Nuestros sandwiches para armar, quedaron en el barco.

Había sido un viaje muy movido y ahora el sol terminaba de freír nuestros cerebros, así que buscamos al menos una leve sombra mientras nos refrescábamos en uno de los ríos. Después de un minúsculo descanso, caminamos casi hasta llegar al otro río.



Pasamos por enfrente del antiguo presidio. Tuvimos la intención de acercarnos pero descalza se me complicó bastante, pues había mucha vegetación espinosa. Dimos media vuelta regresando al punto de encuentro, donde subiríamos a la escuna.

Aquí se juntaban todos, para subir al bote a motor, y finalmente al barco. Pudimos armar nuestros sandwiches y lo comimos a duras penas, largamente zamarreados por las enormes olas. Para quien no estuviera acostumbrado a viajar con tanto movimiento, o a pasarse el día en el agua, la experiencia se estaba haciendo difícil.

Pasaron cerca de 20 minutos, hasta que llegamos a Caxadaço, playa de 15 metros de largo, antiguamente utilizada por piratas para esconderse y aprovisionarse. Apenas uno llega, comprende exactamente por qué razón la utilizaban de este modo: es notable cómo la playa no se ve hasta casi estar entrando en ella. Había también grandes piedras a un costado, donde todos trepaban para sacar fotos. Nosotros mergulhamos un poco, pero de trepar piedras no tuvimos muchas ganas. El sol ya estaba bajando su intensidad, y el agua estaba fresca. Por esto, pronto estuvimos arriba del barco una vez más.

La última parada de nuestra excursión fue sobre un lado de la gran Lopes Mendes, para otro rato de mergulho bajo el cielo que ya comenzaba a nublarse. Nosotros ya teníamos muy pocas ganas, además de que nos había dado un poco de frío, así como otras personas que también quedaron en la escuna por esas razones o porque se sentían mal por el viaje. Pero hubo quienes, emocionados por la probabilidad de ver tortugas marinas, no lo pensaron mucho y saltaron a nadar.

Un hombre de la tripulación del barco, que anteriormente había jurado y perjurado que allí veríamos las esperadas tortugas, se lanzó en búsqueda de alguna, frente a al poco éxito de los pasajeros. Lamentablemente para el pobre animal, encontró una y no tuvo mejor idea que acercarse al barco, tortuga en mano, levantándola en alto como si fuera un trofeo, para que todos pudieran sacarle fotos. A pesar de la emoción de muchos, fue muy triste ver cómo la asustada tortuguita cabeceaba y movía desesperadamente las aletas, intentando volver al agua. Cuando finalmente la soltaron, se alejó de nosotros a gran velocidad. Sinceramente creo que no hay necesidad de molestar de esta forma (o de ninguna otra) a un animal, por el simple hecho de agradar a un grupo de turistas, para que tengan su foto del animalito exótico… Este tipo de actitudes nos aleja cada vez más de la conciencia ecológica que deberíamos tener, si en verdad nos interesara conservar un paraíso como Ilha Grande o cualquier otro. La observación de animales en su hábitat natural, el aprendizaje y el placer obtenido de esto, es perfectamente posible, pero evitando un contacto abusivo que pueda dañar o traumatizarlos de algún modo y conservando el mayor respeto por la naturaleza. Un respeto que durante muchos años, incluso hasta el día de hoy, lamentablemente no resulta fácil de encontrar en todas las personas.

Una vez que estuvimos todos nuevamente arriba de la escuna, pegamos la vuelta hacia Abraão. Esta vez el barco se sacudió todo lo posible, era como viajar en una coctelera o licuadora. Muchas personas se sintieron mal o mareados, ya que la escuna se movía de adelante hacia atrás, de un costado a otro, y no era nada fácil mantener el estómago en su lugar… Durante una hora, aproximadamente, viajamos así. Por suerte no me sentí mal, aunque de todos modos se tornaba molesto viajar tanto tiempo a los sacudones.

Al fin llegamos a Abraão, pisamos tierra firme después de un largo viaje, ya que llegamos a las 18.30. Fuimos directo a darnos una tranquilizadora ducha en la posada, pero antes compramos los pasajes en el mismo puesto “Agua Viva”, para retornar al continente mañana, a Angra dos Reis. De esta manera podríamos visitar el otro poblado que nos interesaba: Araçatiba.
Salimos por Abraão, intentamos hablar por teléfono pero no había conexión con el satélite, y no pudimos. Fuimos a despedirnos de nuestro restaurante preferido, Pizzaria da Praia, y cenamos filet de pollo. Luego paseamos un poco, compramos algunas cosas más. Vimos un caracol enorme y tuvimos que ayudarlo a llegar a las hojas, pues estaba justo en medio del paso de la gente, en plena oscuridad! Estábamos tan mareados por el largo viaje en barco, que sentados inmóviles sentíamos que todo se movía a nuestro alrededor. Por eso nos fuimos a dormir temprano esa noche, ya que al día siguiente nos esperaban más viajes.

DIA 5: CAMINATA A LA ARGENTINA

Esta vez nos levantamos un poco más tarde, a las 8. Para no perder la costumbre, desayunamos comiendo un poco de cada cosa, y más tarde nos preparamos para un día de caminata, llevando algunas provisiones y agua.

Hacia la izquierda de Abraão (izquierda mirando el mar), tomamos el camino que lleva al Circuito de Abraão y más adelante a la Cachoeira da Feticeira (“cascada de la hechicera”). A la entrada de la trilha ya nos moríamos de calor… Un señor que en la entrada juntaba hojas, nos explicó muy amablemente con un dibujo sobre la tierra, cómo tomar el camino hacia la Cachoeira, que aparentemente no era tan fácil como parecía. Creyendo que habíamos entendido algo de lo explicado, partimos.

A los pocos minutos de caminata llegamos a Poção, un bellísimo pozo natural de agua (calculo que procedente de la cascada, o de su misma fuente), en el que bañaban a los esclavos en tiempos antiguos. Ahí nos dimos un reparador chapuzón. El agua estaba helada pero hacía tanto calor que no nos importó.

Seguimos camino hacia el Acueducto. Muy pronto lo encontramos: una gran estructura de piedra, en gran parte cubierto por enredaderas. Digno escenario de cuentos.

A partir de allí, el camino hacia la Cachoeira comenzó a hacerse más difícil, pues había varias subidas que quitaban el aliento, sobre todo por el calor que hacía y la humedad agobiante. Luego de una hora y media de caminata, descubrimos que encontrar la cascada no era tan fácil como pensábamos. Después de una subida de aproximadamente 100 m pero muy empinada y a pleno sol, nos encontramos con dos o tres grupitos de personas (en su mayoría, argentinos) que tampoco daban con el camino correcto, ya que había varios caminos que parecían marcados pero no llevaban a la cascada. Como si eso fuera poco, escuchábamos ruido de agua… Cuando estábamos casi todos a punto de decidir dar media vuelta y tomar el camino a la playa, fuimos “rescatados” por un guía de otro grupo que pasaba por ahí. Muy amablemente nos fue guiando a nosotros también.

Finalmente, media hora después y luego de ser reagrupados como dos veces más por desviarnos del camino (cual ganado vacuno), llegamos a la bendita cascada. Sinceramente, para todo lo que nos había costado llegar hasta allí, no me pareció ni tan imponente ni tan linda… Intenté entrar al agua pero, a pesar del calor, estaba helada y la cantidad de personas que había y de piedras resbalosas en el fondo, me hicieron salir enseguida. Solamente nos refrescamos un poco. Comimos nuestros snacks mirando cómo algunas personas hacían rappel desde arriba de todo, y cómo otras se acercaban al pie donde caía el agua para sacarse alguna foto.

Nos fuimos de allí siguiendo al mismo guía que con su grupo iban hasta la playa Feticeira y luego tomaban un barco hacia Saco de Ceu. Nosotros los seguimos hasta la playa y ahí nos quedamos… esperando algún barquito que saliera hacia Abraão. Se podía volver a pie hasta la villa, pero eso significaba otra hora y 40 minutos más de subidas y bajadas, que no estaba segura de aguantar sin pasarlo mal. En la playita descansamos y nos refrescamos miles de veces en el mar, porque hacía mucho calor. Almorzamos unos sandwiches de atún y de pollo que vendían allí unas personas con sus heladeritas, unas cervezas, y también probamos el refresco helado de açai (frutal con algunos cereales y miel). Muy rico!

Alrededor de las 15.30 salimos de la playa en un barquito y muy pronto llegamos a Abraão. Compramos unos sandwiches en Pães & Cia, que llevamos hasta la posada y comimos allí. Más que deliciosos! Luego ducha y un poco de televisión, mientras afuera caía una lluvia que parecía no querer parar jamás. Vimos el Pájaro Loco en portugués, hasta que llegó la hora de la cena (20.00 hs), nos pusimos nuestros pilotines y salimos a comer. Fuimos a Dom Pepe (el restaurante de la posada del mismo nombre). Comimos una pizza entre los dos, mitad pollo con queso catupiry y la otra mitad con bacon, champignon y ajo. El grosor de la pizza es cercano al de una hoja canson, pero hay que decir a su favor que está condimentada a las mil maravillas, con cantidades generosas de cada ingrediente. Acompañamos con soda y más tarde una caipirinha rica pero a temperatura natural… Matadora.

Nos fuimos a la posada a dormir… Tal vez por el día difícil, me tocó tener una noche entrecortada, y se ve que la pizza no fue suficiente para mi estómago, ya que en plena madrugada tuve que atacar uno de los pancitos de nuestro frigobar.